Suenan tambores de guerra en Logroño. La villa ha decidido este domingo no rendirse y ya aguarda el acecho de las tropas francesas en lo que se presupone un conflicto desigual, de esos que exigen mucho ingenio, una dosis considerable de arrojo y algo de ayuda divina para que la balanza caiga del lado local. La iglesia de Santiago el Real ha vuelto a ser el escenario en el que la historia se representa casi como si acabara de ocurrir: el pueblo ha sido llamado a Concejo Abierto y la decisión no admite vuelta atrás. Logroño resistirá… o al menos eso pretende.
La Asociación Guardias de Santiago ha recreado este domingo una de las escenas fundacionales de las fiestas de San Bernabé: la asamblea ciudadana celebrada el 21 de mayo de 1521, cuando llegaron a la ciudad noticias del avance de las tropas francesas comandadas por Andrés de Foix, ‘Asparrot’. Su intención era clara: cruzar la frontera hacia el reino de Castilla atravesando las murallas de Logroño. Pero la villa, reunida en concejo, tenía todavía mucho que decir antes de entregar las llaves de sus puertas.

A la llamada han acudido todos. Pueblo llano, nobles, terratenientes y el corregidor Diego de Villegas han ocupado su lugar en una asamblea marcada por la tensión de las grandes decisiones. El peligro no era menor. Al otro lado se aproximaba un ejército mucho más fuerte y numeroso, capaz de convertir la resistencia en una apuesta casi suicida. Dentro del templo, sin embargo, el debate ha dejado claro que no todos miraban el avance enemigo con los mismos ojos.
Unos han defendido la prudencia. Evitar el conflicto, permitir el paso de las tropas francesas y conservar la ciudad parecía, para algunos, la opción menos dolorosa. Más valía salvar vidas (y tierras) que medir las fuerzas de Logroño contra un ejército superior. Otros, en cambio, han levantado la voz para recordar que dejar pasar al enemigo equivalía a rendirse antes incluso de haber probado la solidez de las murallas. Entre la cautela y el orgullo, entre el miedo y el deber, el Concejo Abierto ha recreado ese instante en el que una ciudad decide qué quiere ser.

La tensión ha ido en aumento conforme avanzaban las intervenciones. Las palabras han pesado casi tanto como las armas que pronto deberán empuñarse. Logroño no solo discutía una estrategia militar; discutía su dignidad, su lealtad y su memoria futura. En ese pulso, Diego de Villegas ha encarnado la autoridad de una ciudad que no podía ignorar el riesgo, pero tampoco entregar sus calles sin resistencia.
Finalmente, la decisión ha quedado sellada: Logroño planteará batalla. El pueblo ha optado por impedir el paso de las tropas francesas y encomendarse a la Virgen de la Esperanza, patrona de la ciudad y presente en la misma iglesia de Santiago. La ayuda del cielo nunca ha sobrado en los conflictos desiguales, y menos cuando una villa se prepara para hacer frente a un ejército que llega con superioridad de fuerzas y voluntad de atravesar sus defensas.

La recreación ha devuelto así a Santiago el Real el eco de aquella jornada de mayo de 1521. Allí donde hoy se celebra la memoria, la escena ha vuelto a colocar a los logroñeses ante la amenaza del asedio. Los trajes renacentistas, las voces, los gestos solemnes y el marco de la iglesia han servido para recordar que San Bernabé no nace solo de una fiesta, sino de un relato de resistencia compartida, de una ciudad que eligió cerrar sus puertas al invasor y confiar en su gente y en la ayuda divina.

Poco antes del Concejo, la llegada del emperador Carlos V a Logroño ha añadido todavía más solemnidad al momento. El monarca ha acudido para supervisar personalmente el estado de la tropa y de la milicia, consciente de que la amenaza francesa ya no es un rumor lejano, sino una realidad a las puertas de la ciudad. Su presencia ha elevado el tono de una jornada en la que la batalla ha dejado de ser una posibilidad para convertirse en un destino.

Todo queda, por tanto, dispuesto. Las tropas francesas se aproximan, la ciudad ha tomado partido y el pueblo ha aceptado el precio de su decisión. Logroño se encomienda a la Virgen de la Esperanza, afila su determinación y mira hacia sus murallas. En Santiago el Real, la historia ha vuelto a recordar este domingo que antes de la victoria hubo miedo, debate y una elección colectiva: resistir.

Fuentes consultadas por NueveCuatroUno aseguran que la primera acometida francesa tendrá lugar este mismo lunes, por lo que se recomienda a la población no desguarnecer a las tropas y, en caso de no sumarse a la defensa de la villa, mantenerse a salvo en sus hogares.


