Mejor Experiencia Enoturística 2016 por su Fiesta del Pisado de la Uva, Premio Best Of Wine Tourism 2018 en la categoría de Arquitectura y Premio Nacional Rutas del Vino de España 2020 a la Protección y Puesta en Valor del Patrimonio. Los reconocimientos que arropan hasta ahora a Bodegas Lecea, en San Asensio, son el reflejo del trabajo bien hecho y el impulso para seguir creando, mejorando y promocionando un territorio, una cultura y una forma de vida.
– ¿Qué es el enoturismo para Bodegas Lecea?
– Es una forma de compartir nuestra historia familiar, nuestro legado vinculado al viñedo y al vino. También es una manera de mantener vivo el patrimonio subterráneo heredado de nuestros antepasados a través de la bodega y los calados del siglo XVI.
– ¿Cómo fueron esos primeros pasos?
– La decisión clave llegó cuando mis padres decidieron quedarse en el barrio histórico y continuar elaborando vino en la bodega familiar y en los calados, en lugar de trasladarse a una bodega moderna como hicieron muchos otros. Con los años fuimos necesitando más espacio y comenzamos a comunicar distintos calados entre sí, creando una bodega muy singular y única. Paralelamente, hace unos 18 años empezamos con las primeras fiestas del Pisado de la Uva, que marcaron el inicio del enoturismo tal y como lo entendemos hoy.

– ¿Cómo ha evolucionado esa visión del enoturismo en la bodega?
– Antes de profesionalizarlo, las visitas eran mucho más espontáneas. Mi padre venía de trabajar en la viña, dejaba el tractor y enseñaba la bodega a quien llegaba. En aquel momento solo había dos calados comunicados y todo se hacía de manera muy cercana y coloquial. Con el tiempo, al ir uniendo bodegas y generando un conjunto subterráneo más amplio e interesante, comenzó a crecer el interés por este patrimonio, algo que prácticamente está desapareciendo. También impulsamos el primer Congreso de Barrios Históricos de Bodegas, lo que ayudó a dar más visibilidad a este tipo de construcciones. A partir de ahí, hemos ido diseñando nuevas experiencias fuera de la propia bodega y ahora, recientemente, con la apuesta por llevar el enoturismo al centro de Logroño con esa renovación de un edificio en la calle Portales que convertiremos en sala de catas y tienda.

– ¿Qué papel han tenido los reconocimientos y premios en la evolución del proyecto?
– Han sido muy importantes, pero también ha sido fundamental la opinión de los visitantes. Primero funcionaba el boca a boca y después llegaron plataformas como TripAdvisor, donde siempre hemos tenido valoraciones muy positivas. Todo eso nos ayudó a consolidar el proyecto y a atraer visitantes internacionales. Hace más de diez años empezamos ya con visitas en inglés y después de la pandemia hicimos una nueva tienda para centrarnos mucho más en el momento de la cata, en que pudieran haber un espacio para degustar vinos tras la visita. La necesidad de seguir creciendo nos llevó a crear nuevos espacios y experiencias más allá de los calados. Actualmente contamos con dos tiendas, una terraza mirador, una pérgola entre viñedos para almuerzos y actividades vitícolas, bicicletas eléctricas para recorrer los viñedos y un Land Rover clásico descapotable para realizar rutas. También disponemos de un comedor donde ofrecemos cocina riojana tradicional y, por supuesto, mantenemos nuestra Fiesta del Pisado de la Uva, que sigue siendo el evento más emblemático de la bodega.

– ¿Cómo se puede estar a la vanguardia en innovación en una bodega donde lo tradicional e histórico es la herramienta principal de promoción?
– Creo que nuestra mayor innovación ha sido conservar lo que ya teníamos. Lo que nos diferencia es precisamente contar con unas bodegas del siglo XVI, un patrimonio casi en peligro de extinción. La clave ha sido poner en valor esa autenticidad y combinarla con una gestión cercana y familiar. Después, en cada etapa, hemos sabido adaptarnos a las nuevas necesidades: incorporar visitas en inglés, crear actividades al aire libre tras la pandemia o ampliar espacios para seguir elaborando vino sin abandonar el barrio histórico.
– ¿Se cumple el dicho de ‘reinventarse o morir’?
– Sí, aunque siempre desde la autenticidad. En Rioja hay muchas bodegas para visitar, pero cada una tiene su esencia. En nuestro caso hemos sabido identificar nuestro valor diferencial y potenciarlo. En este sentido, con el proyecto ‘Planeta Pueblo’, por el que recibimos el premio nacional Tierra de Oportunidades, hemos reinventado también la forma de ver y acercarse a las zonas rurales.

– ¿Nuevos proyectos?
– Una de las novedades será el Club del Vino Botellero, ubicado en una quinta bodega subterránea que acabamos de rehabilitar. Los clientes podrán disponer de su propio botellero personalizado y utilizar ese espacio para compartir momentos con amigos dentro de la bodega. Además, llegarán nuevas propuestas y experiencias en los próximos meses.


