El arnedano Emilio Abad, ingeniero Técnico Agrícola y miembro del Consejo Regulador de la DOP Aceite de La Rioja, pasa estos días recorriendo las fincas para comprobar cómo avanza el ciclo en el olivar. En la zona de Alfaro, por ejemplo, las flores ya están hinchadas. «Todavía no han abierto, pero el botón floral está ya hinchado en gran parte de zonas de La Rioja Baja en lo que a la variedad arbequina corresponde, ya que otras como puede ser la redondilla van más retrasadas. Por otro lado, en Haro estuve visitando parcelas hace una semana y ya vi árboles en fase de botón floral como mínimo, es decir, que aún le queda mucho».
El invierno, sin episodios de heladas notables, ha estado marcado por un tiempo fresco y eso ha hecho que el ciclo haya ido más despacio, «lo que es favorable, porque otros años en febrero puedes incluso ver que empiezan a brotar ya».
Un tiempo que ha venido en tiempo y forma de manera idónea para el desarrollo del olivo: «Llovió en enero y febrero, mientras que en marzo y abril apenas ha llovido. Todo esto ha permitido que no haya enfermedades prácticamente, a diferencia del año pasado, cuando las lluvias acompañaron precisamente en marzo y abril, mientras que en enero y febrero apenas llovió. Por si fuera poco, el tiempo también ha jugado un papel importante. Esta vez ha soplado cierzo, viento norte, que es un secante e impide minimizar muchos de los problemas que tenemos con los hongos, como puede ser el repilo. En cambio, el año pasado hubo muchos días de lluvias sumados a al viento sur o bochorno, que es un viento más húmedo y caluroso, por lo que el repilo machacó el olivar».
Abad reconoce que ya ha aparecido alguna mancha de repilo, pero de manera puntual, especialmente en aquellas zonas más húmedas, hondonadas o lugares más cerrados. Además, también hay algo de vuelo de polilla. «Por el momento, el campo va bien, pero el riesgo está ahí, más si cabe si las lluvias continúan en los próximos días y vienen episodios de calor o, incluso, si aparecen nuevas tormentas de granizo como las que estamos viendo estos últimos días. Por eso es clave ser precavidos, sobre todo teniendo en cuenta que estamos en las etapas más sensibles con la floración y que puede afectar a la producción. También se».
Y ese optimismo incipiente también responde a las previsiones de una cosecha mayor que la de 2025, cuando se recogieron 2,8 millones de kilos de oliva frente a los 3,7 millones de 2024. Eso sí, los rendimientos grasos rondaron el 19,8 por ciento, lo que permitió a las almazaras riojanas mantener sus volúmenes de aceite. «En general se puede decir que va a haber más cosecha que hace un año, que no significa que vaya a ser superior a lo habitual, sino más bien similar».


