La Rioja

Concha Arruga: «Formamos para unas cosas y el mercado necesita otras»

El mercado laboral riojano atraviesa un momento que, a simple vista, desconcierta. Las cifras oficiales dibujan un escenario de un 8 por ciento de paro, lejos aún del pleno empleo, que se alcanza técnicamente con un paro entre el 3 y el 5 por ciento. Y, sin embargo, en la calle, en los polígonos industriales y en las pequeñas empresas familiares, el discurso se repite casi como un mantra: «no encontramos trabajadores».

¿Cómo puede haber cientos de personas inscritas como demandantes de empleo y, al mismo tiempo, vacantes que se quedan sin cubrir? En este contexto de cifras que parecen positivas pero sensaciones que no lo son tanto, surge la necesidad de afinar el diagnóstico. Porque no es lo mismo un mercado tensionado por falta de perfiles técnicos que un problema de desajuste formativo o de condiciones laborales poco atractivas. Y ahí es donde entran las voces expertas.

Para Concha Arruga, decana de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de La Rioja, la clave está en entender qué tipo de desempleo tenemos delante. Ella rechaza la máxima de que ese 8 por ciento en La Rioja se trate de paro estructural (persistente y a largo plazo causado por desajustes en las habilidades de los trabajadores). «En 2003, con un 3 por ciento, sí que hablábamos prácticamente de pleno empleo y lo que quedaba era paro estructural», recuerda. Entonces la situación era muy distinta: el margen para reducir el desempleo era mínimo y el problema residía, sobre todo, «en perfiles muy concretos». La realidad actual, insiste, responde «a factores más complejos y no puede explicarse únicamente bajo la etiqueta de paro estructural».

Para Arruga, alcanzar el pleno empleo en La Rioja exige tres grandes líneas de actuación. La primera, apostar decididamente por la formación desde las etapas educativas iniciales hasta la formación superior. La segunda, diseñar políticas activas de empleo consensuadas con patronal y sindicatos, ajustadas a la realidad del tejido empresarial riojano. Y la tercera, mejorar las condiciones laborales a través de la negociación colectiva y escuchando las nuevas demandas de los trabajadores. «La gente ya no sólo pregunta por el salario. Ahora piden conciliación, estabilidad, un proyecto vital viable. Si una empresa sabe responder a esas necesidades, fideliza al trabajador y mejora su productividad».

Arruga advierte de que no se puede caer en la autocomplacencia. «Cuando escucho que vamos muy bien porque hemos bajado unas décimas, hay que ponerlo en contexto. En España seguimos hablando de más de dos millones de personas desempleadas», subraya. A su juicio, el 8 por ciento actual de La Rioja no es solo una cifra coyuntural, sino el reflejo de un desajuste entre la formación de la fuerza laboral y las demandas reales de las empresas. «Formamos para unas cosas y el mercado necesita otras. Ese es el principal problema».

La profesora recuerda que en poco más de una década España ha atravesado dos grandes crisis: la financiera iniciada tras la caída de Lehman Brothers y la del COVID-19. «Pasamos de 20 expedientes de regulación de empleo al año a más de 200 con la crisis financiera, y con el COVID a más de 4.000», apunta. Aquellos años obligaron a diseñar mecanismos de protección para evitar cierres empresariales y preservar el capital humano. Ahora, en 2026, el reto es distinto «y pasa por la adaptación al cambio tecnológico y al cambio demográfico».

Uno de los sectores que mejor ilustra las tensiones del mercado es la agricultura, con fuerte peso en La Rioja. Según datos de la Agencia Tributaria citados por Arruga, el salario medio anual en este sector ronda los 9.885 euros. «Es el salario más bajo. Es un empleo muy estacional, de baja cualificación y con alta rotación. Cuando hay una inclemencia climática o termina la campaña, muchas personas salen del mercado laboral», explica. A ello se suman las condiciones duras y la competencia de comunidades cercanas como País Vasco o Navarra, con mejores salarios.

El desempleo juvenil es otra de las grandes preocupaciones. «España tiene la tasa más alta de paro juvenil de la OCDE, y eso es tremendo», advierte. Aunque la formación universitaria sigue siendo «el trampolín hacia un empleo de mayor calidad», Arruga  insiste en la necesidad de una formación permanente y de políticas activas de empleo eficaces. «El aprendizaje a lo largo de la vida es fundamental para que, si alguien es expulsado del mercado, pueda readaptarse rápidamente».

Para Arruga, alcanzar el pleno empleo en La Rioja exige tres grandes líneas de actuación. La primera, apostar decididamente por la formación desde las etapas educativas iniciales hasta la formación superior. La segunda, diseñar políticas activas de empleo consensuadas con patronal y sindicatos, ajustadas a la realidad del tejido empresarial riojano. Y la tercera, mejorar las condiciones laborales a través de la negociación colectiva y escuchando las nuevas demandas de los trabajadores.

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