Pilar Mazo.- Los jóvenes riojanos Marcos González Rueda, de 14 años, e Isabel Rueda Gómez, de 16, descendientes del municipio riojano de Brieva de Cameros, mantienen, con orgullo, un legado de sus abuelos de esquileo a tijera de las ovejas de esta pequeña localidad de montaña, ya que, como han relatado a EFE, es «una herencia a cuidar».
El Ayuntamiento de Brieva, con unos 38 habitantes empadronados, revive este sábado la XXIV Fiesta de la Trashumancia, una actividad pastoril declarada Bien de Interés Cultural por el Gobierno riojano, que, para estos dos menores, hay que mantener con orgullo porque aseguran que La Rioja no es solo viñedo, también es sierra.
La asociación cultural Brita, impulsada por jóvenes y descendientes de Brieva de Cameros, y su Ayuntamiento, han organizado esta fiesta, que trata de revivir el momento en el que, antaño, los pastores dejaban su tierra en busca de nuevos pastos.

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
Ambos menores, que cursan estudios de Secundaria en Logroño y que durante los fines de semana aprenden el esquileo en Brieva, protagonizan este sábado las demostraciones de la esquila a tijera a ovejas que forman parte de un rebaño municipal de la Escuela de Pastores de esta localidad.
Conectando con las raíces
Para Marcos González, este es su tercer año de participación activa en esta Fiesta de la Transhumancia, lo que significa «una forma de mantener viva una parte importante» de su historia familiar.
Reconoce que practicar el esquileo a tijera comenzó por curiosidad, ya que desde pequeño había oído muchas historias sobre la vida en el campo y el trabajo de los pastores, una actividad que practicaron sus dos abuelos, quienes dedicaron gran parte de su vida al cuidado de los rebaños.

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
Escuchar sus experiencias le hizo preguntarse cómo era realmente aquel oficio y cómo se realizaban trabajos tan importantes como la esquila, lo que le llevó a aprender y descubrir las técnicas y esfuerzo que había detrás de esta tradición, que, durante generaciones, formó parte de la vida de muchas familias.
También relata que, cuando esquiló por primera vez, comprendió que no solo estaba aprendiendo una habilidad, sino conectando con sus raíces, por lo que tanto él como su prima Isabel Rueda aprenden la actividad de dos esquiladores ya mayores que residen en Brieva.
Pese a ser su tercer año de demostración práctica en esta fiesta, sigue disfrutando de esta experiencia con la misma ilusión que el primer día e, incluso, le emociona pensar que, gracias a esta celebración, «muchas personas pueden conocer y valorar un trabajo que fue fundamental durante siglos».

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
Además, le gusta demostrar que la juventud puede interesarse por las tradiciones y contribuir a que no se pierdan con el paso del tiempo.
Legado y tradición
Su prima Isabel Rueda ha asistido otros años como espectadora, pero este año, por primera vez, ha cogido las tijeras y ha participado en la esquila del rebaño en esta localidad, a la que sube en fines de semana y que dice llevar en el corazón.
Admite que puede haber personas que se sorprendan de ver a una joven de su edad interesada en este oficio «tan tradicional y tan poco conocido», pero es algo que se entendería cuando explica que «la trashumancia no es una simple fiesta». «Es la historia de familias de pastores, de mi pueblo, y una forma de visibilizar esa forma de vida que algunas personas muy trabajadoras siguen adoptando», ha indicado.
Para ella, el esquileo a tijera es «inolvidable», aunque, al principio, se sienten nervios al tener que saberse la anatomía y las posturas adecuadas para que las ovejas se sientan más cómodas, el peso de las tijeras y el respeto al animal.

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
Reconoce también el trabajo de sus «profesores» -los esquiladores Ángel y Fermín- y familiares cercanos que, con paciencia y risas, le han enseñado y transmitido un legado.
Que sus manos participen esquilando en esta tradición, «rodeada del cariño de los cortezudos y cortezudas y del paisaje de Brieva», es, además, «una forma de decir que los jóvenes no olvidamos de dónde venimos y que el alma y los recuerdos de Brieva de Cameros siguen más vivos que nunca», ha subrayado.
Por su parte, la presidenta de Brita, Lucía Rueda, ha dicho a EFE que ver a jóvenes acercarse a estas tradiciones confirma que «las nuevas generaciones valoran sus raíces», dado que «la trashumancia es una herencia a cuidar y mantener». «Su interés por el esquileo a tijera y la vida de los pastores trashumantes demuestra que nuestro patrimonio sigue vivo», ha detallado.


