El Rioja

El futuro del viñedo ante el cambio climático pasa por las variedades minoritarias

Una tesis doctoral desarrollada en la Universidad de La Rioja ha identificado varias variedades minoritarias de vid que presentan un mayor potencial para adaptarse a las altas temperaturas y contribuir a que la viticultura afronte con mayores garantías los efectos del cambio climático. La investigación concluye que la resistencia al calor no depende de un único rasgo, sino de la combinación de distintos factores fisiológicos, agronómicos y enológicos.

El trabajo, realizado por Francisco Emmanuel Espinosa Roldán y dirigido por el catedrático jubilado Fernando Martínez de Toda y el investigador Gregorio Muñoz Organero, ha obtenido la calificación de sobresaliente cum laude con mención internacional. El estudio analiza el comportamiento de diferentes variedades minoritarias cultivadas en el centro de España para conocer su capacidad de adaptación a escenarios climáticos cada vez más cálidos.

Entre las variedades que ofrecen un comportamiento más favorable destacan Airén, Jarrosuelto, Rayada Melonera, Morate, Tortozón y Tortozona Tinta, caracterizadas por una maduración más tardía y una mayor capacidad para conservar la acidez de la uva durante la vendimia, dos aspectos especialmente relevantes en un contexto de aumento de las temperaturas.

La investigación también pone de relieve el interés enológico de otras variedades como Albillo del Pozo, Verdejo Serrano, Tazazonal y Tempranillo, que presentan una mayor concentración de nitrógeno asimilable y aminoácidos, compuestos estrechamente relacionados con el desarrollo de aromas durante la elaboración del vino.

En el extremo contrario, el estudio detecta que variedades como Garnacha Tinta, Cadrete, Listán Prieto o Azargón muestran una mayor vulnerabilidad frente a condiciones térmicas elevadas, ya sea por una maduración más temprana, una menor conservación de la acidez o una respuesta fisiológica menos favorable al estrés por calor.

La principal conclusión de la tesis es que no existe una única variedad «resistente» al cambio climático. La capacidad de adaptación depende de la interacción entre distintos rasgos agronómicos, fisiológicos y enológicos, un conocimiento que puede servir para orientar la selección de variedades en las regiones vitivinícolas mediterráneas y ayudar al sector a mantener la calidad de los vinos en un escenario de calentamiento global.

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