Sorprende por estas fechas no ver campos teñidos de un amarillo intenso que contrasta con el verdor de los trigos y cebadas, especialmente en La Rioja Alta. El cultivo de la colza no vive su mejor campaña en la región y es que de las cerca de 3.300 hectáreas que se sembraron hace una campaña, el pasado otoño apenas se cubrieron de simiente unas 2.380 (la mayoría en secano). El motivo principal fue la falta de humedad en el momento de la siembra y con posterioridad, afectando así a la nascencia. Todo ello ha derivado en un retraso del cultivo y en un escaso crecimiento de la planta y, por si fuera poco, en un menor interés de los agricultores por sembrar esta oleaginosa.
De los pocos que sí han mantenido la colza entre su mapa de cultivos está Óscar Bobadilla, si bien la superficie sembrada esta vez es bastante menor que en años atrás. «La falta de lluvias nos hizo sembrar un mes más tarde, lo que ya ha retrasado todo. Si de normal se sembraba hacia el 1 de septiembre, esta vez lo hicimos el 1 de octubre. Además, el tiempo después tampoco ha acompañado porque apenas llovió en octubre y luego en noviembre hizo mucho frío, así que la colza no estaba bien implantada y eso nos ha penalizado bastante», apunta este agricultor, con fincas entre Baños de Río Tobía y Matute, a los micrófonos del podcast La Voz del Agro.
Humedad y temperatura son los dos factores clave para que esta planta desarrolle la raíz en buenas condiciones y se haga una fuerte para que pueda pasar el invierno, pero este año se ha producido todo lo contrario. «Las plantas se han quedado paradas, muy pequeñitas. Algunas fincas están mejor, pero son pocas las que han prosperado. Además, la mayoría todavía no han florecido, nada que ver a lo de hace un año por estas fechas que ya había colzas que alcanzaban los dos metros de altura», recuerda Bobadilla.

En su caso calcula que ha sembrado el 60 por ciento de lo que puso el año pasado, pero reconoce que muchos agricultores esta campaña no han apostado por la colza. Cabe recordar que desde la Consejería de Agricultura se habilitó el pasado 9 de diciembre la excepcionalidad temporal para no acogerse al ecorregimen de la rotación de cultivos sin penalización alegando «causas de fuerza mayor», una medida que también se aplicó a los sectores de la remolacha y la apicultura.
«Mucha gente no ha sembrado porque no veía las cosas claras, pero otros no tenían otra opción más allá de la colza. Hay otros que igual han sembrado solo el 40 por ciento de colza y el resto lo han dejado de leguminosas, otros que tienen otra alternativa como el girasol y otros directamente que han apostado por las leguminosas, lo que pasa aquí estas funcionan uno de cada 10 años, así que no hay una apuesta fuerte. Al final dependes mucho de cómo venga el mes de mayo porque tanto si llueve mucho como si no llueve nada es malo, mientras que la colza en este sentido es más fácil de llevar una vez está asentada. En realidad las dos alternativas que funcionan mejor son la colza y el girasol, siendo este último un cultivo que funciona mejor en tierras fuertes».

Bobadilla tiene prácticamente dos décadas de experiencia con la oleaginosa y reconoce que ya le ha «cogido el aire» suficiente. «Aunque tiene más gastos que las leguminosas, como pueden ser los guisantes, es un cultivo más seguro y con menos alteraciones en estos meses de primavera gracias a su mayor resistencia a los cambios de temperatura y a la sequía. Las complicaciones están al principio, pero si nace y se implanta bien es fácil llevarla». Justo lo que no ha ocurrido este año.
Con el agua que ha caído esta última semana espera que la colza florezca en unos 10 o 15 días, si bien la vista de este productor se fija ahora en esas posibles lluvias de los próximos días para que la planta coja fuerza: «eso sería ideal para la colza y para todo el campo en general. Eso sí, si vienen días de calores fuerte tampoco es bueno».
Asegura que «siempre ha habido años complicados en el cultivo de esta oleaginosa», como hace siete u ocho años donde «hubo una muy mala nascencia». «El problema es que la colza se está convirtiendo en un cultivo que tiene mucho gasto. Este año, por ejemplo, aunque no estaban desarrolladas, ya hemos tenido que entrar a hacer tratamientos contra los insectos como los gorgojos y todo ello sabiendo ya que los rendimientos en la cosecha van a ser mucho menores. Si el año pasado podía haber una media en una explotación de 3.500 kilos por hectárea, este año se va a quedar en la mitad porque las colzas no se ven y muchas muchas zonas que no han nacido bien. Luego no se han hecho grandes, eh no se ha hecho altas», añade.


