Haro convertirá su casco antiguo en una exposición de coches con más de un siglo de historia. El próximo domingo 19 de julio, la ciudad reunirá 49 vehículos clásicos históricos con modelos que van desde 1909 hasta 1975, una colección difícil de ver en La Rioja y pensada para atraer tanto a los aficionados al motor como a familias, curiosos y vecinos.
La iniciativa está organizada por el Club Amigos del Carburador, una asociación recién nacida en Haro con la idea de sumar nuevos atractivos a la vida social y cultural de la ciudad a través de eventos ligados al mundo del motor clásico. «Somos unos amigos con mucha ilusión por hacer cosas en nuestra ciudad», explica Jose, presidente del club. La intención es dar notoriedad a Haro con una propuesta que complemente su historia vitivinícola y que también sirva de impulso para la hostelería, las bodegas y los negocios locales.

La exposición principal reunirá en la plaza de la Paz 49 vehículos seleccionados expresamente para la ocasión. No se trata de una simple quedada. Los coches que formarán parte de la muestra han sido elegidos durante meses para componer una especie de recorrido por la historia del automóvil, desde los primeros modelos de comienzos del siglo XX hasta vehículos de los años setenta. «Llevamos desde el año pasado haciendo contactos, buscando y eligiendo piezas para hacer una exhibición bonita para el público».
Entre los modelos previstos habrá piezas muy difíciles de ver. Una de ellas será un Le Cèbre francés de 1909, una unidad especialmente singular y complicada de contemplar en movimiento. También se expondrá un Bristol 402 de 1949, de la marca inglesa Bristol Cars; un MG británico de 1959; y un Austin Healey 3000, todo un icono del coche deportivo de los años sesenta. A ellos se sumará un BMW Isetta de 1958 con remolque Picolino para ir de camping, una unidad única en España y muy codiciada por los coleccionistas por su característica apertura de puerta frontal.

La organización destaca que varias de las piezas que llegarán a Haro son ejemplares únicos o prácticamente únicos, vehículos que rara vez salen de garajes privados o colecciones especializadas. Algunos viajarán desde Santander, Bilbao, Madrid, Álava y otros puntos de España. No todos podrán hacerlo rodando. Los más antiguos y delicados llegarán en remolque, porque mover por carretera durante cientos de kilómetros un coche de principios del siglo XX es casi una temeridad. «Un coche de 1910 no lo puedes traer 100 o 200 kilómetros andando».
Quienes acudan a Haro durante ese día no se encontrarán únicamente con coches bonitos, sino con vehículos conservados, restaurados y cuidados durante años por aficionados que mantienen viva una parte de la historia del automóvil. Máquinas que obligan a mirar con detalle sus cromados, faros redondos, tapicerías cuidadas, volantes finos, carrocerías imposibles y elementos que recuerdan a una época en la que conducir era una experiencia mucho más física y menos automática.

La jornada tendrá además carácter competitivo para los vehículos expuestos en la plaza de la Paz. La organización entregará cuatro reconocimientos: trofeo al coche mejor restaurado, trofeo al conductor más joven del evento, trofeo al coche más antiguo y trofeo al coche más votado por el público. Este último permitirá también implicar a los visitantes, que podrán escoger su favorito entre auténticas joyas del motor.
Pero la cita no se limitará a la plaza. La calle de La Vega acogerá una concentración paralela de coches clásicos con vehículos llegados de distintos clubes y propietarios particulares. Esa parte del evento estará más abierta a modelos populares de décadas posteriores, esos coches que muchos riojanos todavía recuerdan aparcados en la puerta de casa, en los viajes familiares o en las carreteras nacionales antes de que todo se llenara de pantallas, sensores y asistentes electrónicos.

Ahí aparecerá otra memoria, quizá más cercana para el público joven o para quienes no distinguen un modelo de 1909 de otro de 1949, pero sí han oído hablar en casa del Renault 5, el Seat 124, el 1500, el R12 o el R18. «A la gente joven seguramente le llame más la atención la concentración, porque ahí habrá coches desde los años sesenta en adelante, hasta modelos de hace unos treinta años», explica Jose. Y recuerda una idea básica para entender este mundo: un coche clásico se considera como tal cuando supera los 30 años de antigüedad.
«Los coches clásicos gustan a todas las edades porque te recuerdan tu niñez». Para muchos propietarios, comprar o restaurar un clásico tiene mucho que ver con recuperar aquel coche que vieron de pequeños, el que conducía un padre, un tío o un vecino, o aquel modelo que parecía inalcanzable cuando todavía se miraba el mundo desde el asiento trasero.

Por eso la exposición de Haro no quiere ser una cita cerrada para entendidos. Jose insiste en que está pensada para todos los públicos. Para quien sepa hablar de motores, carburadores y restauraciones; y también para quien solo quiera pasear, hacer fotos, recordar una época o descubrir cómo han cambiado los coches en apenas unas generaciones.
El escenario tampoco es casual. Haro, con la plaza de la Paz como punto central y la calle de La Vega como gran escaparate urbano, se convertirá en un circuito sin velocidad, un lugar para mirar despacio. La idea del club es que esta exposición sea solo «el principio de una agenda de eventos anuales capaces de atraer visitantes y generar movimiento en la ciudad».


