Cultura y Sociedad

Sierra Sonora goza en una «histórica» edición de primavera

En tiempos de grandes recintos, pantallas gigantes y festivales multitudinarios, Sierra Sonora ha vuelto a demostrar que la emoción también puede encontrarse en la pequeña escala. Durante tres días, Viniegra de Abajo se ha convertido en punto de encuentro para más de 500 personas que eligieron la sierra riojana para vivir la música desde la cercanía, el respeto y la conexión con el territorio.

La vigésimo cuarta edición del festival, celebrada este pasado fin de semana, estuvo marcada por el buen tiempo, la inauguración de un nuevo recinto de conciertos en plena naturaleza y una convivencia ejemplar que volvió a convertirse en una de las señas de identidad del evento.

El silencio durante las actuaciones, el respeto hacia los artistas y el entorno y el ambiente de convivencia vivido durante todo el fin de semana reflejaron, una vez más, la singularidad de una cita que continúa creciendo sin perder su esencia.

El perfil de los asistentes confirma además el alcance que ha adquirido Sierra Sonora más allá de La Rioja. Cerca del 70 por ciento del público llegó desde otras comunidades autónomas, principalmente País Vasco, Navarra y Madrid, atraído por una propuesta cultural que combina música, patrimonio, naturaleza y experiencias ligadas al mundo rural.

Uno de los momentos más especiales del fin de semana fue la actuación de la artista mexicana Silvana Estrada. En plena gira europea, con conciertos programados en algunas de las principales ciudades del continente, la cantante hizo parada en Viniegra de Abajo para ofrecer uno de los conciertos más esperados de la edición. Una actuación que volvió a evidenciar la capacidad de Sierra Sonora para acercar artistas de primer nivel internacional a un pequeño municipio rural y generar experiencias irrepetibles gracias a la cercanía entre público y artistas.

La dimensión de escapada que caracteriza al festival volvió a reflejarse también en las cifras de alojamiento. Más de la mitad de los asistentes permanecieron en el municipio durante todo el fin de semana. Las zonas habilitadas por la organización acogieron alrededor de 90 furgonetas y autocaravanas y cerca de 70 tiendas de campaña, convirtiendo el festival en una auténtica experiencia de inmersión en el territorio.

La programación paralela volvió a ser uno de los grandes atractivos del evento. Los jardines de Casa Montero, uno de los principales exponentes del patrimonio indiano de Viniegra de Abajo, se consolidaron como uno de los espacios más especiales del festival, acogiendo buena parte de las actividades y conciertos diurnos. Un entorno privilegiado que permitió a los asistentes descubrir una parte fundamental de la historia y la identidad del municipio.

La inauguración del festival contó con la participación de Fundación Oxígeno, que ofreció un taller dedicado a reflexionar sobre la trashumancia en el siglo XXI y la vigencia de esta práctica ligada históricamente al territorio.

Como ya es tradición, el freetour guiado por las calles de Viniegra de Abajo reunió a cerca de un centenar de personas interesadas en descubrir el patrimonio, la historia y los secretos del municipio.

La gastronomía volvió a desempeñar un papel protagonista dentro de la experiencia Sierra Sonora. Un total de 300 personas participaron en la caldereta popular organizada por los vecinos y las vecinas de Viniegra de Abajo, una comida colectiva cuyos beneficios se destinarán a impulsar diferentes acciones sociales en el municipio.

El cierre del festival estuvo igualmente marcado por la conexión entre cultura y territorio. La ruta senderista celebrada el domingo en colaboración con Pasea La Rioja permitió recorrer el camino entre Viniegra de Abajo y Ventrosa de la Sierra acompañados por música, tradición e interpretación del paisaje, ofreciendo una forma diferente de acercarse al patrimonio natural y cultural de la comarca.

Como broche final, la bailarina Laura Morales presentó su obra La nueva bestia, una propuesta escénica inspirada en la experiencia de la trashumancia y la vida pastoril que puso el punto final a una edición especialmente significativa para el festival.

Veinticuatro ediciones después, Sierra Sonora continúa creciendo sin perder aquello que le dio sentido desde el principio: demostrar que la cultura de calidad también puede nacer, desarrollarse y emocionar desde un pequeño pueblo de la sierra riojana.

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