Las obras de la plaza de la Constitución de Calahorra encaran ya su recta final. Tenían un plazo de ejecución de ocho meses, comenzaron en enero y, sobre el papel, deberían haberse prolongado hasta septiembre. Sin embargo, la recepción de los trabajos llegará en unos días (según las previsiones, el nuevo espacio estará listo antes de que entre el verano). La remodelación, eso sí, no ha pasado precisamente desapercibida: primero por la tala completa del arbolado, después por los daños sufridos en la escultura ‘Liberpaz’ y, ahora, por las primeras impresiones de los vecinos, que mezclan alivio, curiosidad y alguna preocupación.
En el entorno de la plaza se respira ya cierta expectación. Las vallas han empezado a abrirse en algunos puntos, los peatones pueden atravesar parte del espacio y los coches de las bajeras han recuperado el acceso. «Se está haciendo todo muy rápido, no sabemos cuándo abrirán, pero de momento han abierto un paso para poder pasar los peatones y los coches de las bajeras ya pueden entrar”, comenta un vecino. La sensación general, al menos entre buena parte de los residentes, es positiva. La plaza, coinciden, estaba muy deteriorada y necesitaba una intervención profunda. Ahora aparece más abierta, más uniforme y con una nueva configuración que busca convertirla en un lugar de estancia. «Además nos han quitado los contenedores de la zona, ha quedado preciosa», muestra una de las vecinas de la zona.

El cambio, sin embargo, también tiene sus matices. La desaparición del antiguo aparcamiento ha transformado por completo la imagen de la plaza, que queda ahora a una misma altura. También se han plantado magnolios, llamados a sustituir la sombra de los árboles talados. Pero no todos miran ese relevo vegetal con el mismo entusiasmo. «Hay mucha menos sombra, aunque entendemos que irán creciendo”, apunta otra. El resultado a otra le genera ciertas dudas, especialmente por la ubicación de los juegos infantiles: «Me da un poco de miedo por los críos; los columpios justo dan a la zona por donde pasan coches y no a la más interior, que hubiese sido más seguro».
La obra llega al final después de varios meses de trabajo. Uno de los momentos más delicados se produjo cuando los vecinos se despertaron con la tala de los árboles de la plaza. En un primer momento se retiraron los ejemplares situados en las aceras, tal y como contemplaba el proyecto inicial. Después, sin embargo, las máquinas acabaron también con una decena de castaños de más de tres décadas cuya eliminación no estaba prevista en los primeros planes. El Ayuntamiento justificó la decisión por criterios técnicos: un informe fechado el 4 de febrero advertía de que los trabajos obligaban a levantar el pavimento a una profundidad mínima de 60 centímetros, afectando al sistema radicular y comprometiendo la estabilidad de los ejemplares.

A esa controversia se sumó después la escultura ‘Liberpaz’, obra del artista riojano Óscar Cenzano e instalada en la plaza desde 1987. Primero se desprendieron las manos de la figura, un daño que el Ayuntamiento atribuyó a las vibraciones de la maquinaria durante la retirada del pavimento. Después, los vecinos encontraron la pieza tumbada en el suelo, junto a varios montones de escombros, una imagen que alimentó de nuevo la inquietud.


