Sucesos

Crimen machista de Los Lirios: un escenario «manipulado» y tres pistas falsas

Crimen machista de Los Lirios: un escenario «manipulado» y tres pistas falsas

Pocos casos se han juzgado en la Audiencia Provincial de La Rioja tan controvertidos como el del crimen de Los Lirios, que este lunes ha echado a andar con una dificilísima papeleta para el jurado: determinar si Mercedes, de 56 años, fue víctima de un asesinato machista o, por el contrario, los responsables de su muerte se marcharon de rositas.

Porque en la sesión inaugural de la vista oral del procedimiento se han reafirmado las dos posturas antagónicas que propiciaron una polémica sin precedentes cuando más de un año después de la muerte de la víctima se vieron enfrentadas la investigación policial y el poder judicial, causando un cisma administrativo y social en la comunidad.

La Audiencia Provincial de La Rioja ha acogido este lunes la primera sesión del juicio contra Ángel E. M., el acusado de matar a su mujer en el barrio logroñés de Los Lirios durante la pandemia, en un caso marcado por la polémica en el que la Fiscalía y la acusación particular le solicitan una pena de 22 años de prisión. El procedimiento, que se rige bajo la fórmula del jurado popular, está previsto que se extienda hasta el próximo día 31.

Los hechos, según relata el fiscal en su escrito de calificación, ocurrieron en la madrugada del 13 de octubre de 2020, cuando A. E. M. se trasladó al domicilio del matrimonio desde la localidad Gumiel de Mercado -adonde había acudido para ayudar a su hijo en labores de vendimia- y, tras mantener una acalorada discusión, acuchilló por sorpresa a Mercedes, que ella le había manifestado su «voluntad firme» de poner fin al matrimonio. Consumado el asesinato, el acusado regresó a Gumiel de Mercado, confiando en hacer pasar el crimen por un suicidio.

La acusación particular (representación legal de la víctima) ha subrayado que en el momento de los hechos el matrimonio «apenas hacía vida de pareja» y que Mercedes ya había trasladado a su entorno más cercano (hermanas y amigas íntimas) su decisión de divorciarse. Por ello, Ángel «se aseguró de que la víctima se encontraba sola en su domicilio» y trazó un plan «premeditado» para acabar con su vida.

Por su parte, la defensa del acusado solicita la libre absolución, al entender que no fue Ángel quien asesinó Mercedes. Aun así, en el caso de que resulte declarado culpable, pide que se le aplique la atenuante de dilaciones indebidas (el juicio se celebra cinco años después de cometerse los hechos).

Una escena «manipulada» y tres pistas falsas

En su exposición de motivos ante el jurado, el fiscal Santiago Herraiz ha explicado que la Policía encontró en el domicilio de la víctima «una escena manipulada», con varios cajones abiertos y un desorden que pusieron sobre el tapete la hipótesis del robo como móvil del crimen.

El representante del Ministerio Público ha descrito un contexto de «matrimonio roto», en el que «Merche y su marido dormían en habitaciones separadas» porque ella «quería separarse, aunque tenía miedo de la reacción de Ángel». Un acusado que, según su planteamiento, «acuchilló y degolló a su mujer, volviendo a Gumiel como si nada hubiera pasado».

Cuando regresó a Logroño, informó a las hermanas de la víctima que «Merche se ha suicidado; menuda me ha preparado». Tenemos, por tanto, dos pistas falsas respecto al planteamiento del crimen machista, pero aún faltaba una tercera: «Una semana después de aparecer el cadáver, Ángel se presenta en la Policía y dice que un amigo también tiene las llaves del pisto». Una afirmación que incrimina a esta persona, pues recordemos que los accesos al domicilio del crimen no habían sido forzados.

Herraiz ha admitido que «la Policía fue estrechando el cerco y a lo mejor tenía que haber cambiado antes de marcha», pero ha avanzado que «probaremos que no fue un suicidio, porque nadie se suicida de esta manera». De hecho, el fiscal ha explicado que la víctima iba a pasar un reconocimiento médico el día posterior a su asesinato «porque quería vivir, quería reincorporarse al trabajo».

«Ni Mortadelo y Filemón»

En la misma línea que el fiscal, la acusación particular ha puesto el foco en que Ángel «ha aportado información a cuentagotas a la Policía», cuya labor ha cuestionado con dureza la defensa del acusado.

La letrada Bárbara Royo no ha escatimado en reproches a la investigación del caso, sostenida bajo «absurdas teorías» que han llevado a «un juicio de sospechas, de intuiciones, del ‘pudo ser'» porque «la Policía y la Fiscalía se han equivocado». En su exposición ante el jurado, la abogada ha aludido en repetidas ocasiones al mediático ‘Caso Wanninkhof», por el que a finales de los años noventa se encarceló injustamente a Dolores Vázquez. «La Policía no ha resuelto el caso, simplemente lo ha zanjado», ha aseverado.

A juicio de la defensa, no hay una sola prueba que incrimine a Ángel, lo que implicaría que el verdadero asesino de Mercedes sigue en la calle como consecuencia de «una conjetura elevada a acusación, una novela policiaca; por eso la jueza de instrucción no metió al acusado en la cárcel ni un solo minuto».

Buena parte de su estrategia pivotará en torno a distintas pruebas que, a su juicio, explican que no fue Ángel quien mató a su esposa, pero que no han llevado al verdadero responsable del crimen por «un atestado policial que no harían ni Mortadelo y Filemón».

En primer lugar, ha referido «múltiples pelos» encontrados entre las manos de la víctima, que «no eran de Mercedes ni de Ángel». «No sabemos de quién son porque la Policía del ‘pudo’ ya tenía a su acusado y no cotejó el ADN hasta del apuntador, que es como se hace en una investigación en condiciones».

También ha aludido a un vello púbico «de un desconocido» encontrado en el pantalón de la víctima y a «varios pelos rubios arrancados en la mano de Mercedes, que no se analizó a quién pertenecían» en una investigación que ha calificado de «tendenciosa y falsa». «Se ha fabricado un culpable», ha recalcado Bárbara Royo, quien ha acusado incluso a la Policía de ‘acomodar’ la hora de la muerte de Mercedes a su conveniencia -tras el informe de dos forenses- porque un testimonio habla de un «grito desgarrador» en el domicilio de la víctima a la una de la tarde, «cuando Ángel estaba en Gumiel».

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