Hay ciudades que entienden el fútbol como un espectáculo. Y hay otras, como Logroño, que lo viven como una ceremonia. Por eso este sábado, horas antes de que la UD Logroñés se juegue el pase a la final del playoff de ascenso ante el Getafe B (20:15 horas), cientos de aficionados volverán a echarse a la calle para participar en un corteo que ya forma parte de la manera logroñesa de vivir los partidos importantes.
Porque un corteo no es únicamente una marcha de aficionados camino del estadio. Es ruido, bufandas, cánticos y un espacio público compartido. Es ocupar la calle para dejar claro que pasa algo importante. Que la ciudad se juega mucho más que un partido de fútbol. Que Las Gaunas vuelve a latir como en aquellas tardes grandes en las que Logroño se detenía unas horas alrededor de un balón.

FOTO: Riojapress.
La convocatoria de este sábado mantiene la quedada de aficionados a las 16:00 horas en el Parque Gallarza. Desde allí partirá a las 17:15 horas el corteo rumbo a Las Gaunas. Esa será finalmente la programación definitiva después de que la organización suspendiera la ‘fanzone’ prevista junto al estadio «por diferentes motivos», sin ofrecer más detalles, aunque el más importante ha sido por la falta de permisos municipales para su celebración.
El recorrido conecta inevitablemente con la memoria colectiva de varias generaciones de aficionados. Porque mucho antes de que la palabra corteo llegara al vocabulario futbolero moderno, Logroño ya sabía lo que era caminar juntos hacia el fútbol. Lo hacían miles de personas cuando el extinto CD Logroñés jugaba en Primera División y las calles próximas a República Argentina se convertían en una riada blanquirroja que desembocaba en Las Gaunas entre bares llenos, bocinas y olor a puro día grande.

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Aquello tenía algo de ritual popular. Familias enteras subiendo andando -como hoy- hacia el estadio. Cuadrillas deteniéndose en el Gallarza. Padres llevando de la mano a hijos que descubrían por primera vez lo que significaba un domingo de fútbol en la ciudad. Y precisamente ahí conecta el corteo actual con aquella tradición: en la necesidad de convertir el partido en algo colectivo.
La UD Logroñés ha encontrado además en este tipo de recibimientos una forma muy propia de expresar su crecimiento social. Ya ocurrió ante el Hércules en una de las imágenes más potentes que se recuerdan en los últimos años en el entorno blanquirrojo, con el autobús del equipo atravesando un pasillo humano de aficionados entre humo rojo y cánticos. Aquella tarde dejó claro que el club había conseguido construir algo que va mucho más allá de los resultados.

Corteo de los aficionados de la UD Logroñés ante el Marbella.
Había habido otros ensayos, como contra el Badajoz o el Sevilla Atlético. El último y quizás más masivo fue en la final ante el Marbella hace justos dos años. Y ahora es el Getafe B. Cada partido importante ha ido reforzando esa sensación de pertenencia alrededor de un club que ha conseguido consolidarse como el gran referente deportivo y social de La Rioja. Ningún otro mueve a tanta gente siempre que es necesario.
La ciudad sigue aprendiendo a convivir con las heridas del pasado futbolístico e intenta construir una nueva identidad alrededor de la UD Logroñés. Sin renunciar a lo vivido. Sin olvidar lo que fue el viejo Logroñés. Pero entendiendo también que el fútbol logroñés necesita nuevos recuerdos para seguir avanzando.
Y eso es precisamente lo que volverá a ocurrir este sábado por la tarde. Cuando cientos de personas se reúnan en Gallarza y comiencen a caminar juntas hacia Las Gaunas. Antes de que ruede el balón, el partido ya habrá empezado en las calles de Logroño.


