La Rioja

Las últimas gavillas en cuadrilla

El abandono de esta tradición en los pueblos supone un nicho de mercado para la venta de este producto

De izquierda a derecha, Guillermo Álvarez, José Ángel Rodríguez y Aarón Sancho. | Fotos: Leire Díez

Apenas quedan sarmientos ocupando los renques de las viñas para estas fechas tardías del invierno. Tras la poda, la mayoría ya se han picado o se han retirado, aunque todavía quedan restos por algunas viñas para que cuadrillas como los amigos José Ángel Rodríguez, Guillermo Álvarez y Aarón Sancho los amontonen para formar gavillas. Las de toda la vida, las que se han usado siempre para asar en cualquier reunión social. Aunque antes de eso servían para dar calor a las casas en los meses más fríos del año. Así lo recuerda Rodríguez: «Antes se cogían los sarmientos para hacer el cisco. Justo antes de que se quemaran del todo los mojaban o los enterraban para hacerlos carbón y calentarse en casa. De hecho, el sarmiento es de las maderas con mayor poder calorífico que hay».

Después de aquellos usos de antaño, los sarmientos dejaron de ser útiles para este fin y directamente se sacaban fuera de los renques de las viñas y se quemaban, con lo que los propios agricultores aprovechaban las ascuas para almorzar. Y de ahí comenzó a extenderse la práctica de almacenar parte de esos sarmientos en forma de gavillas para conservarlos durante el resto del año y así tener combustible con el que asar en toda reunión familiar y de amigos. Algo rápido en comparación con el carbón o la leña que implica más tiempo de espera, además de ser cómodo y de fácil disponibilidad en los pueblos de tradición vitícola, sobre todo.

Estos amigos se han calzado las botas para volver a pisar la tierra de una viña en el término del Cosín en Entrena y recordar aquellos inviernos en los que se armaban de paciencia para aguantar varios días agachados haciendo brazadas de sarmientos antes de sujetarlos con las cuerdas. Gavillas que luego se comercializaban a través de Combustibles José, la empresa familiar que gestiona Rodríguez y que también distribuye carbón, leña y pellet. Estas son las últimas gavillas que cogen a mano en cuadrilla. «Ya se nos había olvidado lo que cansa esto, ¿eh?», reconocen entre risas, aunque esta vez tienen poca faena. «Ya, ¿y lo buenas que saben luego las chuletas ahí, qué?». Pues eso, que todo esfuerzo tiene su recompensa.

Hasta hace casi tres años esta era la faena tras la poda de las viñas, pero en 2023 implantaron una maquina de origen italiano para poder hacer las gavillas más rápido, más compactas y más pequeñas, lo que favorecía el trabajo y, sobre todo, la venta. Con una especie de pequeña enfardadora enganchada al tractor la familia pasó de hacer unas 80 gavillas manuales al día a rondar las 400. «Fue mi padre quien la preparó, siendo la única en La Rioja. Aquí conseguimos gavillas a la medida que nosotros fijamos, aptas para barbacoas o pequeñas chimeneas de casas donde las gavillas tradicionales hechas a mano no encajan».

El mercado cada vez es más amplio y es que, reconoce, «la gente ya no va al campo a hacer gavillas para casa, igual alguna cuadrilla de jóvenes se anima, pero cada vez son menos». Unido a la venta a particulares en los pueblos, Combustibles José distribuye también a restaurantes y bodegas con un volumen que ronda las 3.000 gavillas al año. «Vendemos hasta en algún restaurante de Marbella, donde les hemos enseñado a asar con sarmientos porque les gusta mucho el sabor que deja en la comida. Es salir de La Rioja y para mucha gente esto es totalmente desconocido».

Sin embargo, y desde el último invierno, su materia prima es de origen burgalés. Allí compran las gavillas a un gran distribuidor que las hace con una máquina similar a la que ellos empleaban en La Rioja, con la diferencia de que allí las viñas son mucho más grandes. «Fíjate que él solo llega a coger unas 20.000 o 25.000 gavillas en tres meses y cada gavilla que hace él es como dos de las nuestras».

«Al final nos suponía mucho trabajo el pasar tres meses haciendo gavillas mientras lo compaginamos con el resto de productos como la leña y el carbón, que también tienen mucha demanda. Además, mi padre tiene su propio trabajo en el sector de las excavaciones, así que a veces era muy complicado llegar a todo y las gavillas las dejábamos para los fines de semana. Así, yendo unas cuatro personas, llegábamos a coger unas 3.500 gavillas en esos tres meses. Nada que ver al volumen que maneja el distribuidor de Burgos», añade Rodríguez.

Lo que tiene claro es que la máquina para hacer gavillas es el gran avance: «De 50 o 60 gavillas hechas a mano, al pasarlas a la máquina se quedan en 30 o 40 porque prensa los sarmientos de tal forma que se quedan muy compactos. Así se quedan gavillas que rondan los 12 o 14 kilos cada una en seco, frente a los tres kilos de las gavillas de mano). Por no hablar de que se reduce mano de obra».

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