Tinta y tinto

La coalición (im)posible de los migueles

Miguel Gómez Ijalba (izquierda) y Miguel González de Legarra (derecha), en 2010 | Foto: Partido Riojano

Miguel y Mikel caminan despacio por el parque del Ebro en Logroño, sin prisa, como quien ha aprendido que en política correr demasiado suele ser la mejor manera de llegar tarde. Se conocen desde hace años, han compartido proyecto, discurso y también alguna que otra batalla interna de esas que dejan más cicatriz que las externas. Luego cada uno tomó su camino, o quizá fue la política la que los fue empujando hacia sitios distintos, porque los itinerarios de la política riojana tienden a ser laberínticos.

A partir de ahora, los llamaremos ‘los migueles’. O, siendo mayo y quedando justo un año para las elecciones, quizá sea más preciso decir ‘los tributos’. Porque sí, esto ya ha empezado, aunque nadie lo haya anunciado oficialmente. La undécima legislatura entra en su recta final y, como en esas sagas que siempre necesitan una secuela más, arrancan los duodécimos Juegos del Hambre, con sus alianzas cambiantes, sus estrategias de supervivencia y ese ambiente en el que nadie es exactamente quien parece.

El paseo tiene algo de escena improbable, o al menos lo tendría para quien no conozca bien la intrahistoria de esta tierra. Por un lado, Miguel Gómez Ijalba, exconcejal de Urbanismo del Ayuntamiento de Logroño por el Partido Riojano y de vuelta a la política desde 2025 como portavoz de Por La Rioja (aquella organización que fundó Alberto Bretón al marcharse del PP). A su vera, Miguel González de Legarra, Mikel, el histórico líder de ese mismo partido, el último galo que resistió durante años al bipartidismo convirtiendo dos escaños en un altavoz incómodo para el omnímodo poder de Pedro Sanz y ahora diputado socialista tras integrarse en 2023 en las listas de Concha Andreu.

Conviene una confesión antes de seguir: yo no los vi pasear con mis propios ojos. Es posible incluso que ese paseo nunca existiera y que la escena sea, en parte, una licencia de mi imaginación. Lo que viene a continuación, en cambio, sí está confirmado por este humilde plumilla. Y te sorprenderá. O no. Si el paseo no ocurrió exactamente así, da igual: funciona como metáfora exacta de lo que sí está ocurriendo (algo deslizamos como pregunta el pasado mes de marzo en esta tu columna dominical).

Porque si alguien quiere entender lo que se mueve ahora mismo en la política riojana, quizá debería empezar por ahí: por dos trayectorias que nacieron en el mismo tronco (ambos encabezaron las listas del PR al Congreso y Senado en 2008, por poner un ejemplo), que se separaron con el tiempo y que hoy vuelven a cruzarse en un momento en el que las etiquetas pesan menos que las necesidades. No es una contradicción, o al menos no solo eso; es, sobre todo, una fotografía bastante fiel de cómo funciona la política cuando se acerca una cita electoral decisiva.

En el pequeño Logroño del poder, donde todo acaba sabiéndose antes o después, hay un rumor que lleva semanas creciendo con esa discreción que tienen las cosas importantes. No hace ruido todavía, no ocupa titulares ni genera declaraciones, pero se desliza con naturalidad en esos espacios donde realmente se cocina la política: actos sociales, presentaciones, encuentros donde el vino es bueno y las conversaciones aún mejores. Allí es donde empieza a percibirse que Por La Rioja, cuyo congreso será el primero en celebrarse el próximo 23 de mayo, está hablando más de la cuenta con el PSOE.

Lo que se cuenta es que Gómez Ijalba y Rubén Gil Trincado se mueven con cierta comodidad en ese entorno, hay más cercanía de la habitual con Javier García y las conversaciones van más allá del simple intercambio de cortesía. No hay nada formal todavía, nada que pueda señalarse con el dedo, pero tampoco es casualidad. En el fondo, lo que se está explorando no es un pacto al uso, ni una coalición clásica, sino algo mucho más sutil y, precisamente por eso, más difícil de explicar en público.

FOTO: Por La Rioja.

El contexto ayuda a entender por qué surge esta idea. El PP de Gonzalo Capellán domina con bastante comodidad el centro y la derecha del tablero político sin necesidad de grandes estridencias. El PSOE, por su parte, mantiene estructura y presencia, pero empieza a tener dificultades reales para completar candidaturas en determinados municipios pequeños, donde la política se sostiene más en nombres que en siglas. Y en medio aparece Por La Rioja, intentando consolidarse como tercera vía, pero sin el músculo suficiente para cubrir todo el territorio.

Ahí es donde encaja esa especie de acuerdo de supervivencia que algunos ya dan por posible. No se trata de concurrir juntos, ni de compartir listas de forma evidente, sino de algo más quirúrgico: allí donde uno no llega, el otro no estorba; allí donde uno es fuerte, el otro se retira; y en aquellos municipios donde directamente no hay equipo suficiente, se buscan soluciones prácticas que permitan mantener presencia sin dividir el voto. No es ideología, ni siquiera estrategia en el sentido clásico, es pura logística electoral.

Sobre el papel, la operación tiene lógica. En 2023, Por La Rioja logró presentar candidaturas en 75 municipios, con seis alcaldías y más de 50 concejales, una base nada desdeñable pero insuficiente para abarcar todo el mapa. El PSOE, en cambio, tiene implantación histórica, pero no siempre dispone de las personas necesarias para completar listas con solvencia en cada rincón de la comunidad. La suma, al menos en teoría, podría evitar la desaparición en algunos lugares y reforzar posiciones en otros.

El problema, como casi siempre en política, no está en las matemáticas, sino en el relato. ¿Cómo se le cuenta a un votante que su partido decide no presentarse en su municipio para facilitar el camino a otro? La pregunta no tiene respuesta sencilla y, por eso mismo, tiende a quedarse en los márgenes de la conversación pública.

Además, el movimiento tiene un componente especialmente delicado para el PSOE, que ya dio un paso significativo al integrar a figuras como Mikel en sus listas. Aquella decisión tenía una lógica estratégica clara, pero avanzar hacia fórmulas de colaboración territorial con Por La Rioja abre un escenario mucho más complejo, tanto desde el punto de vista interno como en términos de imagen. No es imposible, pero sí arriesgado, porque obliga a gestionar contradicciones que no siempre se pueden disimular (bastante tienen los socialistas con Casalarreina).

Los migueles, mientras tanto, siguen caminando sin prisa, como si todo esto formara parte de una conversación que ya han tenido muchas veces en distintos momentos de su vida política. Han visto mayorías caer, proyectos desinflarse y partidos reinventarse, y por eso entienden que, llegado el momento, lo importante no es tanto lo que se dice como lo que se hace para seguir en pie. Quizá por eso esta coalición no sea tan imposible como sugiere el título, sino simplemente incómoda. Incómoda para los discursos, para las hemerotecas y para quienes todavía creen que la política se rige por principios inmutables.

Y mientras Miguel y Mikel se pierden entre los árboles del parque —si es que ese paseo ocurrió alguna vez—, uno no puede evitar pensar que en La Rioja, como en casi todas partes, las alianzas no se construyen sobre lo que se dice en público, sino sobre lo que se necesita en privado. Porque al final, en este juego que ya ha comenzado, lo verdaderamente imposible no es pactar, sino desaparecer.

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