Agricultura

Visión de futuro por el oro negro: la trufa irrumpe en Aldealobos

Un viaje le sirvió de inspiración a Pablo Ulecia, que empieza a recoger los frutos de una idea plantada hace un lustro

Pablo Ulecia es mecánico de profesión, pero hace ya siete años el cultivo de la trufa captó su atención después de un viaje al Museo de la Trufa en Metauten, en Navarra. Descendiente de Medrano y Aldealobos de Ocón, este riojano eligió esta última localidad para hacer realidad su proyecto agrícola y probar suerte con un producto para el que el paso de los años no le ha sentado muy bien: en los últimos 14 años la superficie plantada alcanza las 191,5 hectáreas, según datos del Área de Estadística de la Consejería de Agricultura, con una pérdida progresiva de interés por parte de los productores en las últimas campañas.

Si bien las zonas habituales para el cultivo de truferas se encuentran en la Reserva de la Biosfera de los valles del Leza, Jubera, Cidacos y Alhama, Ulecia opina que el Valle de Ocón es un enclave también propicio. Si bien el pistacho estuvo entre su lista de posibles cultivos, «por eso de que no era algo muy extendido y podía tener mayor viabilidad económica», el clima de esta zona desterró cualquier duda de apostar por este fruto seco. «Aquí analicé la tierra tierra y vi que los componentes eran similares a una zona de Soria donde abunda el cultivo. Además, dentro de lo que es esto, es una zona húmeda y la climatología es muy parecida a la zona trufera de Navarra».

Aglutina cerca de cuatro hectáreas de encinas micorrizadas con trufa negra repartidas en tres fincas plantadas en la Semana Santa de 2021 y, aunque ahora son fechas de plena cosecha de la trufa, el de Aldealobos pasa estos días manteniendo los 1.111 árboles con regadío que tardarán todavía unos tres años años más en dar algo de producción. «Ahora toca seguir quitando hierba y pasando el tractor para romper las raíces e inocular. También es clave el agua para que las fincas prosperen. Se trata de que la humedad sea constante, sobre todo durante los meses estivales donde la sequía es más acusada porque si no la trufa se muere».

El mantenimiento del suelo que practica Ulecia se basa en dejar que la hierba se pudra: «Antes la cortaba y dejaba que se integrara en el suelo, pero ahora la piso con una especie de rulo y así dejo que se pudra poco a poco, capa por capa. De esta manera está demostrado que es mejor para el suelo no aporta nutrientes durante una época del año en concreto, sino que está todo el año soltando esos nutrientes de manera más estable. Con ello también sube la cantidad de micelios que es donde están las trufas».

«De momento sigo poniendo dinero en este proyecto, pero la idea es que sea un plus económico a mi actividad profesional. A los ocho años creo que ya se saca en torno al 20 por ciento de la producción y ya pasados los diez entra otro 30 o 40 por ciento, pero hasta que no recoja los primeros frutos no decidiré si amplío superficie. Es que la trufa, a diferencia de los pistachos, no la ves en el campo. Igual tienes o igual no, o no tienes la mejor herramienta para sacarlas. Es una incertidumbre total», remarca. Por el momento, ya tiene un border collie que va entrenando poco a poco en esa búsqueda de trufas. «Nunca me ha cogido ninguna silvestre, pero las que compro en ferias o merados las escondo y sí suele dar con ellas porque poco a poco se le va metiendo el olor».

Fijando la vista en un futuro aún lejano, el mercado de la trufa se le atisba complejo y oscuro: «El precio fluctúa mucho y hay cierto engaño en este, pese a que existe una especie de lonja oficial en Teruel que marca el precio por kilo cada semana. En verdad hay gente que vive de la trufa y la tendencia de consumo va al alza, especialmente desde el sector de la restauración, pero los precios ya no son los que eran. Si el kilo ha estado normalmente a 1.000 o 1.200 euros, ahora puede estar en el entorno de los 300 euros. Una caída de la rentabilidad a nivel nacional que está motivada por varios factores: por un lado, en verano llovió mucho en la zona del Mediterráneo, donde se produce mucha trufa, y eso hizo que la producción aumentara bastante. Además, se está viendo que ya no se vende trufa de tan buena calidad, algunas producciones incluso con picaduras de insectos, así que el precio también baja porque no se dan unas cualidades perfectas».

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