Cultura y Sociedad

Del telar a la pantalla: el videojuego de Cameros que lleva las almazuelas al mundo

En Pradillo de Cameros, las amazuelas llevan décadas formando parte de la vida cotidiana. Se trata de piezas humildes nacidas de la necesidad de aprovecharlo todo, pero también de paciencia y creatividad. Durante un tiempo, algunas de ellas quedaron guardadas en la oficina de turismo del pueblo, hoy cerrada. Mientras tanto, a pocos metros, una pareja intentaba sacar adelante un videojuego. Lo que nadie imaginaba es que ambas historias acabarían cosiéndose juntas.

Samuel Noval no estudió nada relacionado con los videojuegos, es más, se formó como geólogo y fue, casi por intuición, acercándose a la programación. «En la carrera tuvimos una asignatura de programación, y ahí vi que tenía herramientas para empezar a hacer algo propio». Lo que vino después fue un proceso largo, autodidacta y sobre todo paciente, no muy distinto al de las propias almazuelas: ir uniendo piezas pequeñas hasta construir algo más grande.

Ese «algo» empezó siendo un proyecto ambicioso que pretendía recrear la comarca de Cameros en un videojuego inspirado en las rutas que hacía con su padre, mezclando paisaje real y elementos de fantasía. Pero la magnitud del proyecto, que todavía sigue en desarrollo, le obligó mientras a buscar alternativas. «Es un juego muy grande, así que pensamos: ¿por qué no sacar partes como juegos independientes y así tener algo de retorno?».

Y así nació Almazuelas Picross, una «cosita chuiquitita» que ha crecido más de lo que Samuel y su pareja Isabel López podían imaginar. Se trata de un juego de puzle o desafío lógico basado en nonogramas (una mezcla entre crucigrama y sudoku). Sin embargo, lo que lo diferencia no es tanto su mecánica como su concepto.

La estructura del juego se organiza en torno a una veintena de almazuelas, cada una de ellas convertida en un pequeño universo de puzles. Para llegar a la imagen final, el jugador debe superar varios nonogramas, entre cuatro y ocho por cada conjunto, en los que, a partir de pistas numéricas, va descubriendo patrones ocultos. Es un proceso progresivo y casi meditativo, en el que cada tablero resuelto añade una pieza más al conjunto, como si se tratara de coser retales digitales.

En total, el juego suma más de un centenar de niveles que combinan lógica y paciencia, pero también cierta satisfacción artesanal. No se trata solo de avanzar, sino de reconstruir una imagen completa a partir de fragmentos dispersos. Esa mecánica, lejos de ser un simple reto mental, refuerza la idea que atraviesa todo el proyecto: entender cómo, igual que en la tradición de las almazuelas, lo importante no es cada pieza por separado, sino la forma en que todas terminan encajando.

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.

El proyecto dio un giro cuando la oficina de turismo de Pradillo cerró sus puertas. En su interior se conservaban varias almazuelas elaboradas por artesanas de la zona, piezas que, de repente, quedaban fuera del alcance de visitantes y curiosos. «Decidimos coger todas las que había allí, hablar con las artesanas e incluso pedir alguna más para poder mostrarlas». De este modo, el juego incorpora diseños reales, trasladando ese patrimonio a un entorno digital accesible desde cualquier parte del mundo.

Detrás del proyecto está Erveca Studio, o lo que es lo mismo, una ilusión común. Samuel trabaja en el desarrollo y la programación; Isabel se encarga del diseño mientras compagina el proyecto con su trabajo como ayudante de cocina y sus estudios. A ellos se suma la colaboración puntual de otros profesionales, como Dani (Badabum Music Studio), el músico que firma la banda sonora o una traductora, Leire Valencia, que ha adaptado el juego al euskera.

Esa es otra de las claves del proyecto: su alcance. El juego se va a lanzar a nivel mundial el 22 de mayo en plataformas como Steam y Google Play, lo que permite que llegue a un público global. «Queremos que la gente vea los tesoros que tenemos en Cameros». Para Samuel, no se trata solo de crear un entretenimiento, sino de situar en el mapa una realidad muchas veces invisible. «Es una forma de dar a conocer toda esta artesanía y todo este territorio a nivel mundial».

Almazuela Picross es, además, un juego pensado para todos los públicos. Con más de un centenar de niveles organizados en torno a distintas almazuelas, propone una experiencia tranquila, sin presión, en línea con el auge de los llamados juegos ‘cozy’. «No busca adrenalina, sino relajar», resume su creador.

En paralelo, el estudio continúa desarrollando su proyecto principal con la intención de seguir explorando este cruce entre territorio, memoria y tecnología. La idea es clara: «Avanzar poco a poco, pieza a pieza, igual que en las almazuelas».

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