La Rioja

El colectivo trans frente al odio: «No es justo salir a la calle con miedo»

Agresiones, insultos o discriminación laboral son algunos de los problemas que sufren día tras día las personas transgénero en todo el mundo. Este viernes, la entidad social riojana Gylda salió a las calles para condenar rotundamente la transfobia bajo el lema ‘Visibilidad, dignidad y resistencia. Los derechos trans son derechos humanos’ y es que el 27 por ciento de las personas trans han sufrido una agresión en último año, según FELGTBI+.

Estos casos de discriminación y agresiones también suceden en nuestra comunidad. Hace unos meses, un hombre propinó una paliza a una mujer trans en el Orgullo de Logroño causándole una fractura de mandíbula.

«Los discursos de odio están en la calle y cada vez son más constantes», apunta Petra Muguruza, activista trans. «Somos un token político que esta generando un caldo de cultivo muy peligroso», añade. El colectivo trans ha sido uno de los más expuestos y reprimidos durante muchos años: «Les persones trans siempre hemos salido a la calle a reivindicar nuestros derechos y nos hemos comido todo. Hemos abierto camino a machetazo.»

«No es justo que cada vez que salgo a la calle mi madre esté preocupada por si me pasa algo», sostiene. De igual manera, Annie Hurtado, activista trans, afirma que «solo quieren hacer una vida normal. ¿De verdad es tan difícil entender que queremos salir de fiesta, hacer deporte o ir a la compra sin miedo a que alguien nos discrimine o nos agredan?».

Continuas agresiones

El miedo conforma el día a día del colectivo trans que tiene que buscarse la manera de salir seguras de casa: «Muchas veces nos avisamos entre nosotres de parques que por la noche son peligrosos o calles en las que siempre hay agresiones». Sin embargo, muchas veces no pueden evitar esas situaciones de peligro.»Hace unas semanas me persiguieron por la calle al grito de ‘maricón de mierda, te vamos a reventar'», denuncia Petra.

«Todas conocemos a alguna amiga que ha sido agredida por la calle. Esto no puede ni debe de ser normal», afirma Annie. Este tipo de agresiones no son siempre denunciadas por «el desprecio institucional que muchas veces hace de la denuncia un calvario mayor. Hay que confiar en la buena voluntad de las personas a la hora de denunciar. Muchas veces si te toca un policía que no le importan mucho estos temas, no busca ni al sospechoso por la calle ni se realizan identificaciones».

A nivel legal va cambiando según los gobiernos de cada Comunidad. «Hay algunas que no han avanzado nada en nuestros derechos y en nuestra protección», condena Petra.

Discriminación laboral

Por si fuera poco, el colectivo trans es uno de los más afectados a la hora de conseguir un trabajo. «Tenemos que demostrar por doble que valemos. En mi caso, tengo que demostrar que valgo laboralmente. Ser mujer, trans y racializada me hace tener que demostrar que sí soy válida», explica.

Sin embargo, el estigma en el mundo laboral hace que muchas veces la sociedad aparte al colectivo trans de un tipo de trabajos. «La sociedad se piensa que solo valemos para la prostitución. No es la realidad, somos igual de válidas que cualquiera».

Pese a ello, Annie lanza un grito de esperanza hacia el futuro: «Me expongo hoy para que las y los niños del mañana puedan ser lo que ellos quieran y desarrollar su identidad con la mayor de las libertades posibles».

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