El mundo del vino despide al bodeguero Julián Fernández Garrido, fallecido este lunes a los 87 años. En 1989 fundó en Ábalos la bodega homónima familiar con el propósito de pasar de esa venta de vino a granel al embotellado. Una tradición que hoy se mantiene gracias a sus hijos, Pilar y Carmelo, bajo la Bodega Fernández Eguíluz Peña La Rosa.

«Se crió en las viñas y en la bodega y así ha pasado prácticamente sus últimos días», relata su hija. «Tanto mi padre como mi madre y, antes, mi abuelo, nos han dejado de herencia el cuidado de la viña, el amo a la tierra y al vino».

Julián Fernández junto a su nieta y su hija Pilar.
De hecho, hasta los dos últimos años no dejó de ir a la bodega y estar presente en vendimias, «hasta el momento en el ya no podía supervisar el trabajo y prefería no estar». Eso sí, el vino nunca lo ha soltado: «El solo quería una copa incluso cuando no quería tomar otra cosa».


