El Rioja

Alejandra Rubio: «Todas las muestras no son excelentes, pero el conjunto marca la calificación final»

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.

La calificación de una añada como ‘Excelente’ en la Denominación de Origen Calificada Rioja no es fruto de una única variable, sino de la convergencia de múltiples factores técnicos, analíticos y sensoriales. Alejandra Rubio, directora técnica del Consejo Regulador, detalla el exhaustivo proceso que hay detrás de esta distinción de la que presumen hasta 16 cosechas diferentes en este siglo de historia. La última en colgarse la medalla ha sido la de 2025 después de un estudio de 2.176 muestras.

– ¿Qué determina que una añada en Rioja reciba la máxima calificación?

– Alcanzar la categoría de excelente es muy complicado. No ocurre con frecuencia porque tienen que confluir muchos factores. No basta con que un aspecto sea sobresaliente; todo el conjunto debe serlo. Por eso, en lo que llevamos de siglo hay pocas añadas con esta calificación. Es el resultado de una combinación de circunstancias que, en conjunto, llevan a un nivel de calidad global excepcional. Aquí suman las condiciones climáticas favorables, un trabajo riguroso en el viñedo y en bodega, parámetros analíticos destacados y una valoración sensorial sobresaliente. Pero, sobre todo, es el resultado de una autoexigencia constante que busca garantizar al consumidor vinos de la máxima calidad año tras año.

– Rioja es una denominación muy diversa. ¿Cómo se logra una calificación única para todo el territorio?

– Ese es uno de los grandes retos, pero en las añadas excelentes ocurre algo especial: las condiciones han sido óptimas de forma generalizada. En este caso, la climatología ha sido muy equilibrada en todo el territorio, permitiendo una maduración lenta y homogénea de la uva. La vendimia se ha podido realizar con calma, eligiendo el momento óptimo de recogida, lo que ha sido clave para alcanzar esa calidad global.

– ¿Cómo se decide esa calificación desde el punto de vista técnico?

– Las muestras se analizan en los tres laboratorios certificados —uno por cada comunidad autónoma que componen de la denominación— mediante pruebas físicoquímicas. Paralelamente, se realiza un análisis organoléptico en el panel sensorial del Consejo Regulador, formado por más de 130 catadores. Cada muestra es evaluada por cinco de ellos mediante una hoja de cata que valora atributos positivos y posibles defectos. La clave está en la combinación de ausencia de defectos y altos niveles en los atributos positivos. Después, se realiza un estudio exhaustivo de todas las valoraciones. Es la media global, el estudio conjunto de todos esos resultados junto con los datos analíticos, la que determina la calificación final, aunque no todas las muestras recogidas hayan sido excelentes.

– ¿Qué parámetros analíticos marcan la diferencia en una añada excelente?

– En Rioja, donde predominan los vinos tintos, son clave las características polifenólicas. Hablamos de la intensidad colorante y del contenido en polifenoles totales. En las grandes añadas, estos valores suelen ser elevados. Son parámetros que, históricamente, se repiten en cosechas de alta calidad y ayudan a identificar añadas sobresalientes. Los vinos de una añada excelente destacan por su equilibrio, complejidad y estructura. Además, presentan un gran potencial de envejecimiento, algo que se considera un indicador claro de calidad. Este 2025, por ejemplo, se ha observado una acidez muy bien integrada, que favorece ese potencial de guarda. Son vinos que no solo son buenos ahora, sino que evolucionarán muy bien con el tiempo.

– ¿Qué papel juega la meteorología en ese resultado?

– Es determinante. Las condiciones climáticas han permitido que la uva llegara a bodega en perfecto estado sanitario y con una madurez fenólica óptima. No ha habido episodios que obligaran a adelantar la vendimia de forma precipitada. Eso, unido al trabajo en campo de viticultores y enólogos, ha sido esencial para lograr vinos de gran calidad.

– ¿Qué importancia tiene el panel de cata en todo este proceso?
– Es absolutamente central. El riguroso sistema de control y calificación en Rioja es uno de los más exigentes del mundo y supone una de las que mayores garantías para los consumidores. Rioja invierte muchos recursos económicos y humanos para velar por esa calidad, con una autoexigencia que nos caracteriza y nos define con el nuevo panel de cata para asegurar que los vinos que llegan al mercado mantengan los más altos estándares de calidad.

– ¿Se pueden comparar añadas excelentes entre sí, como la de 2025 y la de 2019?
– Es complicado, sobre todo porque el sistema de evaluación ha evolucionado. La añada 2025 se ha valorado con un panel de cata más exigente que el que se utilizaba en 2019. Aun así, ambas comparten características comunes: una uva con madurez óptima, equilibrio y, sobre todo, un gran potencial de guarda. Esas son señas de identidad de las grandes añadas en Rioja.

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