El coronel jede de la X Zona de la Guardia Civil, Enrique Moure, ha resaltado este miércoles que el compromiso de este cuerpo con la ciudadanía se refleja en más de 3.000 auxilios, rescates y asistencias en accidentes realizados en La Rioja el año pasado, que «ponen en manifiesto una vocación de servicio más allá del deber».
Moure ha intervenido en el acto de conmemoración del 182 aniversario de la fundación de la Guardia Civil, en el que se han entregado doce condecoraciones, dos diplomas a agentes que han pasado a la reserva, nueve a otros que están en situación de retiro y cuatro al personal más veterano.
A este acto han asistido, entre otras autoridades, los presidentes del Ejecutivo regional y el Parlamento riojano, Gonzalo Capellán y Marta Fernández.

Ha explicado que «los guardias civiles son el verdadero pilar sobre el que se asienta la institución», por lo que ha expresado su reconocimiento a todos los guardias civiles, y especialmente, a aquellos que, con sacrificio entregaron su vida en acto de servicio.
En este sentido, ha recordado la reciente muerte de dos agentes del servicio marítimo cuando perseguían una narcolancha el pasado viernes, 8 de mayo, en la costa onubense, tras el choque de dos embarcaciones de la Guardia Civil en el que resultaron heridos otros dos guardias civiles, a quienes ha deseado una pronta recuperación.
Respecto a los homenajeados este año, ha indicado que, para el resto de sus compañeros, su ejemplo supone «un estímulo para continuar».
Los primeros antecedentes que existen de la Guardia Civil en La Rioja datan del mismo año de la fundación del cuerpo, en 1844, cuando una parte del tercio de Burgos se desplazó a Logroño e instaló un acuartelamiento en un edificio ya desaparecido.
Ha incidido en que la ciudad ha recordado la ubicación de este edificio al dar a la calle que lo cruzaba el nombre de ‘Benemérito Cuerpo de la Guardia Civil’. A finales de 1981, la sede de la Comandancia se trasladó del viejo edificio de Marqués de Murrieta, actual Palacio de Justicia de La Rioja, a las nuevas instalaciones de la calle Duques de Nájera.
En representación de los cuatro agentes veteranos, ha intervenido Antonio Garrido, quien ha rememorado su carrera profesional, desde que ingresó en 1955 en el Colegio de Guardias Jóvenes para formarse durante tres años.

Tras pasar por diversos destinos en diferentes municipios riojanos, ha recordado como «el momento más duro» el 23 de febrero de 1981, que le pilló en Madrid mientras realizaba el curso de oficial para poder ascender a teniente. «Tuve que obedecer órdenes y trasladarme al Congreso, fue muy duro, creía que nos iba a ir mal», ha relatado.


