La Rioja

La eliminación de bancos en la Glorieta reabre el debate sobre el uso del espacio público en Logroño

La retirada de los bancos durante la última intervención en la Glorieta del Doctor Zubía, en el entorno del instituto Sagasta y la confluencia con Juan XXIII, ha abierto en Logroño un debate que está yendo mucho más allá de una queja vecinal puntual. Lo que comenzó como una actuación ligada a la urbanización del acceso a las Cien Tiendas se ha convertido, dos meses después de finalizar las obras, en una cuestión con claras derivadas sociales, urbanísticas y simbólicas sobre el uso del espacio público en uno de los enclaves más reconocibles de la ciudad.

Durante los trabajos, el Ayuntamiento mandó retirar dieciséis bancos dobles que se distribuían en la zona más arbolada de la Glorieta, una de las áreas con mayor sombra de Logroño. Según trasladó entonces el Consistorio, la retirada respondía a necesidades vinculadas a la ejecución de la obra y los bancos serían repuestos una vez finalizada. Sin embargo, el tiempo ha pasado y esos bancos no han vuelto a su ubicación original, mientras que en otras zonas de la Glorieta sí se han mantenido los elementos de descanso existentes.

No hay bancos y, por tanto, tampoco gente al no tener donde descansar.

Esta ausencia ha generado malestar entre usuarios habituales del espacio. Estudiantes del instituto Sagasta, vecinos del entorno y personas que utilizaban la Glorieta como lugar de estancia han visto cómo el espacio ha perdido parte de su función de encuentro y descanso. En la queja trasladada por varios lectores a la redacción de este medio se subraya que la retirada no fue acompañada de información clara sobre el destino de los bancos, ni sobre los plazos concretos de reposición, lo que ha alimentado interpretaciones diversas sobre los motivos reales de la decisión.

Entre esas interpretaciones aparece, de forma explícita, la sospecha de que la retirada del mobiliario urbano pueda estar relacionada con el deseo de desplazar a personas sin hogar o afectadas por la vulnerabilidad social que solían pasar buena parte del día en la zona. Una afirmación que no se formula como acusación directa, pero que sí refleja un debate presente en la ciudad sobre a quién pertenece el espacio público y qué usos se consideran legítimos en lugares céntricos y representativos.

Alumnos del IES Sagasta charlan de pie en mitad de La Glorieta.

Desde el Ayuntamiento, la portavoz municipal, Celia Sanz, ha explicado esta misma semana que la cuestión se encuentra en fase de análisis. Según ha señalado, se está valorando la reubicación de los bancos y en breve se anunciará cómo se llevará a cabo. Ha indicado también que algunos de esos bancos estaban situados muy cerca de la confluencia con Duquesa de la Victoria, lo que dificultaba la ejecución de las obras, y que por ese motivo se optó por retirarlos todos para estudiar posteriormente su colocación, teniendo en cuenta criterios de estética y funcionalidad.

Las palabras del Ayuntamiento no han disipado del todo las dudas. La retirada total, incluso de los bancos que no interferían directamente en la obra, y la falta de una reposición inmediata han convertido la Glorieta en un espacio más vacío, menos habitable y, para muchos, menos inclusivo. No se trata solo de la ausencia de asientos, sino de la transformación silenciosa de un lugar que durante décadas ha cumplido una función social clara: la de ser un punto de encuentro intergeneracional, abierto y diverso.

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