La Rioja

Pedro Luis Santamaría: «Este año se ha hecho cofrade una mujer de 92 años»

Convertido en cartel oficial de la Semana Santa de Logroño, el Cristo de las Ánimas vive un año de especial protagonismo. Una oportunidad para redescubrir una talla del siglo XVI que, más allá de su valor artístico, mantiene un vínculo emocional muy intenso con generaciones de logroñeses.

Es una de esas imágenes que trascienden lo artístico para convertirse en pura emoción. Tanto, como que el hermano mayor de la cofradía confiesa que «algo me recorre el cuerpo» cada vez que dirige a la talla. Pedro Luis Santamaría es custodio de un legado centenario y tiene un deseo: volver a recorrer las calles de Logroño la noche del Viernes Santo, tras dos años malogrados por la lluvia.

– ¿Cómo está siendo esta Cuaresma en su hermandad? Ya queda realmente poco.

– Está siendo intensa. Hay muchísimos actos en todas las cofradías y eso al final también cansa un poco, pero es lo que toca. Para eso estamos, para participar y colaborar. Nosotros, por ejemplo, hicimos un acto muy bonito el pasado domingo: una meditación con nuestro Cristo y un besapiés distinto, con la imagen en vertical. Eso permitió a la gente acercarse de frente, mira al Cristo a los ojos, y eso impacta mucho más.

– Este año son protagonistas en el cartel oficial de la Semana Santa de Logroño. ¿Qué le ha parecido la obra de Jesús Domingo?

– A mí me ha gustado mucho. Cuando en Palacio te subes a una escalera y te acercas a la cara del Cristo para limpiarlo, hay algo muy especial que te recorre el cuerpo. Pues eso mismo sentí al ver el cuadro. Su realismo, el tamaño, el fondo con esos claveles que alguna vez también hemos usado nosotros… transmite muchísimo. Luego siempre hay opiniones, que si le falta la cruz al crucificado… pero al final es la visión del artista y a mí me ha gustado mucho, mucho.

– El cartel ha servido para comprobar el cariño que le guarda la gente al Cristo de las Ánimas. ¿Qué tiene la talla para generar tanta devoción?

– Es una imagen que transmite paz. Entras en la iglesia y siempre hay alguien mirándolo, rezando, quedándose ensimismado. Su antigüedad (la talla es de 1561) implica que todo el mundo acumula muchos recuerdos vinculados al Cristo. A mí siempre se me pone la piel de gallina cuando lo veo o cuando hablo sobre él. Por algo muchos lo conocen como «la perla de la procesión».

– En su caso, el cargo de hermano mayor implica la enorme responsabilidad de preservar su legado.

– Es una mochila con mucha carga pero, por encima de todo, es un orgullo tremendo. Llevo casi 50 años en la cofradía y nunca pensé que acabaría siendo hermano mayor. Es un proceso que llega de forma natural: un día te hacen responsable del montaje del paso, otro te encomiendan el cuidado de la imagen… Luego hay también un gran componente emocional, porque en mi caso es algo que he sentido como herencia de lo que he vivido también con mi padre dentro de la cofradía.

– ¿Cómo está la cofradía actualmente?

– Somos unos 150-155 hermanos y vamos creciendo poco a poco. Como dicen en los colegios, progresamos adecuadamente, pese a que es complicado atraer a cofrades desde una iglesia algo apartada en el Casco Antiguo. No tenemos banda y eso limita un poco la llegada de gente, pero cada año entran ocho o nueve cofrades nuevos. De hecho, al empezar con los ensayos nos han llamado dos personas a las que ya hemos preparado los hábitos.

Y a mí hay una cuestión me hace mucha ilusión: este año hemos hecho hermano a un bebé de 8 meses y también a una mujer de 92 años que nos preguntaba qué podía hacer por la cofradía. Está claro que no podrá participar en la participación durante 3 o 4 horas, pero para nosotros es una cofrade más, como cualquier otro.

– ¿Será especial la procesión de este año, por el hecho de protagonizar el cartel?

– Seguro que sí, porque ese hecho despertará una mayor atención hacia nuestra imagen. Pero sobre todo tenemos muchas ganas de procesionar de noche, porque llevamos dos años sin poder hacerlo por la lluvia. Y el Cristo de noche… dice el doble.

– ¿Dónde recomendaría verlo?

– Por la mañana, en el traslado a Palacio, hay varios momentos muy bonitos: el responso y toque de silencio cuando bajamos hacia el Puente de Piedra, mirando al cementerio; la entrada en el Hospital General de La Rioja para mostrar nuestros respetos a los enfermos; y la entrada en la Redonda, que es muy espectacular por la dificultad de la maniobra.

Ahí tenemos que bajar el paso prácticamente al suelo para poder entrar. Es un momento muy delicado porque cualquier desviación puede dañar la imagen, pero es también uno de los más emotivos para los cofrades y para quien lo ve desde fuera.

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