El mapa del vino riojano se mueve desde hace semanas, y lo hace con nombres muy riojanos a ambos lados de la mesa. Bodegas Riojanas, una de las casas históricas de Cenicero —fundada en 1890 y cotizada en las bolsas de Madrid y Bilbao—, ha encontrado un salvavidas para evitar el concurso de acreedores. El comprador es Vintae, a través de su sociedad cabecera Gevisa Wine Capital: el grupo logroñés que en poco más de dos décadas se ha convertido en uno de los actores más dinámicos del vino español.
El plan, suscrito este viernes y comunicado a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), supone que Vintae se hará con el noventa por ciento del capital de Bodegas Riojanas, dejando a los actuales accionistas con un diez por ciento. La operación incluye también a las filiales del grupo, Bodegas Torreduero (Toro) y Bodegas Viore (Rueda), por lo que el alcance va mucho más allá de Rioja.
La situación no ha pillado por sorpresa al mercado. El grupo ya comunicó en febrero al Juzgado de Primera Instancia número 6 de Logroño que se encontraba en situación de insolvencia. Y, lo que es más revelador, la mayor parte de la deuda que ahora se reestructura procede del anterior intento de salvamento, el de 2024, que no terminó de funcionar. En román paladino: el balance se saneó hace dos años, pero el negocio no acompañó, y el agujero ha vuelto a abrirse.
Detrás de la operación hay una nómina larga de acreedores que da idea del tamaño del problema: Santander, CaixaBank, BBVA, Sabadell, Abanca, Kutxabank, Ibercaja, Caja Laboral, varias cajas rurales —Navarra, Aragón, Zamora, Cajamar—, Iberaval, el Banco de Crédito Social Cooperativo y la plataforma MytripleA. Entre todos suman una mayoría sobrada para sacar adelante el plan al amparo de la Ley Concursal.

El esquema es el habitual en este tipo de rescates desde la reforma concursal de 2022. A los bancos se les ofrecen dos caminos: vender ahora sus créditos a Vintae con un descuento y olvidarse del expediente, o quedarse dentro aceptando una quita y refinanciando el resto a 5 y 10 años. Los créditos que compre Vintae no los cobrará en dinero: los convertirá en acciones, y por esa vía se hará con el control de la sociedad. A esto se suma una línea de financiación nueva que el propio inversor aportará para que las bodegas puedan seguir operando con normalidad mientras se ejecuta el plan de viabilidad 2026-2031.
Los actuales accionistas —familias riojanas con décadas en el capital— saldrán muy diluidos, sin derecho de suscripción preferente sobre las nuevas acciones. El consejo de administración ha valorado el plan «de forma unánime y positiva» y convocará junta para someterlo a votación, aunque el margen real para frenar la operación es estrecho: la ley permite al tribunal imponerlo si los acreedores lo respaldan, como es el caso.
«Una apuesta por nuestra tierra»
Al frente de la operación está Richi Arambarri, CEO y artífice de la transformación de Vintae desde que tomó las riendas de la compañía en 2008. En declaraciones a NueveCuatroUno, Arambarri ha enmarcado la operación más en clave patrimonial que financiera: la principal motivación, asegura, es «preservar el patrimonio de Rioja, una herencia que no podemos dejar perder y de la que debemos responsabilizarnos como riojanos y como bodegueros». Y reconoce el momento delicado que atraviesa la denominación: «Rioja vive un momento de mucha incertidumbre, pero somos conscientes de la importancia histórica de una casa centenaria como Bodegas Riojanas, fundadora de la denominación, con marcas de renombre que pusieron Rioja en el mapa internacional del vino».
El CEO de Vintae no esconde la dimensión del desafío. «Somos una empresa joven y hacernos cargo de una bodega centenaria es un sueño que esperamos hacer realidad», afirma, convencido de que el grupo es capaz de «devolver el prestigio que la bodega y sus marcas tuvieron durante décadas». La integración, admite, «será un camino tan exigente como ilusionante». Detrás del tono emocional del mensaje hay una lectura empresarial nada menor: una bodega de dos décadas, conocida por su carácter inquieto e innovador, asume la gestión de un patrimonio fundacional del Rioja moderno. El reto de encajar dos culturas corporativas tan distintas no es trivial, y será una de las claves para que la operación funcione más allá del rescate financiero.
Más allá del drama societario, la operación tiene una lectura industrial que interesa especialmente a la región. Vintae no es un fondo financiero desembarcando para hacer caja: es una bodega riojana, con sede en Logroño, que se ha hecho un nombre dentro y fuera de España con proyectos como Hacienda López de Haro, Viñedos El Pacto, Matsu, Bardos, Le Naturel o Pandemonium, y presencia en una decena de denominaciones de origen.

Que el comprador sea un operador del sector, conocedor del negocio y con red comercial propia, es una garantía industrial muy distinta a la que ofrecería un inversor puramente financiero. El plan contempla expresamente el mantenimiento del empleo y de la operación del grupo, y un plan de negocio a cinco años. La continuidad de las marcas históricas —Monte Real, Viña Albina, Puerta Vieja, referentes del Rioja clásico— parece, por tanto, asegurada.
Para el mapa empresarial riojano, el movimiento es de calado: una bodega centenaria cotizada pasa a manos de un grupo regional emergente, consolidando en La Rioja un polo bodeguero de tamaño relevante. En un sector golpeado los últimos años por la caída del consumo, la presión de costes y el cambio de hábitos del consumidor, este tipo de concentraciones se irán viendo más a menudo.
Calendario
El plan se presentará en los próximos días ante el Juzgado de Logroño para su homologación. Los acreedores que aún no han firmado tienen hasta el 15 de junio para adherirse. Si nada se tuerce —y en este tipo de procesos siempre cabe alguna impugnación—, antes del verano Rioja tendrá un nuevo gigante del vino con capital propio, y Bodegas Riojanas seguirá cotizando, ahora con un accionista de referencia muy distinto al de los últimos 135 años.


