Pensar en el final de la vida no suele formar parte de las conversaciones cotidianas, sin embargo, cada vez más personas en La Rioja dan un paso al frente para evitar incertidumbres en esos últimos momentos. Y lo hacen dejando por escrito cómo quieren ser tratadas cuando ya no puedan decidir por sí mismas.
El denominado testamento vital o Documento de Voluntades Anticipadas, Instrucciones Previas, o Declaración de Voluntades, permite expresar de forma anticipada qué cuidados y tratamientos sanitarios se desean recibir en situaciones en las que las personas no puedan manifestar su voluntad. En este caso, más que una decisión puntual, tal y como explica Gonzalo Aparicio, director general de Humanización, Prestaciones y Farmacia, «se trata de un proceso de reflexión sobre el final de la vida, sobre cómo vivirlo y, sobre todo, cómo no prolongarlo innecesariamente».
Pese a lo que algunos puedan pensar, no se trata de ‘decidir morir’, sino de establecer límites a determinadas intervenciones médicas cuando ya no existe posibilidad de recuperarse. En ese contexto, «el sistema sanitario sigue garantizando la atención, especialmente a través de cuidados paliativos orientados a evitar el sufrimiento», destaca Marisa Fernández, Jefa de Servicio de Ordenación y Seguridad de La Rioja.
Este tipo de decisiones, aunque íntimas, están dejando de ser excepcionales. En 2025, un total de 1.334 personas registraron su testamento vital en La Rioja, lo que supone un incremento cercano al 15 por ciento respecto al año anterior. La tendencia es aún más significativa si se observa en perspectiva: desde 2022, el número prácticamente se ha duplicado. En términos relativos, la comunidad se sitúa entre las más activas del país, ocupando el tercer puesto en registros por cada mil habitantes.
Detrás de este crecimiento no hay grandes campaña, sino algo mucho más cotidiano: la experiencia compartida. «Basta que alguien de tu entorno lo haga para que te lo plantees y des el paso», señala Aparicio. Y es que, en una comunidad pequeña como es La Rioja, el boca a boca se ha compartido en el principal canal de difusión.
En muchos casos, la motivación de llevar a cabo e testamento vital no parte de una enfermedad propia, sino de la experiencia vivida con otros familiares o conocidos. Procesos largos de deterioro, decisiones difíciles en el entorno familiar que pueden derivar en conflictos o situaciones en las que no quedó claro qué quería el paciente actúan como detonantes. Por eso, aunque también existen derivaciones desde el ámbito sanitario, por ejemplo en fases iniciales de enfermedades neurodegenerativas, la mayoría de quienes formalizan este documento son personas sanas que quieren anticiparse a lo que pueda venir.
El perfil predominante sigue siendo el de mujeres en torno a los 60 años. En 2025, el 63 por ciento de quienes registraron su testamento vital fueron mujeres, frente al 37 por ciento de hombres, con una edad media de 64 años. Aun así, se perciben cambios progresivos. «La pandemia hizo que más gente reflexionara sobre este tipo de situaciones», apunta Aparicio, lo que ha contribuido a que también personas más jóvenes se planteen dar el paso.
El documento, además, no se limita a los tratamientos médicos. Incluye aspectos como la donación de órganos, una opción elegida por el 76 por ciento de quienes lo registraron el pasado año, la posibilidad de donar el cuerpo a la ciencia o la designación de un representante que actúe como interlocutor con el equipo médico.
Esa figura cobra especial relevancia en momentos delicados. «Hay que elegir muy bien al representante, porque es quien va a garantizar que se respete tu voluntad», advierte Fernández. No en vano, el documento tiene carácter vinculante y debe ser respetado incluso en situaciones en las que el entorno familiar pueda tener dudas o posiciones distintas.
Una vez registrado, el testamento vital se incorpora a la historia clínica del paciente y queda accesible para los profesionales sanitarios. Esto permite que, llegado el momento, las decisiones se tomen conforme a lo que la persona dejó establecido, incluso fuera de la comunidad autónoma.
Más allá de su dimensión individual, el testamento vital tiene un impacto directo en el entorno. Para los profesionales, facilita la toma de decisiones en situaciones complejas. Para las familias, supone un alivio. «Evita que tengan que decidir por la persona y la carga emocional que eso conlleva», señala Fernández.
Cómo hacerlo: tres vías y un requisito clave
Dar el paso no es complicado, aunque sí requiere una condición imprescindible: la persona debe hacerlo de forma libre y en plenas facultades, siendo consciente de lo que firma. A partir de ahí, el sistema contempla tres vías para formalizar el documento.
La más habitual en La Rioja es la presencial, acudiendo al registro habilitado en el CARPA, donde el propio personal autorizado se encarga de tramitarlo y de verificar que se realiza sin coacción. «Nuestra función es asegurarnos de que la persona sabe lo que está haciendo y lo hace libremente», explica Fernández.
También puede realizarse ante notario o mediante tres testigos que cumplen una función similar: dar fe de que la decisión es voluntaria y consciente. En este último caso, al menos dos de ellos no podrán tener relación de parentesco hasta segundo grado con el otorgante ni estar vinculados por matrimonio.
Sea cual sea la vía elegida, hay un paso imprescindible: el registro. Solo cuando el documento queda inscrito oficialmente pasa a formar parte del sistema sanitario. Es entonces cuando se incorpora a la historia clínica del paciente y se conecta con el registro nacional, lo que permite que cualquier profesional pueda consultarlo en caso necesario, incluso fuera de La Rioja.
El documento, además, puede modificarse en cualquier momento si cambian las circunstancias personales o la forma de pensar.


