La investigación universitaria ya no se mide solo por lo ocurrido dentro de un laboratorio o por los artículos que acaban publicados en revistas especializadas. Cada vez, su valor se observa en la capacidad de anticiparse a los problemas sociales, acercar el conocimiento a la ciudadanía y ofrecer soluciones útiles al entorno más cercano.
En esta dirección se mueve UNIR, que acaba de lograr un doble reconocimiento en convocatorias competitivas a nivel nacional: cuatro proyectos concedidos por la Dirección General de Ordenación del Juego para investigar sobre el juego responsable y riesgos digitales y el respaldo de la Fundación Españoa para la Ciencia y la Tecnología al proyecto OASIS, una iniciativa de divulgación científica vinculada a la astronomía y las ciencias del espacio.
Dos campos aparentemente alejados, el cielo y el juego online, pero que comparten un mismo objetivo: que la investigación no se quede encerrada en el ámbito académico, sino que llegue a los jóvenes, a las familias, a los docentes, a las empresas y al conjunto de la sociedad.

Javier Cortés, director del Servicio de Investigación de UNIR, explica que OASIS es una iniciativa en la que la universidad lleva trabajando «durante bastante tiempo» y cuyo objetivo principal el «promover e incentivar las inquietudes científicas en estudiantes tanto de Secundaria como de Bachillerato en temas relacionados con la astronomía y las ciencias del espacio». En este caso la idea no pasa solo por hablar del cosmos, sino hacerlo cercano y accesible para alumnos que quizás perciben la investigación espacial o como algo lejano e inalcanzable.
Este proyecto busca ofrecer a los estudiantes «una visión realista y cercana tanto desde un punto de vista científico como técnico y divulgativo y, además, mostrarles cómo se diseñan y ejecutan observaciones astronómicas en remoto, es decir, a distancia, en tiempo real y con una conexión a internet». Y precisamente este es uno de los puntos diferenciadores de esta iniciativa: convertir una disciplina que muchas veces se asocia a grandes observatorios o centros especializados en una experiencia que pueda vivirse desde el aula.
El contexto riojano añade, además, un aliciente especial. Cortés recuerda que «este verano vamos a tener aquí en La Rioja uno de los mejores lugares para poder avistar el eclipse», una circunstancia que puede servir como punto de partida para despertar vocaciones científicas. Y es que, como bien destaca el director, «lo que ocurre en el cielo puede convertirse en una puerta de entrada a la curiosidad, al método científico y a la carrera investigadora.

El proyecto OASIS se estructura en tres grandes bloques de actividades. En primer lugar, el diseño de propuestas para que los propios alumnos aprendan a planificar una observación astronómica, escogiendo el objeto y preparando la observación para obtener un producto básico a partir de los datos adquiridos. En segundo lugar, la capacitación de docentes y estudiantes mediante sesiones online y talleres presenciales. Y, por último, la realización de sesiones de observación astronómica, planificadas por los alumnos y supervisadas por sus profesores y miembros del proyecto.
«Queremos que puedan, mediante telescopio, observar y operar en modo remoto y aprender de este mundo de la astronomía y las ciencias del espacio», explica Cortés. Lo que más suele atraer a los jóvenes es precisamente lo desconocido, por eso el espacio despierta fascinación, pero también distancia. Precisamente por esto, «uno de los retos es que los estudiantes no lo vean como algo inalcanzable, sino un un ámbito al que pueden acercarse e incluso dedicarse en el futuro si descubren su pasión ahí.
El juego responsable
La otra gran línea que ha situado a UNIR en el foco nacional es su resultado en la convocatoria del Ministerio de Consumo vinculada al juego responsable. La universidad ha obtenido cuatro proyectos, lo que, según Cortés, la convierte en «la mejor universidad, tanto pública como privada de España» en esta convocatoria. Para UNIR, este resultado reafirma su apuesta por una investigación «de excelencia» y centrada en áreas estratégicas «alineadas con las prioridades nacionales y con las demandas de la sociedad tanto riojana como nacional».
El juego responsable se ha convertido en un campo especialmente sensible en un contexto marcado por la digitalización, el acceso temprano de los menores a entornos online, la expansión de las apuestas y la aparición de nuevos riesgos vinculados al ocio digital. Los cuatro proyectos concedidos a UNIR abordan el fenómeno desde perspectivas complementarias: la lucha contra el fraude, el análisis del discurso social sobre la ludopatía, la protección de menores y el estudio de los riesgos del juego en adolescentes.

Uno de ellos se centra en la lucha contra el fraude, un ámbito que, según Cortés, «abarca prácticamente a toda la sociedad». Otro analiza, con herramientas como la inteligencia artificial, «cómo se construyen estas figuras de la ludopatía, el ludópata» y cómo se produce la estigmatización de estas personas. Las otras dos líneas ponen el foco en los menores: por un lado, en su protección; por otro, en los riesgos que puede tener el juego cuando se aborda de forma errónea durante la adolescencia.
Cortés advierte de que cada vez aparecen más señales de inicio temprano en el ámbito del juego. «Tenemos estadísticas y noticias cada día que vemos que cada vez hay una edad más temprana en la que nuestros menores se inician en el ámbito del juego, lo cual es bastante preocupante». Por eso, una de las claves es anticiparse. «UNIR ha demostrado una notable capacidad de anticipación. Nos hemos preparado con rigor para dar respuesta a retos emergentes como es el caso del juego responsable».
La universidad insiste en que investigar no es suficiente si ese conocimiento no se transfiere. Cortés defiende que UNIR quiere ser vista por la sociedad riojana, las empresas y el tejido empresarial como «un actor clave en la generación de soluciones innovadoras, útiles y transferibles». Es decir, como una institución capaz de contribuir a resolver problemas sociales, industriales y técnicos.
En ese mapa, La Rioja ocupa un lugar central. Cortés subraya el «compromiso firme» de UNIR con el desarrollo de la región y con la transferencia de conocimiento al tejido empresarial riojano. «Todos los proyectos comparten un objetivo en común: avanzar hacia una investigación aplicada, capaz de materializarse en productos, procesos o servicios».


