Iñaki Sáenz ha cruzado una cifra reservada para muy pocos. Para los elegidos: trescientos cincuenta partidos con la camiseta de la UD Logroñés. Más de la mitad de todos los encuentros oficiales que ha disputado el club en sus 17 años de historia. El dato impresiona, pero al capitán le sale explicarlo desde el mismo lugar desde el que ha construido su carrera: el trabajo diario. «No era muy consciente de ello, pero sí es cierto que es un dato importante y del que estoy muy orgulloso», reconoce. Y añade una idea que ayuda a entenderlo casi todo: «Está lleno de esfuerzo, sobre todo».
A sus 37 años, Iñaki vive una temporada distinta. Ya no es indiscutible, ya no aparece cada domingo en el once y su futuro sigue sin estar resuelto. Pero habla sin dramatismo, con la naturalidad de quien ha aprendido a aceptar el fútbol también desde el banquillo. «Quiero seguir disfrutando del fútbol», afirma, «porque mis datos GPS sigue constatando que puedo competir por un puesto en el once titular y rendir a buena altura cuando lo entienda el entrenador necesario». Por eso, «a día de hoy solo quiero acabar la temporada de la mejor manera posible, que no es otra que conseguir el ascenso».

FOTO: Fernando Díaz
Después, llegará la conversación. «El club tomará las decisiones que quiera tomar. Yo siempre he estado abierto a todas las decisiones y, si el bien del club es poner punto final a esta historia, lo aceptaré, como he aceptado siempre otras decisiones». No hay reproche. Hay respeto. Y también una manera muy suya de entender el oficio: «Lo importante ahora mismo es acabar bien la temporada y preparar el playoff de la mejor manera posible».
Porque Iñaki sigue al pie del cañón. Ahí, en la rutina invisible, sitúa la clave de su longevidad. «Los partidos se empiezan a ganar durante la semana», sostiene. «Cada entrenamiento me lo tomo muy en serio y le doy mucha importancia». Incluso ahora, cuando no siempre juega. «Entreno perfectamente e intento dar lo mejor de mí. Si el mister busca otro tipo de jugador o prefiere a otro por delante, tengo que aceptar las decisiones. No hay otra».

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Ese carácter competitivo le ha acompañado desde aquel verano de 2009, cuando llegó a prueba a un club recién nacido. «Me pasé todo el verano a prueba», recuerda. Venía del Calahorra, subía y bajaba para entrenar, y acabó quedándose. «Para mí era dar un paso. Me daban la oportunidad de hacer pruebas en un equipo de Segunda B». Desde entonces, la historia se fue escribiendo casi sin que nadie pudiera imaginar su dimensión.
También cambió de posición. «Al principio jugaba de extremo», explica. Fue Vijnic quien vio en él recorrido como lateral izquierdo. «Vio potencial en mí para jugar ahí». Y desde ahí empezó una carrera que le llevó al Racing, al Alavés, al Tenerife y de vuelta a Logroño. «Cuando salgo al Racing, ahí sí que tu cabeza hace un clic», admite al preguntarle cuándo se dio cuenta de que podría vivir del fútbol. Pero hay algo que nunca ha cambiado: «Los triunfos que consigues en casa, con tu gente, son más válidos».

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Por eso el ascenso a Segunda ocupa un lugar inevitable en su biografía. Iñaki señala a Sergio Rodríguez como el entrenador que más le ha marcado. «Sergio, sin duda. Es el que consiguió algo histórico y creo que ha sido el entrenador más importante que ha tenido el club». Y de aquel vestuario rescata nombres propios. De Andy Rodríguez dice que es «una maravilla de futbolista» y «un jugador histórico del club». De Miguel Santos, que era «cabezón» en el mejor sentido. De Jon Errasti, que sigue siendo uno de esos compañeros que permanecen. De Pablo Bobadilla… amigos que han compartido vestuario.
Pero no todos los recuerdos tienen brillo. El descenso de Primera Federación a Segunda Federación sigue doliendo. «Fue muy duro, muy largo y un desastre a todos los niveles», reconoce. También la lesión del tendón de Aquiles en 2024 pudo ser un punto de ruptura. Sin embargo, Iñaki la recuerda desde otro lugar: «Uno de los mejores momentos para mí dentro del club fue los días después de la lesión. Noté muchísimo cariño de todo el mundo». Y eso, dice, no se olvida.
Su relación con el dolor también explica su carrera. «He tenido un umbral del dolor bastante alto», admite. «Todos tenemos dolencias, días malos e incluso problemas personales que no tenemos por qué mostrar». Pero vuelve siempre al mismo verbo: disfrutar. «Si no disfrutamos, no podemos sacar nuestro mejor nivel; hay que gozar, creo que es así como le decís vosotros».

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Iñaki habla del club con el respeto de quien se sabe parte de su historia, pero no por encima de ella. Considera que la mejor decisión institucional fue «crear una ciudad deportiva que sustente el club y la base», y asegura que el cariño de la gente supera cualquier medalla. «El reconocimiento que tengo por parte de la gente colma mucho más que cualquier triunfo a nivel grupal».
Por eso, cuando mira atrás, no se arrepiente. Ni de volver, ni de quedarse, ni de renovar tras el descenso de Segunda. «Volvería a tomar las mismas decisiones», afirma. Y resume su vínculo con una frase sencilla, pero definitiva: «Estoy súper orgulloso del camino que hemos hecho tanto el club como yo juntos».
La UD Logroñés se acerca a otro playoff y su capitán no sabe todavía si estos serán sus últimos partidos. Él no lo plantea así. Lo plantea como siempre: desde la preparación. «Estaré preparado para ello como siempre». El futbolista que llegó a prueba en 2009, el capitán del ascenso, el jugador de los 350 partidos y una institución que todavía se entrena por si le tocara decidir un nuevo ascenso a favor del equipo de su vida, de su tierra, de su corazón.


