Toros

Cuatro mil espectadores y el buen toreo al natural de Domínguez

El magnífico aspecto que presentaron los tendidos del Arnedo Arena, cubiertos en tres cuartas partes de su totalidad, junto al notable concepto al natural que demostró el sevillano Manuel Domínguez, vino a ser la nota más positiva del inicio de la temporada taurina en La Rioja. Cierto es también que el encierro de Galbarín, ayuno de entrega, escaso de poder y con las fuerzas al límite regaló un buen puñado de embestidas que la joven terna no terminó de aprovechar en toda su plenitud.

Como decía, los mejores pasajes de la final de este XXIII Zapato de Plata llegaron gracias al buen concepto del toreo al natural que atesora Manuel Domínguez. La mano izquierda de Domínguez aúna mando, gusto, temple y trazo, que, sumado al buen sentido de las distancias y las alturas, se traduce en un toreo al natural ilusionante y, por momentos, hasta caro. Un cambio de mano de gran belleza salpicó de torería la primera obra de Domínguez, ensombrecida por tratar de alargarla cuando el eral de Galbarín se sintió podido y amagó la huida. Domínguez fue prendido de fea manera al entrar a matar, sufrió un corte en su mano izquierda y tuvo que ser Noel García quien se encargara de pasaportar al manejable eral de Galbarín.

Recibió dolorido Domínguez a su segundo enemigo con dos faroles invertidos y otra vez su mano izquierda, ahora ya suturada, firmó momentos de buen toreo. Si bien en los primeros compases de este acto faltó gobierno, el toreo al natural del sevillano volvió a desprender poder, empaque, ritmo y profundidad. Acertó ahora con el estoque y paseó el único trofeo de la tarde.

El madrileño Óscar Campos también sorprendió gracias a su concepto al natural, vertical y desprendiendo esa sencillez que llega a través de la naturalidad. Lo aniñado de su expresión y lo frágil de su figura también suman. Su toreo en redondo pecó de escasa reunión y una poco ortodoxa colocación. Falló a espadas, sobre todo, con el descabello.
Frente al sexto y pese que a todo llegó a una más que excesiva velocidad, lo mejor volvió a surgir al natural.

El salmantino Noel García pechó con los dos astado más deslucidos de la tarde; distraído el primero y flojos este y el corrido en cuarto lugar. García declinó las apreturas y optó por un toreo superficial, limitándose a acompañar las flojitas embestidas de sus enemigos. El trato que ofreció a sus dos oponentes tampoco fue el mejor.

Hubo, cierto es, abundantes intentos de torear de capa durante toda la tarde, pero se quedaron en un intento de poco contenido.

Arnedo Arena. Tres cuartos de plaza.
Erales de Galbarín, bien presentados, sin entrega, pero con posibilidades en conjunto.
Noel García: silencio tras aviso y vuelta.
Manuel Domínguez: silencio tras aviso y oreja.
Óscar Campos: saludos en ambos.
Manuel Domínguez fue atendido de un corte en la mano izquierda sufrido durante la lidia del segundo, que requirió puntos de sutura a la espera de exploraciones posteriores.

¿Quieres recibir a primera hora del día toda la información de La Rioja en tu e-mail?

* campo obligatorio
To Top