El Gobierno de La Rioja ha acordado este miércoles conceder a Urbano Espinosa su más alta distinción, la de Riojano Ilustre, que se materializará el próximo 9 de junio durante el acto institucional del Día de La Rioja en el monasterio de Yuso, en San Millán de la Cogolla.
Nacido en El Rasillo de Cameros en 1945, el Ejecutivo regional condecora a Espinosa como «referente de primer orden en el desarrollo de la cultura, la investigación y la educación en la comunidad». Pero, «sobre todo, por su etapa como primer rector de la Universidad de La Rioja (UR)», cargo que desempeñó desde 1994 hasta 2001.
Además de ejercer como catedrático de Historia Antigua de la UR hasta su jubilación en 2016, Urbano Espinosa ha sido distinguido con las Medallas de Honor de la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad de La Rioja. También ha sido director de la Universidad de la Experiencia y el Ayuntamiento de Logroño le concedió la Insignia de San Bernabé en 2021.
Urbano Espinosa, tras ampliar su formación en universidades alemanas y francesas y de ejercer como profesor en la Universidad Complutense de Madrid de 1978 a 1989, fue el rostro más visible del nacimiento del campus universitario riojano. En este sentido, el Ejecutivo reconoce con este galardón a la persona que pilotó los ilusionantes primeros pasos de una universidad que respondía a una demanda social y que contribuyó desde la educación superior pública a promover la igualdad de oportunidades para muchas generaciones de jóvenes riojanos.
Entre libros y manuscritos, Urbano Espinosa afrontó la jubilación desde otro lugar. Cuando cumplió la edad de retirarse como catedrático de Historia Antigua no vivió el momento como un final, sino como una transformación. Investiga, escribe, dirige publicaciones y da conferencias. Lo hace sin la presión de un calendario académico, pero con la misma curiosidad que le acompañó desde joven.

A sus 80 años continúa implicado en proyectos académicos. «Son objetivos que me autoimpongo, y como son producto de mi entera libertad, responden a mi concepto de la vida». Aquí el secreto: no trabaja por obligación ni por necesidad económica. Trabaja porque forma parte de su identidad. «No entiendo la vida si no es comprometida con algún tipo de actividad».
En estos años ha seguido vinculado como profesor honorífico, lo que le permite mantener contacto con el ámbito académico y acceder a los medios necesarios para investigar. Ahora trabaja en la recuperación de la obra de un fotógrafo itinerante que recorrió la sierra riojana durante la primera mitad del siglo XX, documentando paisajes, tradiciones y formas de vida ya desaparecidas. Esa tarea, casi detectivesca, le mantiene intelectualmente activo.
Es consciente de que la edad impone límites. «Se nota en la retención memorística», admite sin dramatizar. El cuerpo marca un ritmo distinto y la biología no se negocia. Pero mientras la mente responda y pueda seguir cumpliendo los objetivos que se marca, no contempla detenerse. «Hasta que el cuerpo y la mente aguanten».
No se ha fijado una fecha para parar. Tampoco se imagina una ruptura total con su actividad. Cuando piensa en su jubilación, la describe tal como la está viviendo ahora: menos obligaciones formales, más autonomía, pero la misma implicación intelectual.


