La Rioja

Calahorra ya huele a fiesta: cuatro días para disfrutar al máximo

La ciudad ya lo tiene todo preparado. Blusones y pañuelos planchados, ropa blanca bajada del trastero, zurracapotes en sus bidones y cañas de cerveza preparadas. Calahorra está lista. Desde este sábado y hasta el próximo martes la ciudad volverá a rendirse a sus fiestas de invierno, las más arraigadas, las que huelen a pólvora, a calderete recién hecho, a chuletilla y a zurracapote compartido entre amigos de toda la vida. Cuatro días intensos. Sin pausa. De los que se viven casi sin dormir y se recuerdan durante meses.

Marzo despierta el espíritu festivo en honor a San Emeterio y San Celedonio, y lo hace con un programa oficial que combina tradición y calle. El chupinazo, el desfile de peñas hasta la plaza del Raso y la apertura de los cuartos marcarán el arranque de un calendario que roza el vértigo. Comparsas de gigantes y cabezudos, mascletás diurnas, encierros, conciertos en la carpa del Raso, teatro en el Ideal, degustaciones populares y fuegos artificiales en la Glorieta de Quintiliano dibujan un mapa festivo que ocupa cada rincón del casco urbano.

El domingo tendrá ese aire tan calagurritano de mezcla entre tradición y convivencia. A primera hora, las dianas. Después, el primer encierro y la capea en la plaza de toros, uno de esos momentos que concentran emoción y respeto. Al mediodía, la mascletá diurna volverá a hacer vibrar el suelo, mientras los vermuts musicales llenan bares y sedes de peñas. Por la tarde, talleres infantiles, magia, pelota mano y conciertos completarán una jornada que culminará con música en la carpa del Raso y fiestas nocturnas que parecen no entender de cansancio.

El lunes no bajará el ritmo. Segundo encierro, gigantes y cabezudos, nueva mascletá y, cómo no, la esperada degustación de calderetes en la plaza del Raso. Ese aroma a guiso compartido es casi un símbolo de estas fiestas: cucharas que chocan, mesas improvisadas, risas que se mezclan. Por la noche, teatro en el Ideal y conciertos en las peñas demostrarán que aquí cada generación encuentra su espacio.

Y el martes, día grande. La procesión desde la iglesia de los Santos Mártires hasta la Catedral, la misa solemne y la presencia del Orfeón Calagurritano aportarán el tono solemne que equilibra tanta celebración. Más tarde, el tradicional Entierro de la Cuba, la retirada del pañuelo a Quintiliano y la Jota del Pobre de Mí pondrán ese punto de emoción contenida. Porque sí, todo lo bueno se acaba, pero antes se apura hasta la última nota.

Las peñas, como siempre, serán el alma visible de la fiesta. Pero más allá de cada acto concreto, lo que de verdad vuelve es el ambiente. El ferial, abierto desde el 27 de febrero, añadirá luces y risas al paisaje urbano, con día del niño y jornada inclusiva para que nadie se quede fuera.

Calahorra está lista. Se nota en el bullicio previo, en las ganas acumuladas. Este sábado empezará todo. Y durante cuatro días, la ciudad será una sola voz celebrando a sus patronos.

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