Lo que parecía ser una chaparrón fruto del bochorno de estos días ha acabado con el primer golpe de granizo del año en las viñas de Rioja. Esta vez ha sido la zona de San Vicente de la Sonsierra la peor parada en un momento del ciclo fenológico en el que la vid está desprotegida y con brotes todavía muy frágiles.
La zona cero de la tormenta de este martes se sitúa en lo que se conoce como El Codo, entre la N-232 y el Castillo de Davallillo, con decenas de hectáreas de viñedo propiedad de bodegas y viticultores. La piedra, que también llegó a otros puntos como Las Espinillas y El Sacramento, se enfocó en estos puntos, los más altos de la Sonsierra, destrozando los racimos incipientes que habían alumbrado hacía escasos días.

Alberto Ortiz se ha llevado la sorpresa este miércoles a primera hora de la mañana al recorrer algunas de las viñas de la zona: «En el núcleo urbano de San Vicente apenas cayeron tres litros, pero en la zona de El Codo habrá sido 12 o 15. Fue mucha piedra en poco tiempo y, aunque seguramente no fuera muy grande, nos hemos encontrado con cantidad de yemas y sarmientos rotos, con racimos partidos por la mitad porque ahora las uvas están en la punta de los pámpanos y es lo primero que toca la piedra. Luego podrán salir nietos, pero no uva, así que eso ya está perdido para esta cosecha», apunta reconociendo que «la avería es importante porque aquí hay muchísimas hectáreas de viña, con hojas acribilladas, que han perdido todo ese verdor que lucían hasta ahora».

Ortiz calcula que el granizo habrá afectado a unas 11 hectáreas, en torno al 25 por ciento de su explotación. El siguiente paso, después de comprobar que la tierra no está lo suficientemente húmeda y con barro, es preparar los tratamientos cuanto antes para que esas heridas de la piedra cicatricen cuanto antes. «Algunos ya habían empezado incluso con la espergura, pero nosotros teníamos pensado hacerlo este lunes. Ahora en esta zona esperaremos para ver cómo queda la cosa porque va a costar que se recupere, si bien hay diferentes grados de daño».

«Bastante con que esta tormenta haya dejado poda para el año que viene porque hay muchos pámpanos partidos y, aunque luego salgan más brotes, el próximo invierno tocará trabajar. Está claro que una vez aparecen los primeros brotes ya no hay tranquilidad en el campo, pero es cierto que esta tormenta de granizo ha llegado rápido, justo cuando más tiernos estaban los brotes», reconoce.


