Nace una nueva propuesta cultural en Logroño que mira de frente al presente y a una realidad concreta: la necesidad de renovar el tejido coral de la ciudad. Se trata del Coro de Jóvenes de Logroño. Frente a modelos más tradicionales, este proyecto pone el foco en una franja de edad muchas veces olvidada en este ámbito, la de personas entre los 20 y los 45 años, ofreciendo un espacio donde la música coral no solo se interpreta, sino que también se vive de forma activa, compartida y con una sensibilidad contemporánea.
Bajo la dirección de Rebeca Martín, el coro está formado actualmente por una veintena de coralistas con trayectorias muy diversas. No todos vienen del mismo recorrido musical ni tienen la misma experiencia, pero sí comparten algo esencial: el interés por explorar el canto coral desde una mirada cuidada y actual. Esa mezcla de perfiles, lejos de ser un obstáculo, se convierte en una de sus principales fortalezas, aportando riqueza sonora y una identidad propia que se está construyendo paso a paso.
A pesar de su corta trayectoria, el Coro Jóvenes de Logroño ya ha dejado ver su vocación por salirse de los escenarios habituales. Ha participado en iniciativas culturales singulares como la Fiesta de la Música organizada por Píccolo y Saxo, con una actuación integrada en una de las instalaciones del Concéntrico, o en la producción “Esto no es una misa gospel” dentro del Riojazz. Son propuestas que rompen con la idea clásica del coro estático y que buscan acercar la música vocal a nuevos públicos y contextos, casi como si la música saliera a buscar a la gente en lugar de esperar en el escenario.
Ese es, en el fondo, el camino que quiere recorrer este proyecto: consolidarse como un agente cultural activo dentro de la ciudad, con capacidad para generar propuestas propias, colaborar con otras disciplinas y contribuir a dar visibilidad a la música coral en el presente. Más que un grupo puntual, aspira a ser un espacio estable donde confluyan la formación, la creación artística y la participación cultural. Un coro con identidad, sí, pero también con una mirada abierta, consciente de que la tradición solo se mantiene viva cuando se atreve a evolucionar.


