Dicen que el pesimista se equivoca igual, pero que lo pasa peor. Yo, por desgracia, y no con demasiados motivos, lo soy.
Con el partido de este sábado tengo bastante más miedo que ilusión. Lo tengo, primero, por mi naturaleza y, segundo, porque siento que el club ha construido una cultura, una identidad y una estructura muy bonita de manera orgánica y paulatina, la cual necesita, para consolidarse, este ascenso. Es lo que tiene el fútbol: puedes hacer las cosas muy bien o muy mal, que lo principal es que entre la ‘pelotita’, principalmente al primer equipo. Ese componente de locura es lo que hace al fútbol el deporte más seguido del mundo, y lo que me hace sufrir más de la cuenta por lo que se viene.
Hay gente que, debido a mi profesión [representante de futbolistas], no entiende que me posicione de tal manera a favor de la UD Logroñés; incluso he tenido colegas de profesión o gente del mundo del fútbol que me lo ha criticado o se lo ha susurrado a gente de otros clubes con cosas en mi contra por ello. No me importa demasiado: la gente que me conoce sabe que siempre voy a anteponer el bien de la gente con la que trabajo. Pero es cierto que, cuando voy a otras ciudades como Burgos, Córdoba, Vitoria… y veo lo que tienen -ese objetivo común de la ciudad, esos planes con familia y amigos con la excusa del fútbol y esa unión con tus vecinos por un bien tan banal pero a la vez tan pasional como es este deporte-, siento mucha envidia.
Creo que la UD Logroñés tiene un techo altísimo: tiene estabilidad económica, masa social, ciudad deportiva, cantera, gente muy valiosa en sus despachos, un grandísimo cuerpo técnico y jugadores con los que seguir creciendo. Siento que el partido de este sábado es un impulso necesario para dar pasos hacia delante, de los de verdad.
Ojalá Logroño sea una ciudad muy feliz este sábado por la noche.


