Agricultura

La herencia de una vida de campo

Los hermanos Carlos y Óscar Ruiz apuestan por la diversificación de cultivos para mantener la explotación que inició en su día su abuelo Celedonio

Los hermanos Carlos (izquierda) y Óscar Ruiz junto a su abuelo Celedonio Ruiz, en Aldeanueva de Ebro. | Fotos: Leire Díez

El padre de Celedonio Ruiz (1937, Aldeanueva de Ebro) fue el primero en traer una cosechadora para cereal a su pueblo natal en la década de los 50. Una Fiat italiana sin tolva que funcionaba con sacos. Después fue Celedonio quien compró su primera cosechadora, una más moderna, porque había que renovar la flota conforme la explotación ganaba superficie. Durante años no solo cubrió la siega en la localidad riojabajeña, sino que su campaña continuaba hacia La Rioja más occidental pasando por tierras de Ocón, Agoncillo y llegando hasta Grañón. Una cosechadora que condujo hasta Lérida, «porque allí tenía campo un vecino de la Aldea».

Lo mismo ocurrió con ese Fiat «colorado», modelo 80 66, que sus nietos Carlos y Óscar Ruiz todavía conservan hoy en día. Él lo compró para la viña, «porque entonces ya se plantaban más anchas», pero ahora la nueva generación lo usa para cargar las barcas de alcachofas porque de las viñas ya se encargan dos New Holland, el último comprado hace ocho años. A la flota de maquinaria se suma otro John Deer y también una vendimiadora Pellenc 4420, sin contar el resto de aperos necesarios para las labores.

La maquinaria agrícola evoluciona al mismo ritmo que lo hacen los cultivos y en un San Isidro más, a sus 90 años, el abuelo Celedonio recuerda en los micrófonos del podcast La Voz del Agro esa evolución en su propia familia, donde al cereal también le llegó su fin pese a haber sido el principal cultivo de sustento. «Hace unos 30 años quitamos la cosechadora. Empezó a subir todo, el abono, el gasoil, la maquinaria,… Recuerdo que en el año 72 vendimos bastantes vagones de cebada y nos los pagaron a 22 pesetas, que es a lo que está ahora o incluso está más barato. El cereal dejó de ser rentable ya con la entrada del euro, mientras que las viñas comenzaron a ganar valor».

Celedonio ya contaba con algunas hectáreas de viñedo después de casarse, aunque la explotación fue creciendo con el tiempo, sobre todo con la incorporación de su hijo Carlos. «Cuando yo me quité de agricultor, recuerdo que vendíamos la uva a tres pesetas el kilo en la cooperativa del municipio, cobrando en tres veces. Un año llegó un comprador de la parte de Haro y nos ofreció 10 pesetas por el kilo de uva. Imagínate qué fue aquello para la gente de la cooperativa, que por aquel entonces cogía en total unos 7 u 8 millones de kilos. Después vinieron años buenos porque se pagó la uva a ciento y pico pesetas».

Años de bonanzas que quedaron atrás y que la nueva generación de agricultores de la familia Ruiz ya no saborea. Es por ello que en los últimos años Carlos y Óscar, de 33 y 28 años, respectivamente, han apostado por diversificar y no poner todos sus esfuerzos en la viña. «Hasta hace unos cinco años, cuando el sector del vino estaba mejor, sí ampliamos superficie, pero en los últimos tiempos hemos incorporado fincas de almendros, olivos y estos dos últimos años hemos puesto también alcachofas, aunque la viña sigue siendo el principal cultivo con unas 50 hectáreas», explica Óscar, incorporado a la agricultura a título profesional hace diez años.

A ellas se suman ocho hectáreas de almendros, otras cinco de olivo y cuatro de alcachofa. A la hora de compatibilizarlo todo, reconocen que los meses de marzo, abril y mayo son los más caóticos porque están en plena campaña de recogida de la alcachofa y empieza la escarda: «Cogemos alcachofa tres días a la semana y si estamos ahí no estamos en la viña, así que se nos acumula un poco el trabajo. Eso sí, intentamos hacernos todas las labores nosotros, excepto en la poda y escarda que cogemos gente de apoyo. La prepoda, la vendimia, los tratamientos,… todo lo demás lo hacemos nosotros porque al final si tienes que pagar todos los servicios no se saca».

Los hermanos son conscientes de que el sector del vino está «estancado» y «llegará un momento en el que será inviable seguir con la uva» si los precios de todos los costes siguen subiendo y el de la uva no». «Yo estoy contento donde estoy y, entre mi hermano y mi padre, los tres tiramos bien, pero hay mucho trabajo por detrás y cada vez toca asumir más trámites administrativos», apunta el más joven.

«La hortaliza, por ejemplo, es un cultivo rentable y funciona, pero no se pone porque requiere mucha mano de obra y la gente ya no quiere trabajos manuales porque nos hemos acostumbrado al tractor. Este año hemos cogido 40.000 kilos de alcachofas, que llevamos a la cooperativa del municipio, pero claro, hay que cargar con esos cestos a la espalda día tras día y eso la gente ya no quiere hacerlo», añade el hermano mayo.

Ahora, con la cosecha de esta verdura ya concluida toca ultimar la escarda mientras se suceden los tratamientos en el viñedo para esta familia de campo que apuesta por mantener esa esencia sin perder de vista que la supervivencia del sector pasa por la adaptación.

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