El Rioja

Cuando el carácter de un vino nace del instinto: “No se puede digitalizar la pasión”

La Bodega Oliver Moragues, en Mallorca, defiende que la conversación sobre digitalización empieza por lo contrario: por dejar claro qué es lo que no cambia. «Todavía en 2026, la visión, pasión y experiencia del enólogo son los aspectos más importantes en un vino», afirma Carlos Cabeza, enólogo y propietario de la bodega. «Creemos que no se puede digitalizar la pasión, la energía o la sensibilidad, que es al final lo que va a decidir si un vino tiene alma, si el ‘terroir’ está bien expresado o si el vino es interesante», añade. Para Cabeza, la tecnología trabaja en la sombra: agiliza procesos y afina la calidad, pero el toque que convierte un vino correcto en un vino con carácter sigue naciendo del instinto del enólogo.

Esa misma convicción es la que ha guiado la transformación del enoturismo en la bodega de la mano de JIG. Cabeza ve en las experiencias y visitas «una grandísima oportunidad para un sector» que le permite mejorar márgenes y no depender únicamente de la venta de botellas. Con esa idea en mente, Oliver Moragues ha apostado por inversiones importantes en la digitalización de su comercialización, buscando acercar a los visitantes tanto a sus vinos como a las variedades autóctonas de Mallorca.

Detrás de esa apuesta hay un cambio más profundo. Durante años, recuerda el bodeguero, la actividad de una bodega era casi exclusivamente agrícola e industrial, centrada en vender botellas a restauración y distribución. Ese esquema, asegura, ya no basta: «En 2026, las bodegas tienen que ofrecer también servicios y estos son los que van a salvar a las bodegas». Visitas, catas, eventos, tienda online,… todo ello ha dejado de ser un complemento para convertirse en lo que él mismo describe como «un nuevo modelo de negocio».

Este cambio de procesos, sin embargo, no ha tocado lo esencial del oficio. «El trabajo de elaboración lo es casi todo en un vino y siempre seguirá siendo muy humano», sostiene Cabeza. «Los cambios digitales y tecnológicos simplemente harán más eficientes y rentables los procesos». Y lanza una advertencia al resto del sector: «Quien no se adapte en los próximos años está abocado a desaparecer».

En esta reorientación, la plataforma de reservas ocupa un lugar central. Para Cabeza, es «la piedra angular del negocio de las experiencias en 2026». «Ya no es una opción sino una obligación», sentencia.

En Oliver Moragues, el enoturismo no se agota en la visita puntual. Para Cabeza, el reto de los próximos años va más allá de traer gente a la bodega para que prueben vinos: «Las bodegas van a tener que crear microcomunidades de clientes, amigos, visitantes que vean a las bodegas no como industrias sino como casas abiertas donde entrar y tener experiencias diferentes».

Conseguirlo, explica, pasa por conocer bien a quien entra por la puerta: saber quién es y qué le ha traído hasta allí. Solo así es posible dar el segundo paso, el de ofrecerle algo pensado especialmente para él. Y ahí es, según Cabeza, donde la inteligencia artificial y las plataformas digitales bien integradas en la web encuentran su verdadero sentido: no como un simple registro de datos, sino como la vía para construir ese valor añadido personalizado que hace que un visitante quiera volver.

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