Semana Santa

Miércoles Santo en Logroño: fervor desde la intimidad y la algarabía

La Virgen Dolorosa, camino del Encuentro con Jesús Nazareno.

Hay días que marcan el pulso de una Semana Santa. Y luego está el Miércoles Santo en Logroño: un punto de equilibrio, un ecuador que no divide, sino que concentra. La Pasión alcanza su punto intermedio y lo hace abrazando dos expresiones que definen, quizá como ninguna otra jornada, la esencia de la tradición logroñesa: la intimidad de lo ancestral y la emoción compartida en la calle.

La mañana comienza con uno de esos rituales que trascienden lo visible. Vestirse con cierta solemnidad -casi como quien se prepara para una cita importante- y dirigirse hacia la concatedral de la Redonda es, para muchos, una costumbre irrenunciable. Allí, en la capilla de los Ángeles, tiene lugar la Limpieza y Veneración del Santo Sepulcro, un acto que forma parte del ADN devocional de la ciudad.

A las doce en punto, tras la última campanada, comienza la ceremonia. Es un momento reservado, al que solo se puede asistir mediante invitación, pero cuya resonancia se extiende mucho más allá de quienes logran presenciarlo desde dentro. Por unos instantes, la urna del Santo Sepulcro -un tesoro de relevancia internacional, manufacturado con palosanto, boj, caba, carey y plata- se abre por primera y única vez a lo largo del año para extraer la talla, fechada a finales del siglo XVII.

Veneración del Cristo del Santo Sepulcro en Logroño | FOTO: Raquel Manzanares (EFE)

El tiempo parece detenerse en un suspiro mientras comienza una coreografía medida con precisión quirúrgica. Las camareras de la cofradía se acercan entonces a la imagen con extremo celo para, con algodones impregnados en agua de romero -como manda la tradición-, limpiar cada rincón de la talla siguiendo una tradición que se transmite de generación en generación. No hay prisa. Cada gesto hereda siglos de historia, cada movimiento responde a una suerte de vals aprendido en silencio.

FOTO: Raquel Manzanares (EFE)

Poco después, en torno a las doce y media, las puertas se abren para que el pueblo se asome a contemplar esa estampa única. Y es entonces cuando la emoción se vuelve colectiva. Cientos de personas acceden a la capilla para participar en la veneración: besan los pies de la imagen, deslizan sobre ella objetos personales que buscan ser bendecidos y depositan en ese contacto una mezcla de fe, de esperanza y de memoria. Es un instante profundamente humano, donde lo sagrado se vuelve cercano, casi tangible.

El Encuentro de siempre

Si la mañana invita al recogimiento, la noche del Miércoles Santo se abre a una emoción distinta, más visible, compartida. El Encuentro es una de esas citas marcadas en rojo en el calendario cofrade logroñés, un momento que cada año convoca a la ciudad entera en torno a una escena cargada de simbolismo.

A las nueve de la noche, la imponente talla de Jesús Nazareno, obra de Alejandro Narvaiza, abandonará la iglesia de Santiago para iniciar su camino hacia el corazón de la ciudad. Casi al mismo tiempo, la Virgen Dolorosa -custodiada por la cofradía de la Soledad- partirá desde la Redonda, siguiendo un recorrido algo más corto. Dos caminos distintos hacia un mismo destino.

FOTO: Cofradía de Ntra. Sra. de los Dolores.

Este año, además, el Encuentro se adelanta. Será en torno a las diez de la noche -una hora antes de lo habitual- cuando ambas imágenes confluyan en la esquina de Muro de la Mata con Marqués de Vallejo. Un cambio que busca recuperar la afluencia de público de antaño, devolver a la cita ese carácter multitudinario que la convirtió en una de las grandes referencias de la Semana Santa logroñesa.

Y cuando llega el momento, el tiempo vuelve a detenerse. No hay palabras que expliquen del todo lo que ocurre entonces. El Nazareno y la Dolorosa se miran de frente y el aire se llena de una emoción que no necesita traducción. Las mecidas de los pasos, suaves, casi susurradas, se convierten en un lenguaje propio. Un saludo que es a la vez despedida, pues las imágenes regresan a sus templos, no sin antes recorrer juntas el trayecto de Marqués de Vallejo hasta Capitán Gallarza.

El Encuentro es más que una procesión. Es herencia viva, un espejo en el que se refleja el fervor de quienes nos precedieron. Es la ciudad reconociéndose en su historia y su fe, pero también afirmándose en su presente. Porque, año tras año, Logroño vuelve a reunirse en ese cruce de caminos para recordar que la tradición no es solo memoria, sino un ente vivo que sigue latiendo.

Así, entre la intimidad de la mañana y la emoción de la noche, el Miércoles Santo se convierte en el corazón de la Semana Santa logroñesa. Una jornada que, en silencio o en multitud, invita a sentir. Y, sobre todo, a recordar por qué esta historia sigue mereciendo ser contada.

Los recorridos

Los pasos

– Jesús Nazareno (Cofradía de Jesús Nazareno)

  • Autor de la talla: Alejandro Narvaiza Rubio (1969).
  • Autores del paso: Alejandro Narvaiza Rubio y Alejandro Rubio Dalmati (1969).
  • Curiosidades: es la única talla de corte modernista en la Semana Santa de Logroño.

FOTO: Raquel Manzanares/ EFE.

– La Virgen Dolorosa (Cofradía de Ntra. Sra. la Virgen de la Soledad)

  • Autor de la imagen: Señores Navarro de Zaragoza (1971).
  • Iconografía: imagen dolorosa de talla entera, con los ojos clavadas en el cielo. La imagen, esculpida en madera de abedul, con manos son practicables.
  • Curiosidades: La imagen únicamente sale de la concatedral de La Redonda para la procesión del Miércoles Santo.

FOTO: Jaime Ocón.

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