La Rioja ha vuelto este 9 de junio a San Millán de la Cogolla para celebrarse a sí misma en el lugar donde casi todo parece adquirir un sentido más profundo. El patio del Monasterio de Yuso ha acogido el acto institucional del Día de La Rioja, una cita solemne, pero también cargada de emoción, memoria y orgullo compartido. Allí, en la cuna del castellano y del llamado Estatuto de San Millán, la comunidad ha reivindicado su autonomía, su identidad y ese modo tan riojano de avanzar sin demasiada estridencia, pero con una constancia que deja huella.
El presidente del Gobierno de La Rioja, Gonzalo Capellán, ha centrado su discurso en esa idea de pertenencia construida con tiempo, esfuerzo y responsabilidad colectiva. Ha recordado que el 9 de junio no es una fecha más, sino el día en que La Rioja comenzó a caminar administrativamente como comunidad autónoma. Desde San Millán, ha apelado a los principios de libertad, igualdad, justicia y solidaridad recogidos en el Estatuto, y ha defendido que La Rioja es una tierra levantada por generaciones de hombres y mujeres que «arrimaron el hombro» para hacer posible una comunidad «más fuerte, más próspera, más justa y más unida».

La jornada ha tenido, además, nombres propios. El primero ha sido Urbano Espinosa, primer rector electo de la Universidad de La Rioja, reconocido como Riojano Ilustre. El vídeo proyectado durante el acto lo ha presentado como «un hombre sabio» que ha dedicado su vida a investigar, con una cabeza que «siempre iba un paso por delante». Visionario, afable, cercano, inteligente y con un fino sentido del humor, Espinosa ha recibido el homenaje desde la humildad de quien entiende que los grandes proyectos nunca se construyen en soledad. «Esto siempre ha sido trabajo en grupo», ha recordado, aludiendo a la colaboración con instituciones, ayuntamientos y entidades públicas y privadas.
Su discurso ha sido uno de los momentos más hondos de la mañana. Espinosa ha hecho un recorrido por su vida, por sus raíces en el valle de Ocón y por esa «patria chica» donde las raíces, como ha dicho, «nunca pierden su savia». Ha hablado de identidad y pertenencia, pero no desde el repliegue, sino desde la convivencia. «No existe un yo en la soledad, sino en sociedad», ha defendido. Y, desde la altura que da la edad, ha mirado especialmente a los jóvenes para pedirles que no se dejen arrastrar por los discursos de odio, por el ruido de las redes o por una inteligencia artificial utilizada para colonizar sus vidas. «Indignaos, pero no desde el odio», les ha dicho, antes de reivindicar la razón, la ciencia y el pensamiento construido sobre datos.

También la Asociación Riojana de la Empresa Familiar ha ocupado un lugar central al recibir la Medalla de La Rioja. La entidad, que representa a una parte esencial del tejido empresarial riojano y celebra tres décadas de historia, ha sido reconocida por su compromiso con el territorio, la generación de empleo y riqueza, y la transmisión de un legado de una generación a otra. Su presidente, Carlos González Soto, ha recogido el galardón «con gratitud y humildad», subrayando que la distinción no pertenece solo a la asociación, sino «a las empresas familiares de La Rioja, a quienes las fundaron, a quienes las consolidaron y a quienes van a crear su futuro». En su intervención, ha reivindicado una forma de hacer empresa discreta, de largo plazo y profundamente arraigada: «No nos definen las cifras, sino nuestra forma de estar en el mundo».

El Galardón de las Artes y la Cultura de La Rioja ha sido para Mabel del Pozo, actriz y directora escénica, cuya trayectoria ha servido para recordar que la cultura riojana no solo conserva una herencia, sino que también la crea, la renueva y la proyecta. Capellán ha destacado su vocación nacida en el teatro aficionado, su carrera profesional y su compromiso con la tierra, especialmente a través de su labor al frente de la Crónica Najerense. Su reconocimiento ha puesto el acento en una cultura viva, hecha desde los escenarios, desde los pueblos y desde esa pasión que convierte el talento en una forma de pertenencia.
El acto ha dejado así una fotografía completa de La Rioja: la del conocimiento, representado por Urbano Espinosa; la del trabajo y el arraigo empresarial, encarnados en la Empresa Familiar; y la de la cultura, simbolizada en Mabel del Pozo. Tres caminos distintos, pero unidos por una misma idea de fondo: construir comunidad desde el compromiso. En San Millán, entre palabras antiguas y desafíos muy presentes, La Rioja ha vuelto a mirarse al espejo para recordar de dónde viene y, sobre todo, hacia dónde quiere caminar.


