La Rioja

Una puerta, un preservativo y una conversación: In Género y la realidad de la prostitución

La primera puerta suele abrirse con algo sencillo: una conversación breve, un preservativo, una pregunta sobre salud. No hay cámaras, ni discursos, ni grandes titulares. Solo un mediador que entra en un club o en un piso donde se ejerce la prostitución y empieza a hablar.

Así es cómo comienza el trabajo de la asociación In Género. Desde 2005, esta organización sin ánimo de lucro trabaja con personas que ejercen la prostitución y con víctimas de trata en distintos puntos de España. En La Rioja, la asociación comenzó a intervenir el año pasado, trabajando lejos de los despachos institucionales y cerca de los lugares donde se desarrolla una realidad que la mayoría prefiere no mirar.

«Nuestras manos y nuestros pies están en el terreno», explica Miguel Ángel del Olmo, director de la asociación. «Somos una ONG que entra directamente en los lugares de prostitución». Solo en La Rioja, In Género atendió a más de 260 mujeres el pasado año y «este probablemente lleguemos a atender entre 400 y 500».

Lo hacen a través de mediadores interculturales especializados en salud sexual y reproductiva. El primer contacto suele ser sencillo. «La puerta de entrada suele ser la salud. A partir de ahí empezamos a generar confianza».

Ese primer contacto puede derivar después en un acompañamiento más profundo en la sede de la asociación, donde trabajan profesionales del ámbito social, jurídico y psicológico. Allí las mujeres reciben asesoramiento legal, apoyo emocional o ayuda para resolver trámites administrativos que muchas veces se convierten en un obstáculo casi insalvable.

La migración

Porque detrás de muchas de estas historias hay un elemento común: la migración. «La mayoría de las personas que ejercen la prostitución son migrantes, y los procesos para consolidar derechos en España son muy difíciles: empadronarse, acceder a la sanidad o a los servicios sociales… Todo se complica».

A ello se suma la legislación migratoria, que en muchos casos impide trabajar de forma regular durante los primeros años en el país, «eso empuja a muchas personas a sobrevivir en la economía sumergida». Y en ese contexto, la prostitución aparece para algunas mujeres como una de las pocas vías para obtener ingresos rápidos.

Miguel explica que muchas llegan con cargas familiares importantes: hijos, padres o hermanos que dependen del dinero que envían desde España. Hay mujeres que mantienen a diez, doce o incluso quince personas con su salario».

No todas, sin embargo, llegaron al país sabiendo que acabarían en la prostitución. Según los datos que maneja la organización, una parte importante de las mujeres pensaba que encontraría otro tipo de empleo. «Hay muchas que vienen pensando que van a cuidar ancianos o niños, pero cuando llegan se encuentran con que ese trabajo no existe o que las condiciones son imposibles».

En otros casos, las ofertas laborales resultan insuficientes para cubrir los gastos básicos. Jornadas de 24 horas como internas por salarios que apenas superan los 700 euros mensuales son, según explica Miguel, una realidad frecuente en el sector de los cuidados. «¿Quién puede sobrevivir con eso?».

Acompañamiento

Frente a este escenario, la prostitución puede convertirse en una forma de obtener ingresos más elevados en menos tiempo. Sin embargo, las realidades dentro de este mundo son muy diversas. «Hay una enorme diversidad de situaciones, por eso nosotros no imponemos decisiones».

La asociación insiste en que su objetivo no es obligar a nadie a abandonar la prostitución, sino acompañar los procesos personales de cada mujer. «Nosotros creemos en la autonomía de las personas y las acompañamos en las decisiones que toman». Y es que algunas quieren dejar esa actividad lo antes posible, otras, sin embargo, necesitan más tiempo o priorizan regularizar su situación administrativa antes de plantearse un cambio laboral.

Precisamente por eso, uno de los servicios más demandados dentro de In Género es el asesoramiento jurídico. «El tema migratorio es fundamental. Cuando una persona consigue regularizar su situación, muchas veces se abre la posibilidad de buscar otros trabajos».

Además del apoyo legal, la organización ofrece también atención psicológica. En este ámbito se abordan situaciones muy diversas: desde el impacto emocional de los procesos migratorios hasta experiencias de violencia o trauma. «Hay mujeres que han vivido situaciones muy difíciles, tanto aquí como en sus países de origen, por eso trabajamos mucho el trauma».

Otro aspecto fundamental del trabajo de la organización es la detección de posibles casos de trata. Para In Género es importante diferenciar claramente entre prostitución y trata de seres humanos, dos realidades que a menudo se confunden en el debate público. «La trata es un delito. Cuando hay coacción o explotación sexual estamos ante un abuso contra la persona».

Pero más allá de los casos de trata, la organización insiste en que la prostitución está atravesada por factores sociales complejos: migración, desigualdad, precariedad laboral o falta de oportunidades. «Hay mujeres que nunca imaginaron que acabarían aquí, pero cuando llegan y no encuentran otra salida, muchas veces no tienen más alternativa».

Y es que detrás de cada cifra hay una historia distinta, y detrás de cada historia, una decisión difícil. En los clubes, en los pisos o en las carreteras donde se ejerce la prostitución, muchas mujeres siguen llegando cada día con la esperanza de reunir el dinero suficiente para cambiar de vida. Algunas lo consiguen. Otras tardan años en encontrar una salida.

Mientras tanto, el trabajo de In Género continúa donde empezó: en el terreno. «Allí es donde realmente se entiende lo que está pasando. Nuestro trabajo es estar cerca de ellas, escuchar sus necesidades y acompañarlas en el camino que decidan».

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