Nació con el afán de aunar una perspectiva común que a menudo quedaba dispersa: la de comunicar una forma de trabajar la viña, una elaboración basada en la calidad y una forma de entender la vida en los pueblos y su territorio. A fin de cuentas, una perspectiva de identidad. Única, personal, diferencial. Una perspectiva que comparten las 38 bodegas que han elegido Madrid para hacer el ruido necesario para mostrar parte de la historia viva de Rioja.
Así se define el colectivo VIR, Viticultores Independientes en Rioja, que ha aterrizado este lunes en el Espacio Jorge Juan para presentar algunas de sus mejores referencias a un público profesional y amante del vino y defender la convicción de que “el alma del vino está compuesto por la pieza más esencial, el viñedo, y por las manos que lo trabajan”.
Desde las faldas del Monte Yerga a los Montes Obarenes pasando por las terrazas bañadas por el Ebro, pero también por el Najerilla, el Iregua y el Leza. Con el abrigo de la Sierra Cantabria y los aires que balancean entre valle y valle. En todos estos paisajes conviven los nombres de Anza, Álvaro Loza , Altún, Gil Berzal, Alonso Pedrajo, Jade Gross, Tierra, Valcuerna, Betolaza, Abel Mendoza, El Mozo, Vignerons de la Sonsierra, Moraza, Alegre Valgañón, Olivier Rivière, Cupani, Artuke, Eguiluz, Temerario, Área Pequeña, Miguel Merino, Abeica, Víctor Ausejo, Oxer, Elena Corzana, Alain Quintana, GR99, Arizcure, Las Orcas, Sínodo, MacRobert & Canals, Bárbara Palacio, Exopto, Carlos Mazo, Dani Resa, Jesús Mendoza, Sierra de Toloño y Viña Ane.

“Representamos el presente más auténtico y el futuro más comprometido. Creemos en una Rioja diversa, plural y valiente, que abarque todo tipo de sueños y de proyectos, donde cada parcela y cada viticultor tenga voz propia. Defendemos el valor del origen, la identidad de los viñedos y el respeto por el paisaje que hemos heredado de generaciones que entendieron que la viña no se posee, se cuida y se transmite. Tenemos la obligación de cuidarla y protegerla. Y con nuestros vinos, ser portavoces de la magia de nuestra región, porque al artista no se le deberían poner límites, ni barreras que conviertan a una de las mejores regiones del mundo, en algo plano, lineal y aburrido”, ha remarcado Eva Valgañón (Bodega Alegre y Valgañón) durante la lectura del manifiesto de presentación.
El calificativo de “independientes” responde a la libertad de elaborar, decidir y expresar un territorio sin renunciar a la identidad propia. “Apostamos por un modelo sostenible, económico, social y medioambiental, que garantice la dignidad del viticultor y el futuro de nuestros pueblos. Reivindicamos el reconocimiento justo del trabajo en el campo, la protección del viñedo como patrimonio cultural y natural, la transparencia en la cadena de valor, la diferenciación por origen como motor de calidad en nuestros vinos y la unión entre viticultores que elaboran y defienden su propio proyecto, desde la humildad y la generosidad”.
Y lo más importante, este colectivo es sinónimo de unión entre productores, de comunidad, porque aquí no compiten; aquí colaboran y construyen juntos. “Y lo hacemos desde la firmeza de quien sabe que el prestigio de Rioja no puede desligarse del prestigio de sus viticultores. Nuestra fuerza hoy es colectiva y nuestras raíces, profundas. Pero nuestra mirada es larga: hoy nace un nuevo comienzo, una nueva historia, la del respeto por la tierra, el compromiso con la calidad y el orgullo del origen. Porque sin viticultores, no hay viñedo; sin viñedo, no hay vino, y sin vino, no hay Rioja”.

El objetivo de este evento es mostrar todos estos valores. Ya lo dijo Álvaro Loza en la cena previa a este evento: «No venimos a Madrid a vender botellas. De hecho muchas de las bodegas que están aquí ya tienen a su propio distribuidor en la capital. Venimos a comunicar una identidad». «Venimos a hacer ruido», remarcaba Miguel Merino. Un ruido que trabajan a diario en su tierra y que ahora retumba en Madrid.
La prueba de ello es el poder de convocatoria que han tenido estas 38 firmas elaboradoras para reunir en este salón a gran parte del núcleo profesional que gira en torno al vino. Distribuidores como el Grupo Paraguas, con reconocidos restaurantes en la capital como Amazónico o The Library, Alma Vinos y Vila Viniteca; sumilleres como Diego González y Laura Rodríguez de Tiempos Líquidos; prescriptores como Luis Gutiérrez (The Wine Advocate) y los de la Guía Peñín y periodistas especializadas como Amaya Cervera (Spanish Wine Lover), Pilar Cavero (ABC) y Mara Sánchez (Planeta Vino) han recorrido cada uno de los stands libreta en mano para dejar por escrito el latir de una región que está más viva que nunca.
«Aquí no hay un discurso de un Rioja moderno. Aquí cada uno muestra su diferencia con un gran abanico de matices para quien tenga la sensibilidad de verlos. El valor de catar a los 38 productores juntos no tiene precio, eso es excepcional. En una zona como es Rioja, el hecho de poner una buena selección de vinos y tan diversa en un solo espacio tiene un efecto múltiple. Hay pocas denominaciones de origen con tanta excelencia y variedad de vinos y bodegas, con toda esa energía en la gente joven por visibilizar el origen, la tradición y lo pequeño. Hay bodegas con proyectos más incipientes y otras que hacen más de punta de lanza, pero no hay ni una sola que no tenga un buen vino en la mesa. Tenemos aquí a la generación más preparada de la historia de Rioja con una clara filosofía por compartir y que el Consejo Regulador de la DOCa Rioja lo reconozca con su presencia también es importante», ha reflejado Amaya Cervera.
Tampoco han faltado a la cita otros sumilleres como Chefe Paniego (El Portal del Echaurren), Iván Sánchez (Venta Moncalvillo) y Anca Teodorescu (Tastavin), que jugaban en casa; los alumnos de la Escuela de Sumillería de La Rioja Savia o la representación del Consejo Regulador de la DOCa con la presidenta, Raquel Pérez, y el director general, Pablo Franco. Una cita ineludible para ser partícipe de lo que ha sido un primer y firme golpe de esta forma de explicar Rioja.


