Mentes Abiertas

El salto al mercado laboral: cuando la universidad termina y empiezan las dudas

Acabar la universidad suele contarse como una conquista. La orla, la graduación, las fotos, los abrazos y esa sensación de haber llegado al final de un camino largo. Pero, cuando se acaban los aplausos y las felicitaciones, aparece una pregunta tan sencilla como enorme: ¿y ahora qué?

Este es el punto de partida del nuevo episodio de Mentes Abiertas (disponible en Ivoox, Spotify y Apple Podcast), centrado en la salud mental de los universitarios que terminan sus estudios y se enfrentan al salto hacia el mercado laboral, una transición que no siempre se vive con la alegría que desde fuera se presupone. El programa ha reunido a Ana Ciarreta, psicóloga y profesora de la Universidad de La Rioja; Neus Caparrós, trabajadora social y también profesora de la UR; y Ana López, estudiante de Trabajo Social a punto de graduarse.

Las tres invitadas han coincidido en que cuando desaparecen los horarios, las clases, los exámenes y esa estructura que, con más o menos presión, ordenaba la vida universitaria, llega la búsqueda de empleo, las prácticas, los másteres, las oposiciones, la comparación con otros compañeros y la sensación de no estar suficientemente preparado. «Se acaba una etapa y se empieza otra, y toda nueva etapa siempre es de incertidumbre, tanto en positivo como en negativo», explica Neus, que resume ese momento con una pregunta que pesa mucho más de lo que parece: «¿A dónde voy?».

Ana López, que está ya en la recta final de la carrera, reconoce esa mezcla de vértigo, ilusión y despedida. «Es un momento de mucha incertidumbre, de saber que te va a cambiar todo». A esa inquietud se suma también el duelo por lo que termina, como el decir adiós a compañeros con los que has establecido muchas amistades y, sobre todo, enfrentarse al reto de «poner en práctica todo lo que hemos aprendido en la carrera». Porque una cosa es estudiar y otra muy distinta es descubrir cómo se aplican esos conocimientos cuando uno entra en una oficina, una entidad, una redacción, un laboratorio o cualquier primer puesto de trabajo.

Para Ana Ciarreta, el cambio principal está en el paso de una etapa estructurada a otra que exige más autonomía. «El estudiante pasa de una etapa más guiada a otra donde tiene que tomar decisiones él solo». Esa incertidumbre no tiene por qué leerse solo en negativo. También forma parte del desarrollo de herramientas personales importantes para la vida adulta: aprender a afrontar la duda, pedir ayuda cuando se necesita o desarrollar flexibilidad psicológica. «Aprender a afrontar ese desasosiego también forma parte de la vida adulta».

El golpe de realidad llega cuando el primer empleo no se parece demasiado a lo imaginado. La expectativa de salir de la universidad y empezar por fin «lo de verdad» choca a menudo con trabajos precarios, tareas inesperadas o entornos para los que nadie había preparado del todo al estudiante. Ciarreta advierte de que socialmente se asocia el éxito a trayectorias !rápidas, claras y bien definidas», cuando la realidad laboral suele ser «más cambiante y más dinámica». Por eso, cambiar de rumbo necesita tiempo y «tener dudas no debería verse como un fracaso, sino como parte del proceso de construcción profesional».

Esa distancia entre lo esperado y lo real puede doler. Caparrós Admite que una mala primera experiencia laboral puede convertirse fácilmente en inseguridad personal: «Te lo llevas a lo personal: no valgo, no sirvo, esto no era lo mío». Sin embargo, insiste en que la clave está en las herramientas de afrontamiento, en los espacios seguros y en la capacidad de distinguir entre un tropiezo laboral y una incapacidad propia. «No lo sé todo, tengo que seguir aprendiendo», plantea como una actitud necesaria para salir al mercado laboral sin exigir al primer empleo que confirme o destruya toda una vocación.

Ana López lo explica desde su propia experiencia con una imagen muy gráfica. Ella compaginó estudios y trabajo, y al principio tuvo esa sensación de que todo le venía grande. «Sales, apareces como un pollito y luego vas avanzando». Y en esos pasos al frente son muy necesarias las preguntas. «Yo me di cuenta de que hay que preguntar aunque tengas miedo, aunque parezcas pesado o poco preparado. Si tienes dudas, preguntas. A veces pesa más el malestar de quedarse callado que la vergüenza de pedir ayuda. «Si quedas como pesada, quedas como pesada, pero por lo menos ya no tienes la duda».

En este episodio también hemos abordado uno de los regresos más complejos: volver a casa después de haber vivido fuera. Para muchos estudiantes, terminar la universidad implica regresar al hogar familiar mientras aparece un empleo, se prepara una oposición o se decide el siguiente paso. Caparrós reconoce que puede ser una situación dura. «Después de haber llevado cuatro años otro ritmo de vida, otras libertades, otras maneras de hacer, volver a casa cuesto pero claro, depende de lo que represente volver a casa». Ciarreta recuerda que no todos los jóvenes parten del mismo punto: influyen la historia personal, las relaciones familiares, el apoyo social y el contexto económico. Por eso cita Ortega y Gasset: «Yo soy yo y mis circunstancias».

Frente a esa etapa de dudas, las invitadas defienden el papel de la universidad como algo más que un espacio de formación académica. Caparrós recuerda que la Universidad de La Rioja cuenta con unidades como UR Integra o UR Atiende, y avanza la puesta en marcha de UR Bienestar, un recurso que busca aglutinar el acompañamiento al alumnado. «El ánimo es hacer ese acompañamiento al alumnado. Los profesores pueden orientar, detectar fragilidades y acompañar, pero nunca podemos sustituir una figura familiar».

Ciarreta anade que la universidad también es un lugar donde se desarrollan herramientas emocionales y personales. No se trata solo de intervenir cuando hay un problema, sino de fortalecer factores de protección como el apoyo social, la autoestima, el sentido de pertenencia, la comunicación o el pensamiento crítico. «Cuidar significa también preparar a los jóvenes para desenvolverse ante los avatares de la vida».

Y quizá por eso una de las respuestas más sencillas del programa es también una de las más reveladoras. ¿Qué hacer con un estudiante que dice no estar preparado, que no sabe por dónde empezar? Caparrós contesta rápidamente: «Me lo llevo a tomar un café para hablar, ordenar el pensamiento, verbalizar el miedo y desmenuzar por qué alguien cree que no puede». Ciarreta lo formula en términos psicológicos: «Muchas veces el malestar no viene solo de lo que ocurre, sino de la interpretación y del relato interno que cada uno construye sobre lo que está viviendo».

Tras la charla, las tras coinciden en que terminar la universidad no significa tener la vida resuelta. No implica encontrar trabajo a la primera, independizarse de inmediato ni cumplir una idea perfecta de éxito. Y destacan que «sentirse perdido no es fracasar, pedir ayuda no es una debilidad, volver a casa no tiene por qué ser un paso atrás y avanzar más despacio que otros no significa quedarse atrás».

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