Hay perfumes que nos recuerdan a personas, objetos que nos hacen volver a momentos o comidas que nos envuelven en la aurora del pasado. Porque comer no es un mero acto de alimentación: es recuerdo, es cariño, es el «te quiero» silencioso de muchas personas.
Un ejemplo de ello es la abuela de Esther Sanz, que durante años formó parte de una saga de pasteleras en Nájera que involucró a casi todas las mujeres de su familia en torno al dulce y al placer de la repostería. Esther es de las pocas que no se dedica a esta tarea de forma directa, pero, a su manera, ha sabido trasladar ese noble arte a las tablas del teatro.

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
Hace unas semanas estrenaba en un pequeño obrador de la capital española A las mujeres de mi familia, una obra que mezcla la tradición de la repostería con la historia de una saga familiar riojana de mujeres valientes, luchadoras y comprometidas con su familia. «Mi abuela no nos decía ‘te quiero’ nunca, pero, sin embargo, nos lo demostraba haciéndonos una bandeja llena de torrijas», explica Esther.
«Esta obra de teatro inmersiva surge como homenaje a una familia de pasteleras de profesión y joteras por diversión», añade. En su casa, el canto de las mujeres era habitual en las comidas familiares hasta que, un día, todo cambió. «Siempre había mucha alegría hasta que mi abuela empezó a perder la voz por una enfermedad degenerativa. Desde entonces, ya nadie cantaba y todos estábamos mucho más tristes», explica, aludiendo a uno de los puntos de partida de la obra.

Todo empezó con el silencio
Desde ese momento, Esther tuvo claro que necesitaba expresar la historia de su familia en una obra de teatro: «Cuando pensé en cómo hacerlo, lo tuve claro. Quería contar esta historia, pero a través de una experiencia inmersiva. Por eso, todas las personas que vienen a ver la obra hacen conmigo un postre típico riojano mientras van asimilando la historia».
La elección de ese postre no podía ser más representativa: el fardelejo. «Cuando pensé en qué podíamos hacer, lo tuve claro. El fardelejo es un postre que hacían mucho en la pastelería, es fácil de elaborar y representa muy bien nuestra tierra», argumenta.
Durante la hora que dura la representación, se interpretan diferentes jotas y canciones populares de La Rioja que se cantaban en el obrador familiar de Nájera y con las que Esther ha crecido: «Las canciones forman parte de la función porque, gracias a ellas, puedo expresar perfectamente las emociones que recuerdo de mi niñez, en mi casa y en la panadería».

La historia transcurre mientras los poco más de veinte espectadores elaboran con sus propias manos el manjar que después podrán degustar: «La gente se emociona bastante porque, a través de los ingredientes, el ritmo y el lugar, se introducen mucho en la historia y llegan hasta el fondo de sus recuerdos y emociones. Al final de la pieza hay ese momento de comernos el dulce todos juntos, y la experiencia es muy bonita porque todos esos ingredientes, vengas de donde vengas, nos hacen volver un poco a nuestra casa», sostiene.
Primera función en La Rioja
Sin embargo, aunque la obra se ha estrenado oficialmente en Madrid, tuvo un pequeño adelanto hace unos meses gracias al Festival Actual. En sus escenarios insólitos, ‘A las mujeres de mi familia’ vio la luz por primera vez: «A la gente le encantó y el recibimiento fue muy bueno. Gracias a ello me aventuré a estrenarla en Madrid con el mismo formato y con una producción compartida que me está facilitando mucho el trabajo».
La representación puede verse en los Teatros Luchana en doble función los viernes y sábados hasta el 16 de mayo.


