El recuerdo puede que ya sea vago, quizás solo al alcance de los muy cafeteros. Recuerdo que habrán desbloqueado en cuanto ha salido el rival de la UD Logroñés en la final por el ascenso (ida: domingo, 19:00 horas, en Las Gaunas; vuelta, sábado, 29 de mayo, 19:00 horas). Los riojanos se jugarán el ascenso a Primera Federación frente al San Sebastián de los Reyes (que enviará a Logroño 400 entradas para el partido de vuelta, que se jugará el sábado 30 de mayo a las 19 horas), segundo clasificado del Grupo V (70 puntos) e igualado a puntos con el ascendido Rayo Majadahonda. Únicamente el ‘golaveraje’ particular ha separado a los de Matapiñonera de ascender directo, lo que describe a la perfección su fortaleza.
Tiempo atrás, allá en Matapiñonera, entre centros comerciales y oficinas anodinas ocupadas por empresas anónimas, jugó una primera vez la UD Logroñés. Enrolada entonces en la vieja Segunda B, la entidad agonizaba a lo largo de una temporada de caerse de espaldas. Cerca, en Navalcarnero, Carlos Pouso daba un paso atrás. Y decidía diez días después que Rafa Berges cogiera el relevo del primer banquillo riojano. Ese equipo que casi muere en Socuéllamos se acabó de caer en Las Gaunas ante el Albacete (3-4) para situare lo más cerca que ha estado nunca en su vida del descenso a Tercera.
Aquel 26 de marzo de 2017 debutaba oficialmente Sergio Rodríguez como primer entrenador de la UD Logroñés -el 0-4 en Valdebebas y el empate ante la Real B fue en interinidad mientras Pouso buscaba a su propio sustituto- y lo hacía en Matapiñonera. Un equipo que no le ganaba a nadie superó 1-2 al Sanse, en el primer partido del nuevo entrenador que un par de temporadas más tarde -junto a Carlos Lasheras- conseguiría el ascenso a Segunda División. Ese último fin de semana de marzo, en Matapiñonera debutaba además Coulibaly, que fue una bendición en tiempos de sequía. Volvió a correr el agua, con siete victorias en esos últimos ocho partidos. Aquel equipo optó a meterse en un nuevo playoff de ascenso, en una reacción que solo Urritxe y el Amorebieta -otra vez- pararon de forma abrupta.
Matapiñonera y el Sanse fueron el inicio de una historia con final feliz. Ahora, un lugar clave en este nuevo salto que intenta dar el club riojano.
Un rival formidable
Mucho ha llovido desde aquella primera vez. Casi una vida deportiva. También para un Sanse que se ha visto en mejores momentos. Los madrileños quieren ponerse de nuevo en pie, como la UD Logroñés, a quien le espera un rival formidable durante esta temporada, con la obligación además de tenerles que ganar para ascender, al estar peor clasificados.

FOTO: UD Sanse
Los de Manolo Sanlúcar son, probablemente, uno de los rivales más completos de toda la Segunda Federación. A falta de dos jornadas para el final del campeonato, eran líderes, pero su derrota por 0-3 ante un Real Madrid C en la jornada 33 les privó de ese premio del ascenso directo. En la última jornada regular, vencieron al Tenerife B (1-3), pero necesitaban un tropiezo del Rayo Majadahonda que no llegó. Así pues, se vieron obligados a jugar un playoff donde les tocó el Alcoyano, quinto del Grupo III. En la ida, vencieron por 0-2 en Alcoy y en la vuelta, remataron su pase con un 1-1 en su feudo. Así se han plantado en la final.
Es difícil resumir las virtudes de un equipo cuyos números destacan por sí solos. El bloque madrileño es un visitante formidable (38 puntos, los mismos que la UD Logroñés en Las Gaunas), el mejor de su grupo (como los riojanos), con solo tres derrotas en toda la liga (al igual que los de Mendia). La última, el 2 de noviembre, ante el Conquense (1-0). Como locales, es cierto que bajan un punto (32 puntos) y esos tropiezos en su campo, siete empates y cinco perdidos, les ha costado el ascenso. Aun así, se trata de un conjunto muy sólido atrás (28 goles en contra) y con números, aunque modestos comparados con la espectacularidad de la UD Logroñés (77 dianas entre liga y playoff), nada despreciables en ataque (54 goles).
A falta de un súper goleador, el mediapunta Mario Gónzalez (10), los extremos derechos Fer Ruiz (9) y Vander (7), más el delantero centro Fernando Harta (6) lideran una contribución ofensiva repartida. Más allá de las cifras, el vestuario del Sanse se encuentra repleto de jugadores con experiencia en el fútbol modesto. Entre ellos, destaca el portero Alberto Lejárraga, de 33 años. Este guardameta resulta de infausto recuerdo para los aficionados de la UD Logroñés, pues defendió la zamarra del Marbella en aquella final por el ascenso de la 2023/24. Desgraciadamente, los hombres entrenados entonces por Diego Martínez no pudieron marcar un solo tanto a los malagueños.
Otro futbolista con pedigrí es el mediapunta donostiarra Eneko Capilla, quien llegó a disputar tres encuentros de Primera con la Real Sociedad, además de otros 33 en Segunda con el Numancia. Pasó además, por el Calahorra, en la segunda parte de la 2023/24. Para sujetar el orden defensivo, baluartes como los centrales César Llopis (3.076 minutos jugados) y Marvin (2.743) lideran el eje de la zaga. Además, el mediocentro Pablo Olivares es muy importante para Sanlúcar. Ha superado los 2.700 minutos y ha aportado tres tantos en lo que va de campaña. Son algunas de las muchas armas que tiene un rival de nivel, a la altura de toda una final por el ascenso.


