La Rioja

Las caras de la regularización: «Sólo queremos trabajar»

El proceso de regularización: detrás de cada número en la fila hay historias de espera, incertidumbre y una oportunidad para empezar de nuevo

A las 5.20 de la mañana, cuando la mayoría de la ciudad aún duerme, en la calle Mayor de Calahorra ya hay vida. Y no es cualquier vida: es la de quienes esperan. En silencio, arropados en chaquetas finas para combatir el poco fresco de la madrugada. Están allí para coger número, para intentar conseguir una cita que les permita solicitar el informe de vulnerabilidad. La España que madruga también está aquí, entre migrantes que llevan años viviendo en el país y que, desde el pasado lunes, se acogen a un proceso de regularización que en La Rioja puede afectar a unas 5.000 personas. Un proceso que, lejos de ser sencillo, se está complicando por la falta de información. En la fila hay de todo: rostros cansados, familias enteras… Todos comparten algo invisible pero muy real: la ilusión de un proceso que busca, como dicen algunos, «una puerta a la esperanza».

Filas a las ocho de la mañana en Servicios Sociales de Calahorra

Sindy, Creseliana y Dairo forman una de esas historias que se repiten con matices. Llegaron hace dos años a Calahorra y desde entonces comparten una habitación. Han llegado a la fila a las siete de la mañana, pero ya había gente delante. Las puertas no se abren hasta pasadas las ocho, cuando empiezan a repartirse los primeros números. «No está siendo fácil», reconoce Sindy, con una mezcla de cansancio y determinación. Tiene cita este jueves en Logroño para presentar la documentación, pero les falta ese informe clave. «Esperemos que nos lo den hoy para no tener que cancelar la cita que ya tenemos y tener que coger otra», dice, casi como si se lo repitiera a sí misma. Su historia es la de muchos: llegaron primero a Valencia, donde les dijeron que sin papeles no había trabajo. Desde entonces, sobreviven como pueden. «Hemos hecho algunos trabajos de limpieza en bares por la noche, pero son cosas sueltas… una hora un día, otra en otro momento». Han cuidado a personas mayores, han encadenado pequeñas oportunidades que se han esfumado tan rápido como han llegado. Cuando falleció el hombre al que cuidaban, también perdieron el techo donde vivían. «La señora, que nos había tomado cariño, nos dejó una habitación. Si no, nos habríamos quedado en la calle». Para ellos, esta regularización no es un trámite más: es la posibilidad de empezar de verdad. «No han sido fáciles estos dos años… esta es una oportunidad para poder contribuir con el país que nos está acogiendo».

Sindy y Creseliana llevan casi dos años viviendo en Calahorra

Historias similares se escuchan unos metros más allá. Paula, Gerson y Jorge también esperan. Llegan de Colombia. Ella lleva más de cinco años en España; ellos, dos. Primero llegó Paula, luego se reunieron. «Es una oportunidad para poder tener los derechos y las obligaciones que supone trabajar en España», explica. Porque trabajar, han trabajado. Pero siempre en la sombra. «Hemos cuidado a gente mayor, hemos hecho limpieza… pero sin contrato, es lo que hay cuando no tienes papeles», cuenta. Jorge asiente y añade algo que resume bien la situación: «No es solo encontrar trabajo. Sin papeles lo tienes difícil hasta para alquilar un piso, aunque vengas con ahorros desde tu país». Mientras tanto, fuera de esta fila, el debate público a veces toma otros caminos. Se habla de delincuencia, de presión social. Pero aquí, a pie de calle, la realidad es otra, mucho más concreta y menos ruidosa: la de quienes quieren trabajar, cotizar, tener derechos… y también obligaciones.

Paula, Gerson y Jorge llegaron de Colombia hace años.

En la cabecera de la fila están Alejandra y Bryan. Hermanos, 24 y 26 años. Llegaron los primeros, a las 5.20. Ella prefiere no salir en la foto. «Es una oportunidad y queremos hacer los papeles cuanto antes», dicen. Su historia también arrastra incertidumbre. «Fuimos al Ayuntamiento y al principio nos dijeron que no hacían el informe porque no sabían cómo tramitarlo. Luego se informaron y desde el martes se ofrecía en Servicios Sociales». Ayer lo intentaron, pero ya no quedaban números. Hoy no querían repetir la escena. Por eso el madrugón, por eso la espera. Por eso ese silencio lleno de nervios. «Es imposible trabajar sin papeles, es normal», dice Bryan. Y en esa frase, tan sencilla, está su urgencia y también su esperanza.

Bryan era el primero en la fila, desde las 5.20 de la mañana

Dentro Toñi y Joe Antonio preparan los números para repartir en unos minutos. Dan citas cada 10 minutos. Hay cinco personas tramitando a los que pidieron cita hace unos días en la OAC del Ayuntamiento y otras dos para los que cogen cita diaria. El Ayuntamiento ha hecho un contrato estos días para colaborar en el proceso. Empieza hoy a trabajar para facilitar que el informe de vulnerabilidad llegue al mayor número de personas en el menor tiempo posible.

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