Eva María Fernández despidió el pasado 18 de febrero a su rebaño de 166 ovejas y así fue como el pueblo de Villavelayo perdió su última ganadería ovina. Después de dos décadas gestionando la explotación, ha tomado la decisión tras acumular «incontables» bajas de animales como consecuencia del lobo.

«Ataques ha habido siempre, pero en los últimos años son cada vez más abundantes y continuos. Ni sé la de ovejas que me han matado los lobos… Da pena decir adiós al que ha sido tu modo de vida durante tanto tiempo y que tanto te gusta, e intentado alargar esto, pero había que tomar una decisión ya porque de la pena no se come. Tengo un hijo del que ocuparme y para mí es inviable estar todo el día en el monte con ellas, lo cual ahora es la única medida para evitar, o reducir, ataques», sentencia.

Al menos, tal como refleja Fernández, estas ovejas no irán al matadero, «aunque el matadero está en el monte…». El rebaño de esta ganadera ha ido a parar a otra explotación vecina de Canales de la Sierra, donde su propietario también tiene vacas, siendo uno de los dos ganaderos que aún mantiene el ovino en el pueblo.
Fernández, quien hizo el viaje inverso al habitual en las zonas rurales, dejó la capital para emprender un nuevo modo de vida en este enclave de las Siete Villas. Reconoce que el sector ha pasado por mejores y peores momentos, pero «ahora la actividad ganadera es rentable y tendría futuro de no ser por el lobo».

Con casi 52 años, ahora sus planes a corto plazo están en quedarse en el pueblo, pero para ello necesita encontrar un trabajo, por lo que confía en no tener que dejar la sierra en la que ha vivido tanto tiempo. «Aúpa a los que apoyan el lobo, ahora ya hay otra ganadería menos… Y a los compañeros que quedan, mucho ánimo».


