Hay algo casi ritual en la mañana de Jueves Santo en Arnedo. Aunque el cielo no ha terminado de decidirse como si dudara entre respetar la fiesta o ponerla a prueba; los arnedanos, aunque tímidamente, han salido a la calle para disfrutar de una de sus jornadas más llamativas. A primera hora, cuando todavía el aire era fresco y las calles empezaban a desperezarse, la hoguera ha empezado a arder. Arnedo está de fiesta y el ajo es el auténtico protagonista.
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Desde las nueve de la mañana, la maquinaria -la visible y la que no se ve- ha funcionado con precisión. La brigada municipal, voluntarios, manos anónimas… todos pendientes del fuego, alimentado con cientos de gavillas y cepas que crepitando sin descanso. Es un trabajo casi artesanal, de paciencia y de saber hacer.

A las once, ha comenzado la degustación. La calle Juan Carlos I se ha transformado en un ir y venir con gente con pocas ganas de rendirse a pesar del chisporroteo continuo que ha caído del cielo. Entre risas, reencuentros, grupos que buscan sitio y ese murmullo constante que acompaña a las grandes citas, en las bandejas, los protagonistas: ajos asados, huevos, pan y vino. Más de 9.600 raciones que no sólo han calentado el estómago, también el ambiente.

Este año, además, la experiencia ha sumado pequeños detalles que se sienten casi como recuerdos anticipados: la copa grabada, el portacopas, el vino joven que ha acompañado cada bocado. Y es que la fiesta no es solo comer, es quedarse un rato más, charlar, brindar, mirar alrededor y reconocer que esto -justo esto- es lo que define a un pueblo en un día así.

La música ha empezado a colarse entre el humo. Primero, la Ronda del Emboque, que ha puesto ese aire tradicional. Luego, poco a poco, el ritmo subirá, la gente se animará y la mañana se irá deslizando hacia el mediodía con naturalidad para que los bares hiervan con la Ruta del Pincho de Ajo. Hasta 39 establecimientos implicados, calles llenas, barras que no paran. Arnedo se mueve de un lado a otro, de la hoguera al bar, del bar a la música, en una especie de coreografía espontánea que mezcla tradición, turismo y vida cotidiana.


