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Un riojano busca a pie de campo la foto de la gloria en Nueva York

Un riojano busca a pie de campo la foto de la gloria en Nueva York

Durante años, Jefferson Acevedo persiguió el balón por la plaza Primero de Mayo y por los campos del fútbol riojanos. Como tantos niños, soñaba con llegar algún día a los grandes estadios. No lo hizo con las botas puestas, pero sí con una cámara entre las manos. Este domingo estará a pie de campo en Nueva York, fotografiando para el periódico Marca la final del Mundial entre España y Argentina.

El camino hasta allí no ha sido fácil. Ha tenido algo de perseverancia, bastante trabajo y una oportunidad inesperada que apareció cuando apenas llevaba unos días en el periódico. Ahora, después de más de un mes recorriendo Estados Unidos, Jefferson espera capturar la imagen con la que cualquier fotógrafo deportivo soñaría: Rodri levantando la Copa del Mundo.

El logroñés llegó al país el 9 de junio. Desde entonces ha enlazado vuelos, hoteles, entrenamientos, conexiones en directo y partidos en ciudades como Nueva York, Atlanta, Los Ángeles o Dallas. Los días empiezan a pesar, también la distancia con su familia y sus amigos. Sin embargo, queda todavía el último partido, el que puede dar sentido a todo el esfuerzo.

Pero su relación con el fútbol empezó mucho antes. Jefferson creció en la calle Huesca, estudió en el colegio Vuelo Madrid Manila y pasó buena parte de su infancia jugando en los recreos y en los parques. A los seis años comenzó a competir en equipos de Logroño como La Estrella, Yagüe, Colombilla y Mareo, la estructura vinculada al Sporting de Gijón en la capital riojana.

También probó el arbitraje en la Federación Riojana. El fútbol ocupaba casi todos los espacios de su vida, aunque con el paso del tiempo comprendió que no llegaría a convertirse en jugador profesional. Tuvo entonces que decidir si se aferraba a aquel sueño o buscaba otra forma de mantenerlo cerca.

«Cuando vi que tenía que encontrar una profesión de la que pudiera vivir, decidí estudiar algo que realmente me gustara», explica. El fútbol no desapareció, pero quedó a un lado mientras construía otro camino.

En 2017 dejó Logroño y se trasladó a Zaragoza para estudiar Realización Audiovisual. Después llegaron unas prácticas en Rumanía, una etapa en Madrid y la formación en distintas escuelas de cine, donde se especializó en Dirección de Fotografía. Entre medias trabajó en una tienda de electrodomésticos de Logroño, ahorró para continuar sus estudios y pasó por el Planetario de Madrid.

Más tarde se dio de alta como autónomo y comenzó a trabajar en proyectos de ficción, documentales, piezas corporativas y contenidos para redes sociales. También puso en marcha su propia productora audiovisual, que todavía mantiene. La cámara había terminado convirtiéndose en su forma de mirar el mundo, aunque el fútbol seguía esperando en algún lugar.

A comienzos de este año, Jefferson se había marcado un propósito profesional: estar en el Mundial. No tenía ninguna garantía ni sabía cómo podría conseguirlo. Poco después apareció una oferta de Marca a través del Instituto del Cine. Se presentó porque el trabajo reunía dos elementos que habían acompañado toda su vida: el audiovisual y el deporte. «Me parecía un reto distinto. Unía mi profesión con el fútbol, que siempre ha sido mi gran pasión».

Empezó a trabajar en el periódico el 4 de mayo. En principio, nadie le aseguró que viajaría a Estados Unidos. Sin embargo, la baja de un compañero abrió una plaza en el equipo destinado al campeonato. Apenas llevaba una semana en la redacción cuando le preguntaron si tenía disponibilidad para viajar. La respuesta estaba clara.

Así comenzó una aventura que lo llevó directamente desde sus primeros días en Marca hasta el mayor escenario del fútbol. Su debut como fotógrafo deportivo profesional dentro de un estadio no fue en un encuentro de Liga, en un partido regional o en una eliminatoria de Copa. Fue en un Mundial. El primer encuentro que fotografió fue el España-Cabo Verde y, para ponerle la guinda al pastel, una de sus fotos terminó siendo la portada de Marca.

«Me hacía ilusión ser portada del periódico y fue llegar, hacer mi primer partido y conseguirlo». Después ha comprobado que repetirlo no resulta sencillo. Los encuentros terminan tarde en España, las ediciones cierran con rapidez y los fotógrafos deben seleccionar, editar y enviar el material casi al instante. «Muchas veces, cuando las mejores fotografías llegan a la redacción, la portada ya está prácticamente decidida».

Su trabajo durante el Mundial no se limita a los partidos. En las previas actúa como operador de cámara en conexiones en directo y participa en reportajes sobre estadios, ciudades y escenarios históricos del campeonato. Uno de ellos estuvo dedicado al Rose Bowl de Los Ángeles, sede de la final de 1994 y uno de los grandes templos del fútbol estadounidense.

Cuando el árbitro está a punto de señalar el inicio, cambia el vídeo por la fotografía. Jefferson se coloca a pie de campo junto a otro compañero y espera. A partir de ese momento, cada gesto puede convertirse en noticia: un gol, una celebración, una protesta, una lágrima o el silencio de quien acaba de perder. «Ese trabajo exige anticiparse. No basta con enfocar bien o apretar el disparador en el momento adecuado. Hay que imaginar dónde puede ocurrir la historia».

Lo comprobó en el partido contra Portugal. Antes del encuentro, Jefferson les había dicho a sus amigos que quería conseguir una fotografía de Cristiano Ronaldo llorando. Sabía que podía ser su último Mundial y que una eliminación convertiría aquel gesto en una de las imágenes del torneo. La fotografía llegó. «No se trataba únicamente de retratar la tristeza de un jugador, sino de documentar el final de una etapa».

Ahora, la final vuelve a colocar delante de su objetivo a otra leyenda: Lionel Messi pero este joven logroñés ya tiene clara la imagen que desea llevarse de Nueva York. «Quiero fotografiar a Rodri levantando la Copa del Mundo en el MetLife Stadium, rodeado por sus compañeros y con España celebrando el título. Esa es la foto que he imaginado durante los últimos días». La que podría ocupar una portada, recorrer las redes sociales y quedar asociada para siempre a una noche histórica.

Jefferson cumplirá 30 años el próximo 11 de agosto. No acostumbra a marcarse grandes metas ni a construir planes rígidos a largo plazo. Prefiere trabajar, disfrutar del camino y aprovechar las oportunidades cuando aparecen. «Hace apenas unos meses no sabía si viajaría al Mundial y ahora estoy a unas horas de fotografiar la final».

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