No fue precisamente un paseo el tercer programa de ‘MasterChef’ para Ana Jiménez (Annie). Más bien todo lo contrario. Fue una montaña rusa de esas que te dejan sin aliento: empezó por todo lo alto, con una sonrisa y un guiño en forma de meme dedicado a Carmina Barrios, y terminó con emoción, tensión… y una buena dosis de orgullo riojano.
La noche arrancó dulce, literalmente. Annie presentó un flan con ganache de chocolate que le dio la primera alegría del programa. Mientras cocinaba, volvió a mirar hacia atrás, a sus raíces, a esos padres que tenían restaurante y a los que observaba subida a una banqueta, más curiosa que cocinera. «Me gustaba ver cómo hacían los postres, pero de hacerlos nada», confesaba entre risas. Su ‘zurullo’ -como ella misma bautizó a la ganache- terminó siendo la mejor elaboración de la prueba. Victoria con dedicatoria incluida a su madre, Jorja, y un momento de los que aprietan el pecho: «Que me eligiesen para adoptarme dos días después de nacer es maravilloso». Ahí el programa bajó revoluciones… y subió emoción.
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— MasterChef (@MasterChef_es) April 13, 2026
Pero claro, MasterChef no da tregua. De la alegría directa a la prueba por equipos en Jerez. Y ahí llegó el momento incómodo: capitana. «Hoy no me viene bien», avisó antes de empezar, casi como quien ve venir la tormenta. «Nunca me ha gustado mandar», y se notó. Entre las tensiones del equipo, las voces cruzadas y el ritmo frenético, Ana intentó mantenerse en su línea, pero la prueba se le hizo cuesta arriba. Nervios, presión y una sensación clara al terminar: «Ha sido una experiencia complicada. Me he visto sobrepasada».
«Confío en ti, mentalízate, sabemos que puedes hacerlo» @Anniemchef14 #MasterChef pic.twitter.com/s34kpAFYlU
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Cuando parecía que el programa se le podía torcer del todo, llegó la reacción. Y vaya si llegó. En la prueba de eliminación, Ana sacó lo que mejor tiene: memoria, emoción y raíces. Se marcó una tarta de peras al vino tinto, un homenaje directo a La Rioja Baja, de esos que saben a casa y a tradición. Un postre con historia… y con muchas dedicatorias. Primero para su amiga Pili, «de toda la vida», de esas amistades que son casi familia. Y después para los suyos, los de Préjano, los del grupo Zafarrancho. Todo muy suyo. Muy de pueblo. Muy de verdad.
El resultado no pudo ser mejor. La tarta convenció, emocionó y hasta arrancó una frase del Pepe Rodríguez: «Es la pera», soltó tras probarla. Y es que Ana no solo salvó la prueba, sino que volvió a demostrar que cuando cocina desde dentro, desde lo que ha vivido, conecta. Con los jueces, con el público… y con ella misma.
Lo más importante: que una semana más la calagurritana sigue en las cocinas de Master Chef.


