La Rioja

Los Picaos, una tradición con sus propias reglas

José Miguel Mendoza, prior de la Cofradía de la Veracruz: «No buscamos que la gente entienda, sólo que respete»

Para muchos, un acto de tradición y orgullo; para otros, «un acto obsceno e irracional» que tiene que desaparecer. Bajo ese marco navegan todos los años los Picaos en la localidad riojana de San Vicente de la Sonrierra. A simple vista, varios disciplinantes realizan las catorce estaciones del Vía Crucis fustigándose con una madeja gruesa de lana ante la mirada atenta de un pueblo que ve en ellos el reflejo de una tradición que cala muy profundo en su identidad.

 

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A ambos lados de las estrechas calles, cientos de turistas que durante las jornadas del Jueves y Viernes Santo suben para observar este rito tan llamativo en la región. José Miguel Mendoza es el prior de la Cofradía de la Veracruz, y lo tiene claro: «No buscamos que la gente entienda nuestro acto de penitencia, solo le pedimos que lo respete. Es parte de nuestra identidad y durante todo el año la gente sube al pueblo para preguntarnos sobre los Picaos».

Uno de los pilares clave para que este ritual se lleve a cabo es el anonimato de los disciplinantes: «Las personas que quieren llevar a cabo este acto pueden o ponerse en contacto con nosotros con antelación o directamente venir a la Iglesia media hora antes del comienzo de la procesión. Nadie les va a preguntar nada, y sus datos serán guardados con absoluta cautela», añade el prior.

Una tradición con sus reglas

Sin embargo, no todas las personas pueden ser disciplinantes: «Hay que ser mayor de edad. Además, es necesario tener un certificado del párroco de su barrio acreditando que la persona que va a participar en el rito lo hace desde la fe. Esa condición no es necesaria si se es cofrade de la Hermandad».

El Padrenuestro y oraciones a la Virgen María son las plegarias que se van escuchando, en susurro, mientras se fustiga con la madeja. El golpe seco, el incienso balanceándose y las picas de los portadores de la Virgen son los únicos sonidos que irrumpen un acto ‘sagrado’ para todo un municicpio.

Mientras tanto, decenas de móviles presencian un rito tan desconocido que va ganando presencia según la noche va cayendo. Para José uno de los momentos más especiales es la procesión del Jueves por la noche: «Esos veinticinco minutos en los que la noche empieza a caer son mágicos. Este año hemos añadido un cambio al recorrido y hemos optado por bajar la luz de los farolillos de la calle. Para que la luz de las casi mil velas que repartimos se haga notar».

«Continuaremos con la tradición»

Muchos piensan que esta tradición debería estar a punto de desparecer. La realidad no puede ser más distinta. «Todos los años tenemos un número considerable de personas que vienen a disciplinarse. En los años que llevo yo, nunca hemos notado una bajada de gente», asegura con rotundidad.

Es por ello por lo que decenas de vecinos del pueblo ponen sus esfuerzos durante más de dos meses antes para que todo pueda realizarse con el rigor y la tradición que merece una tradición del siglo XVI.»Los que estamos aquí hemos crecido con estás imágenes en la cabeza. Nuestro objetivo es que a día de hoy se siga haciendo y rezar para que en un futuro también se continue con este legado tan único», confiesa.

Además, el rito hace que la localidad riojana sea un polo de atracción de turistas durante toda la semana; llenando los bares, restaurantes y las capacidad hoteleras del lugar.»Hay gente de todas las partes del mundo: asiáticos, estadounidenses o latinoamericanos que vienen sin saber que van a ver muy bien».

Uno de los momentos que más impresiona a los curiosos es cuando el ‘práctico’ de la cofradía le da tres golpes rápidos con una bola de cera a la que se le adjuntan trozos de cristal, a ambos lados de la lumbar para liberar esa zona de los hematomas. Después, veinte latigazos volverán a fustigar la espalda del disciplinado para «limpiar la zona con el riego sanguíneo «.

Momentos de devoción que se viven en San Vicente de la Sonsierra no solo una creencia, sino como algo que va más allá y que pone al municipio en el mapa de la Semana Santa española.

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