Semana Santa

Martes Santo en Logroño: de la austeridad marista al compás de Flagelación

Paso de la Flagelación. FOTO: Daniel Ortiz.

El Martes Santo es un juego de contrastes en Logroño. Una jornada en la que la Semana Santa se mira en dos espejos distintos y, sin embargo, complementarios: la sobriedad que sobrecoge y la alegría que irrumpe. Dos procesiones, dos formas de entender la calle, dos latidos que este año regresan con especial intensidad después de que la lluvia, hace apenas doce meses, privara a ambas cofradías de pisar el terreno. Quizá por eso, en este 2026, el Martes Santo se presenta como una suerte de desquite emocional.

A las ocho de la tarde, la cofradía de Santa Cruz (Maristas) desplegará su procesión con ese aire casi fúnebre que la caracteriza. No hay estridencias en su forma de avanzar, sino una solemnidad que cala poco a poco, como una música grave. El grupo escultórico que representa la expiración de Cristo invita al recogimiento desde el primer instante, marcando un tono que contrasta con cualquier atisbo de ligereza.

FOTO: EFE/Raquel Manzanares.

La hermandad ofrece, además, una singularidad que la convierte en una lección viva de organización cofrade: no hay salida desde el interior de un templo, sino que la procesión nace directamente en la Plaza de San Bartolomé. Allí, ante la mirada del público, la hermandad se forma, se ordena y echa a andar. Es un comienzo distinto, casi pedagógico, que permite contemplar los engranajes invisibles que articulan una procesión.

FOTO: Jaime Ocón.

Dos pasos componen su cortejo. El primero, el Stabat Mater, conmueve por la dimensión del crucificado, obra de Francisco Chaparro, cuya presencia domina el conjunto con una fuerza casi escultórica. El segundo, la Virgen del Rosario, introduce una delicadeza distinta: la de los tejidos, la de los detalles. Su saya bordada en oro sobre terciopelo negro y el rostrillo de encajes construyen una imagen de elegancia contenida, coronada por una ráfaga de orfebrería que parece atrapar la última luz de la tarde.

En torno a ella, además, se dibuja uno de los rasgos más significativos de la cofradía: el protagonismo de la mujer. No solo por la presencia constante de mantillas en el cortejo, sino por una realidad que, hoy natural, fue en su día pionera en Logroño. Desde hace casi dos décadas, el paso de la Virgen del Rosario es portado exclusivamente por una cuadrilla femenina, que avanza con firmeza y precisión, sosteniendo no solo el peso del paso, sino también el de una tradición que ellas mismas ayudaron a transformar.

El recorrido reserva un instante de especial emoción al paso por la iglesia de Santiago. Allí, la cofradía del Nazareno sale al encuentro del cortejo, asomando a las puertas del templo la imponente talla de Narvaiza. Es un diálogo entre hermandades, un cruce de miradas, de imágenes y de devociones que detiene el tiempo por unos minutos en la calle Mayor de la ciudad.

Contrastes al otro lado de la ciudad

Mientras tanto, en otro punto de la ciudad, la cofradía de la Flagelación propondrá una experiencia completamente distinta. Donde Santa Cruz susurra, la Flagelación canta. Donde una invita al silencio, la otra se abre a una expresión más luminosa, de clara raíz andaluza.

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares

No es casual. La hermandad celebra este año el 60º aniversario de su fundación, una efeméride que llega acompañada de un renovado impulso por mostrar en la calle todo el trabajo desarrollado en los últimos tiempos. Su paso, además, es único en Logroño: se porta a ‘molía’ jerezana, con los cofrades soportando el peso sobre las cervicales, ayudados por la ‘morcilla’ que rodea el cuello y cae sobre los hombros.

Ese modo de cargar se traduce en una estética propia, marcada por el movimiento. El paso se mece al compás de su agrupación musical con una coreografía minuciosa, en la que abundan los ‘serruchos’ y los ‘izquierdazos’, ejecutados con precisión casi coreográfica. Aquí, la procesión se convierte en espectáculo devocional, en una conversación constante entre música y movimiento, pero también entre algarabía y duelo: la cofradía modifica cada año su recorrido para pasar por las calles en las que vivían los hermanos que han fallecido desde el último Martes Santo.

Pero la Flagelación también guarda sus secretos. Uno de los más curiosos se atisba a plena vista: Vicente Ochoa, autor del grupo escultórico, decidió inmortalizarse en su propia obra. Es el sayón que implora clemencia, una figura que, además, guarda en la palma de su mano la primera peseta que se donó para la hechura del paso. Un pequeño gesto que convierte la talla en cápsula de memoria.

La hermandad, además, continúa creciendo. Con más de medio millar de cofrades, es ya la segunda más numerosa de la ciudad, y este año quiere dejar también su huella en el aire: estrenará su propio aroma de incienso, ‘Sagrada Columna’, que impregnará su recorrido como una firma invisible. Estaba previsto que su fragancia ya aromatizara el cortejo el pasado año, pero la lluvia dio al traste con esa ilusión.

Dos procesiones, dos estilos, una misma necesidad: volver a la calle. El Martes Santo en Logroño aspira a volver a escenificar un diálogo entre la penumbra y la luz, entre el susurro y la música. Un día para dejarse atravesar por distintas formas de entender la devoción. Y comprobar que, en esa diversidad, también late la identidad de toda una ciudad.

Los recorridos

Los pasos

– Stabat Mater (Santa Cruz)

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.

  • Autor de las tallas (Cristo de la Agonía, 2002; y la Buena Madre, 2006): Francisco Chaparro (escultor de la Casa Real).
  • Iconografía: la disposición de las imágenes representa el lema marista ‘A Jesús por María’. Se completa con cuatro hachones de gran tamaño en la base de la cruz arbórea, que proyectan el reflejo de la luz de vela sobre la figura de Cristo. El exorno floral combina los tonos violeta del escudo marista y los claveles rojos que aportan los alumnos del colegio.

– Nuestra Señora la Virgen del Rosario (Santa Cruz)

FOTO: EFE/Raquel Manzanares

  • Autor de la imagen: Manuel Madriñal Isorna.
  • Curiosidades: es el único paso de la Semana Santa de Logroño portado exclusivamente por mujeres, una veintena de hermanas de la cofradía.

– La Flagelación

  • Autor de las tallas: Vicente Ochoa (1968).
  • Autor del paso: Gonzalo Merencio (2016).
  • Iconografía: un sayón azota al Cristo, que está atado a la columna, mientras otro ruega clemencia como hombre arrepentido sobre una base que representa el adoquinado de los patios de los tribunales romanos.
  • Curiosidades: el escultor Vicente Ochoa talló su autorretrato en la figura del sayón clemente, mientras que el que azota guarda en la palma de su mano la primera peseta que se donó para la elaboración del paso.

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