Los libros tienen un olor especial, característico, inconfundible. Es el perfume que acompaña al lector en el viaje que emprende cada vez que abre un libro. El Espolón acoge hasta el 19 de octubre la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión. Por eso, el céntrico paseo logroñés tiene un olor singular estos días.
Los libros en papel tienen algo especial. Algo que es difícil de explicar a aquellos que no practican el viejo arte de la lectura. Nunca va a ser lo mismo leer tu novela favorita en formato digital que pasar las páginas a mano y ver cómo, poco a poco, las restantes son menos que las que ya has leído. Esa fantástica sensación es algo que conocen muy bien todos los que se han acercado a ojear los puestos de las 18 librerías que conforman esta feria y que han llegado de diferentes puntos de la geografía española.

Por ejemplo, Héctor Torres, viene desde Valencia con su librería Torres. No es, ni de lejos, el primer año que asiste: «Llevo viniendo muchos años, ya he perdido la cuenta. 20 o tal vez 25 años, cuando la feria aún se celebraba en la Plaza del Mercado». Y, aunque las cosas hayan cambiado mucho en estos años, Héctor señala que aún hay quienes se mantienen fieles al papel.

La gran ventaja de estos puestos es que siempre hay sorpresas: «A la gente le encanta mirar y trastear, encontrar aquello que va buscando y, si no, igual encuentra otra cosa que no se espera». La cosa es no irse con las manos vacías.
En los últimos años sí que ha notado que leer en papel cada vez está quedando más relegada a los mayores, «siempre y cuando la letra sea grande», bromea. Sin embargo, no pierde la esperanza: «Hay excepciones de las cuales yo me alegro y no pierdo la fe de que la gente joven aprenda, a que leer una novela no es solo leerla, es saber también quién es el autor, cuándo la escribió y por qué».
Unos cuantos puestos más adelante, se encuentra la librería Shora. Tras el mostrador, atiende Yosef Shora Laila. Tras cerrar sus librerías en Murcia y Alicante, ahora solo se dedica a las ferias y a Internet. Como era de esperar, tampoco es su primer año aquí. «Es el segundo», señala orgulloso. «Logroño es famosa porque a la gente le gusta leer y viene a buscar cosas precisas», añade. Prueba de ello es que su puesto está abarrotado de curiosos. 
Yosef también ha notado los cambios en los hábitos de lectura. Lo primero, que «las ventas han bajado», aunque la cultura lectora se mantiene. Lo segundo, es que «ahora la gente joven suele buscar más cómics».
Los libros más antiguos, como los de la colección Crisol de la editorial Aguilar y que él enseña orgulloso, solo van a buscarlos «gente de 40 para arriba» o gente «que ha heredado de sus padres el amor por este tipo de ediciones que son muy chulas». Y es que, como señala Yosef: «La nostalgia mueve mucho».

Justo al lado, unos niños se sumergen en montañas de cómics. No son unos cualquiera, son con los que todo hijo de vecino se ha criado: Mortadelo y Filemón. Al más mayor se le iluminan los ojos cuando encuentra la portada que estaba buscando. Es la magia de la lectura, que pase el tiempo que pase, hay libros (o en este caso cómics) que son inmortales.


