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Gol en Las Gaunas: ‘Como Kejelcha, la UD Logroñés y los últimos kilómetros’

FOTO: Fernando Díaz
FOTO: Fernando Díaz/ Riojapress.

En el deporte de alta competición solo se recuerda al primero, y dicen que la historia no tiene demasiado espacio para quienes llegan justo después, para los que rozan la gloria sin terminar de alcanzarla. Este pasado fin de semana, en el maratón de Londres, ocurrió algo que ayuda a entender muy bien en qué punto se encuentra la UD Logroñés. El keniano Sabastian Sawe cruzó la meta en menos de dos horas y se llevó todos los focos, pero apenas unos segundos después llegó el etíope Yomif Kejelcha, que también rompió esa barrera que parecía infranqueable, pero lo hizo justo después, por tanto, el peor día posible. A pesar de llegar por debajo de las horas lo hizo algo más lento que su rival, que pasa a la historia del deporte mundial, en una gesta extraordinaria. Sawe es leyenda, Kejelcha, mientras tanto, la cara oculta del deporte.

No deja de ser una paradoja fascinante: hacer algo extraordinario y que no sea suficiente. O, mejor dicho, que no lo parezca. Porque bajar de las dos horas en un maratón hasta el pasado fin de semana no estaba al alcance de ningún ser humano. Conseguirlo pero siendo segundo te coloca directamente fuera del foco. Y, sin embargo, la reacción de Kejelcha invita a detenerse. Lejos de lamentarse, está hablando de orgullo, de confianza en su trabajo, incluso de la posibilidad de seguir mejorando hasta acercarse a registros todavía más imposibles. No hay resignación en su discurso, sino una convicción tranquila de que lo conseguido forma parte de un proceso mayor. Si todos los segundos clasificados se conformaran con esta posición, el deporte mundial no habría mejorado al ritmo que lo hace habitualmente. El segundo quiere ganar al primero, y así se baten marcas y se derriban obstáculos.

La UD Logroñés acaba de certificar su presencia en el playoff de ascenso. Es una buena noticia. Estar entre los cinco primeros, con la presión que arrastra este club y con el contexto que le rodea, tiene mérito. El equipo ha competido, ha estado en la pelea y ha logrado mantenerse en una posición que le permite seguir aspirando al objetivo.

Pero al mismo tiempo, esta clasificación también permite observar con cierta claridad un patrón que se repite. Tres temporadas en la categoría, tres oportunidades para imponerse desde el inicio, y ninguna de ellas se ha saldado con un primer puesto, el único que da un ascenso de forma directa, sin tanto rodeo ni sufrimiento. Ni en el año del descenso, cuando el Bilbao Athletic y el Barakaldo marcaron el ritmo; ni la pasada temporada, que directamente terminó fuera del playoff; ni en la actual, en la que el Real Unión, recién descendido, ha hecho lo que se le presupone al mejor presupuesto: ganar la liga.

La UD Logroñés ha estado cerca, pero no lo suficiente como para pelear por el campeonato hasta la última jornada. Ha competido, pero no ha dominado. Ha sumado, pero no ha marcado diferencias. Y en ese terreno intermedio, en esa especie de constante aproximación al objetivo sin terminar de alcanzarlo, es donde aparece inevitablemente la comparación con ese atleta que también hace historia, pero llega unos segundos después.

Este club sigue encontrando dificultades para romper ciertos muros que, por presupuesto, por estructura y por masa social, debería estar en condiciones de superar. Porque en el deporte profesional no basta con estar, ni siquiera con hacerlo bien durante muchos tramos de la competición. Hay momentos concretos en los que se decide todo, y ahí es donde la UD Logroñés todavía no ha logrado imponerse con la contundencia que se le exige.

Ahora bien, el fútbol, como el maratón, no se resuelve en los primeros kilómetros. Ni siquiera en los intermedios. Todo se decide en los últimos. En ese tramo final en el que el cuerpo ya no responde igual, en el que la cabeza empieza a marcar diferencias y en el que solo unos pocos -los elegidos o lo más convencidos- son capaces de mantener el ritmo adecuado para cruzar la meta en primer lugar. El playoff es exactamente eso: los últimos kilómetros de una carrera larga, exigente y, en muchas ocasiones, imprevisible.

Ahí ya no sirven demasiado las referencias anteriores. Ni el presupuesto, ni la posición final en la tabla, ni siquiera las sensaciones acumuladas durante la temporada. Lo que cuenta es la capacidad para competir en el momento exacto, para sostener la presión y para aprovechar las oportunidades que se presentan, que suelen ser pocas y muy concretas. Es un escenario distinto, más corto, más intenso, en el que la diferencia entre el éxito y el fracaso se mide en detalles mínimos.

La UD Logroñés llega a ese punto con una nueva oportunidad. No es la vía más corta, ni la más cómoda, pero es la que tiene. Y también es la que puede darle un valor especial a lo que está por venir, porque obligará al equipo a demostrar que está preparado para algo más que competir. Que puede ganar cuando realmente importa. Que puede, por fin, dejar de ser ese equipo que siempre está cerca para convertirse en el que da el paso definitivo.

Además, el contexto invita a pensar en algo más amplio. El filial ha logrado el ascenso, la estructura de cantera sigue creciendo y el club dispone de una base que, en otras circunstancias, debería estar ya en una categoría superior. El salto del primer equipo no solo tendría consecuencias deportivas, sino que situaría a la entidad y al fútbol riojano en un escenario distinto, más acorde con lo que se viene construyendo desde hace años.

Pero para llegar ahí hay que completar la carrera. Y hacerlo bien en los últimos kilómetros.

Porque ser segundo, tercero o cuarto puede formar parte del camino. Incluso puede ser necesario. Lo que no puede convertirse es en un destino permanente. Kejelcha, tras cruzar la meta en Londres, no habla de lo que no había conseguido, sino de lo que estaba por venir. De su capacidad para seguir mejorando, para seguir creyendo en sí mismo y en su proceso, y bajar de la 1:38:00 en maratón, para entonces, sí, ser el primero, el mejor, y hacer historia.

La UD Logroñés tiene ahora la oportunidad de hacer exactamente lo mismo. De entender que lo logrado hasta ahora es importante, pero insuficiente. Que ha estado cerca, sí, pero que todavía le queda el tramo decisivo. Y que, en el deporte, como en la vida, no siempre gana el que mejor corre durante más tiempo, sino el que sabe cuándo acelerar para llegar primero a la meta.

Los últimos kilómetros ya están aquí.

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